EL MÁS ALLÁ PUEDE ESTAR MUY ACÁ

EL MÁS ALLÁ PUEDE ESTAR MUY ACÁ

Fantasma persecutor Todavía tiene fresco el recuerdo y latente el horror. Estaba a punto de levantarse y apenas había hecho el movimiento de alzar la cabeza de la almohada cuando una energía más fuerte que ella o que cualquier cosa conocida entró al cuarto por enésima vez en los últimos tres años, con la diferencia de que esta vez no la sorprendió sola, sino con su esposo, quien dormía a su lado.

26 de octubre 2003 , 12:00 a.m.

La energía la avasalló como todas las veces, porque no sabía qué era ni cómo controlarlo. La presencia la empujó de nuevo sobre la cama, acomodó su cabeza etérea sobre la almohada al lado de Claudia, la cama se hundió por su peso y le susurró algo al oído. Ella le dijo vete , por primera vez luego de 36 meses de acoso, sacando fuerzas de donde no tenía. Escuchó que le decía Qué? con voz distante. Ella repitió, ahogada, vete , y la cama dejó de pesar y el frío desapareció.

La primera vez había sido a los tres años de estar casada, en su apartamento de siempre, que había comprado nuevo junto con su esposo. Fue una aparición breve en la que sintió que le halaban el pijama, pero Claudia pensó que todo era fruto de su imaginación. Pero de viaje por el Quindío, en una finca cafetera, la aparición volvió a rondarla, y ella supo entonces que aquel no era un fantasma relacionado con su casa ni con casualidades, sino que era una constante y ella la elegida.

Ese día se levantó de la cama, el frío apareció, la empujó sobre el colchón, sintió su peso sobre la espalda y su cuerpo de hombre y su abrazo de hombre a su alrededor. Sintió, físicamente, un cuerpo y no pudo hacer nada hasta que desapareció. Le sucedió al poco tiempo mirando televisión, y de nuevo la energía la tumbó. No pude hacer nada porque es como un imán y es magnético , explica.

De la presencia ve una sombra blanca larga, parecida al velo de una novia rapado por el viento. Lo más sorprendente es que aparte de visitarla, revolver cajones en su casa y asustar a sus hermanos cuando se burlan de lo paranormal, su hija de 22 años también recibe las visitas. A ella la presencia le habla más. La abraza igual, con la misma intensidad, y también ella lo recibe con terror aunque el espíritu le haya dicho al oído que la protegerá . Escéptica de siempre, Claudia ahora jura que lo paranormal existe. Y que la persigue. A ella y a su hija.

Espíritu en el hospital Trabajaba en una clínica de Bogotá y estaba tan cansada de la labor del día que caminó despacio, con el peso de 12 horas de trabajo, hasta las habitaciones superiores destinadas a los trabajadores. Constanza entró a su pequeño cuarto y se acostó todavía sin sueño. Vio al momento cómo una sombra blanca -por muy irónico que sonara, pero era sombra y era blanca-, atravesaba el cuarto, y con ella un hálito frío y la sensación de que era una mujer la que cruzaba hasta la cama y se sentaba junto a ella.

Quedó pasmada, con el vértigo del terror en la mirada. Alcanzó a ver su transparencia, su cuerpo femenino etéreo y largo, y la manera en que salió del cuarto rumbo al hospital de nuevo. Nunca le vio la cara, porque no la tenía. Temblando, aún con el frío de la nada y sin sueño ni voz para gritar, tuvo la sensación de que aquella sombra esperaba aún algo antes de irse definitivamente. Abajo, el sonido de una ambulancia no dejaba de ulular.

Brujas y guacas La casa de Bucaramanga tenía cien años, un patio, un zaguán y un solar. Eso era lo visible. Porque también había brujas, fantasmas, sonidos de ultratumba y guacas, cuenta Carolina. Una tradición de sustos que comenzó con su abuela, que escuchaba voces a destajo, y que siguió con su mamá, quien recibía saludos en el aire.

A Carolina le sucedieron tres cosas. En marzo la sorprendió una sombra en el patio, y unos cabellos que se alzaban con un viento fortísimo, insólito en esa época del año en la ciudad. La bruja, como ella la llama, apareció con violencia súbita. Del árbol de mamoncillo le comenzaron a llover pepas lanzadas con precisión y con cierta sevicia. Su abuela se dio cuenta del suceso y gritó que no tenía miedo. El viento cesó y el bombardeo también.

A los meses, escuchó pasos en el jardín. Más que eso, golpes profundos debajo de la tierra, con un sonido metódico y casi desesperado. Preguntaron a los vecinos y estos le dijeron que podía ser una guaca. Su familia contrató albañiles que excavaron en el lugar de los golpes hasta hallar figuras de oro indígenas y cabellos humanos de los indios Guane. Los sonidos cesaron desde ese día.

El tercer suceso la sorprendió sola. Vio cuando una sombra blanca, ardiente de blancura, vestida con una especie de túnica clerical, caminaba de una pared de cal a otra de la casa y la cruzaba sin dejar de brillar, y no sin antes mirarla con un rostro sin facciones en el que solo se veían dos ojos azules encendidos. Carolina se quedó pegada al piso, inmóvil, aletargada por el frío y el espanto.

Serían duendes? Catalina estaba ofuscada y sudaba rabia. Acababa de pelear con su hermana con la intensidad propia de las adolescentes y había decidido encerrarse en su cuarto a pasar el mal trago del altercado. Con el seguro puesto, quiso olvidarse de la furia que la envenenaba y concentrarse en las tareas del colegio para el día siguiente. Pero la rabia no la dejaba pensar.

Tenía la costumbre de bañarse con agua fría para relajarse, y eso hizo. Tardó apenas un par de minutos bajo la ducha, pero cuando volvió, vio su cuaderno en desorden y se sorprendió al encontrar una huella diminuta con un pie pequeño marcado en tinta indeleble sobre la hoja abierta. Como el de un bebé en fuga. No había nadie con ella y nadie más tenía la llave de su cuarto. Se asustó. Desde entonces, empezaron las apariciones minúsculas en su casa. Y las bromas pesadas.

Volaban objetos de lado a lado. Las puertas se desplomaban y al revisar, descubrían que alguien había soltado los goznes. Sombras se perdían por la pared y en el resquicio de las puertas. El radio se encendía solo. Voces las llamaban sin saber de dónde. Los objetos se perdían y aparecían en lugares imprevistos. Un cura les dijo que se trataba de duendes. Antes de averiguarlo, se mudaron lejos.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.