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LA HORA DE GAVIRIA

LA HORA DE GAVIRIA

Histerismo o realidad? A propósito de todo cuanto los colombianos estamos padeciendo, Fidel Cano, directivo y accionista de El Espectador, asevera, por segunda vez en menos de un mes, lo siguiente: Si se quisiera preservar la democracia en Colombia, deberíamos replantear el Gobierno mediante dos medidas heroicas: Completar lo que la Constituyente dejó inconcluso: modificar el parlamento. Y, lo que es igualmente importante, revocar el mandato presidencial para dar paso a un nuevo orden que corrija el caos a que nos ha conducido esta administración, bien peinada pero totalmente inepta . Por si fuera poco, dos días después Carlos E. Medellín (antiguo director de Inravisión en el Gobierno de Barco) señala en el mismo periódico, en alusión a la falta de manejo de la crisis, que quizás lo ocurrido sirva para un necesario replanteamiento en los puestos de dirección del Estado. Los troperos a las tropas. Los estadistas y sabios gobernantes a los ministerios .

Aunque se trata de dos conceptos furibundamente oposicionistas, cuando determinados sectores de opinión comienzan a advertir que el régimen vigente resulta comparable o peor que el anterior, es porque indudablemente hay síntomas de malestar que en modo alguno conviene subestimar. Lo cierto, sinembargo, es que frente a los gobiernos en general somos críticos por naturaleza: así, el de Pastrana nos pareció peor que el de Lleras; el de López más conflictivo que el de su antecesor; el de Turbay más represivo que el de López; el de Belisario más tolerante y, según algunos, bobo respecto del de Turbay; el de Barco más mediocre que el de Betancur y, ahora, lo que nos faltaba!: ya algunos se atreven a evocar las opacas épocas de Virgilio, para significar con ello que al menos bajo su mandato no se fueron la luz ni las comunicaciones y que, en el fondo, don Germán Montoya no solo era un buen tipo, sino un funcionario que resolvía las cosas. A su manera, eso sí. Lo anterior no deja de ser perfectamente consolador y simplista, pues sería tánto como presumir que de todos modos el de Gaviria resultará, pese a todo, un cuatrienio mejor que el próximo que venga, cualquiera que sea el sucesor. En procura de ser menos facilista y rutinario en el análisis, cabe hacerse las siguientes consideraciones: Cuando el Presidente comenzó su mandato, revestido de gran simpatía y convencida la gente de que, en efecto, venía por fin a llenar un vacío el terrible vacío de poder que había dejado Barco, lo que planteó e inició fue una especie de simultáneas, como los grandes maestros de ajedrez. Así, un primer tablero era la cuestión del narcotráfico, partida que no ha perdido pero tampoco ha ganado; otro fue el referéndum para convocar la Constituyente, en la que venció dejando heridas y heridos que hoy aprovechan para pasar la cuenta de cobro; otra partida es la de la apertura, que va muy despacio y viene causándole serios dolores de cabeza; otra es el proceso de paz, que está sin duda más enredada que la apertura y las consiguientes privatizaciones; y una última, a la que el jefe de Estado le ha metido todo su empeño, es la aprobación de una severa reforma tributaria: partida aún por definirse en el seno del Legislativo.

Como si todas estas simultáneas que en el fondo son los grandes problemas de la nación no fueran reto suficiente, han surgido dos imprevistos (entre comillas, porque hay quienes aseguran que ambos se hubieran podido prever): la crisis energética y el paro de Telecom, lo que por un lado ha causado los drásticos racionamientos de luz y, por el otro, ha tenido al país aislado del mundo. Provocando, ambas situaciones, muy gravosas pérdidas económicas. EL3] Todo ello sin duda ha servido, y en qué forma, para crear un enrarecido clima psicológico, lo que a su vez abona el campo para murmurar en privado y a veces en público, como lo hace don Fidel Cano sin medir la responsabilidad que encierran sus palabras que hay que revocar el mandato presidencial para dar paso a un nuevo orden . Revocar el mandato presidencial, para qué don Fidel? Para nombrar a quién?* * * Si los gobernados estamos atravesando un mal momento, el gobernante debe estar pasándola peor. Y así como le tocó por suerte una prolongada época de vacas gordas , en la que su popularidad fue un fenómeno realmente impresionante, ahora que ha llegado la destorcida la época de las vacas flacas , y todas juntas! es cuando entonces debe demostrar esa capacidad de liderazgo que, gracias en parte a un talentoso manejo de imagen acaso se le reconoció en exceso enaquellos momentos, en que las cosas le fueron menos difíciles. Es aquí, en este instante crítico, cuando el jefe del Estado tiene que ser eso: jefe, así haya que pisar unos cuantos callos. Porque, a mi juicio, no es justo que un Gobierno tan esperanzador como el suyo, que por los cambios que ha intentado suscita explicables traumatismos e inevitables envidias generacionales, termine de golpe desvaneciéndose cual castillo de naipes, y un poco por contagio pésimo contagio de lo que ha ocurrido en Venezuela y Perú a nivel institucional.

Al Presidente hay que rodearlo, antes que pedirle grotescas renuncias que no tienen pies ni cabeza. Mas, para rodearlo, es él quien tiene que aglutinar la solidaridad de la ciudadanía, con actos de Gobierno a la manera como lo ejercían Alberto y Carlos Lleras: con autoridad. Es, pues, la hora de no dejarse amedrentar ni por los grandes problemas ni por las críticas mezquinas, afrontando los primeros con tesón, para neutralizar el objetivo desestabilizador de las segundas.

Porque, pese al desafío que se impuso, no todas las simultáneas están perdidas y son varias las partidas que aunque suspendidas todavía puede ganar, para bien de todos. Es lo que busca el gobernante, afrontando adversidades que lo agobian, pero que aún no lo superan: el bien común.

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