EL MIEDO SALE POR SUS FUEROS

EL MIEDO SALE POR SUS FUEROS

15 de enero 1991 , 12:00 a.m.

En todo conflicto bélico aparece siempre, de manera indefectible, un denominador común: el miedo. Eso tan natural en el espíritu humano busca siempre una vía por la cual quiere manifestarse sin tapujos de negra honrilla ni de amor propio, cuando está de por medio la supervivencia --o casi, como en el caso presente del Golfo Pérsico--, de la especie. Las informaciones, cada día más dramáticas a medida que se aproxima la Hora 0), le devuelven al individuo no menos dramáticamente, su condición perecedera y débil.

Los bogotanos, cuando vemos estas situaciones, recordamos esos días en que se esperaba un golpe, una huelga peligrosa, etc. Por ejemplo, el 9 de abril. Al día siguiente se vaciaron los almacenes, se agotó el pan. No se conseguía papel higiénico a ningún precio y las casas mostraban sus despensas abarrotadas de víveres indispensables o de comida innecesaria. Hubo quien tuvo provisión diaria de salmón para dos años. Otros se atragantaron de mermeladas y las fábricas de papel para el baño, cuando pasó el peligro, se quedaron sin compradores. Algo similar ocurre en Tel Aviv, Jerusalén, Aman, y en una que otra ciudad europea. Claro que ahora lo que se agota más rápidamente son los medicamentos contra los efectos de una guerra química.

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