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CLAVE 1956 HUNDIMIENTO DEL TRASATLÁNTICO ANDREA DORIA

CLAVE 1956 HUNDIMIENTO DEL TRASATLÁNTICO ANDREA DORIA

Génova, el principal puerto del norte italiano, ha sido cuna, más que de marinos, de almirantes. La historia consagró como el más importante de todos a Cristóbal Colón, de origen plebeyo, nacido en 1451, cuyo padre, Doménico, ejerció los oficios de tejedor, quesero, tabernero, y tuvo inclusive a su cargo la guarda de una de las puertas de la ciudad . El otro almirante, Andrea Doria, 15 años más joven que Colón, pertenecía, por el contrario, a la aristocracia genovesa, y en su ascendencia aparecen estadistas, marinos y sabios .

Andrea Doria fue famoso condotiero al servicio de la Santa Sede y de diversos príncipes , nombrado general de mar por Carlos V, dio a Génova una constitución aristocrática que la convirtió en una república mercantil.

Como homenaje a este almirante, su estatua fundida en bronce en tamaño natural fue instalada en en el salón principal del más grande y lujoso trasatlántico italiano de posguerra, que en 1952 fue bautizado con el nombre de Andrea Doria .

Veintinuve millones de dólares se invirtieron en la construcción del buque y otros dos millones en su decoración. Además de su sofisticada estructura a base de 11 compartimentos estancos, que hacen al buque absolutamente insumergible bajo cualquier circunstancia , las tallas en maderas preciosas, las cortinas de seda, las obras de arte y los tapetes merecieron la justa reputación de llevar a bordo la exposición flotante del arte italiano .

El trasatlántico Andrea Doria : 214 metros de eslora (largo), 28 metros de manga (ancho), 10 cubiertas, tres piscinas, cuatro teatros y los más lujosos camarotes y salones de diversión para 2.000 personas, se convirtió en el orgullo de los diseñadores, armadores y decoradores italianos.

A las 11:22 de la noche del miércoles 25 de julio de 1956, mientras un frenético grupo de pasajeros le sacaba el jugo a la última noche de rumba antes del arribo a Nueva York, surgió entre la bruma en contravía la proa de acero del Stockholm , el más grande trasatlántico sueco, y le abrió, al insumergible Andrea Doria , un gigantesco boquete de 12 metros de ancho por nueve de profundidad.

Los 1.134 pasajeros, los 560 tripulantes y hasta la estatua del almirante Andrea Doria, se estremecieron por el impacto.

Se encontraban esa madrugada a 75 kilómetros al sureste de la isla de Nantuck, cerca de la costa de Estados Unidos.

En el momento de la colisión, la proa del Stockholm penetró hasta un camarote del Andrea Doria y arrancó de su lecho a una niña de 14 años que dormía. Ella no se explica cómo resultó en piyama en el buque sueco.

Dos minutos más tarde, el SOS se irradió desde los dos buques. El abrupto fin de fiesta en el Andrea Doria , se hizo más dramático por su inmediata inclinación sobre el costado de babor y empezó, desde esa hora, la que ha sido considerada como la más grande operación de salvamento en el mar.

En la memoria colectiva de pasajeros y tripulantes palpitaban las imágenes cinematográficas del hundimiento del Titanic , 44 años atrás, y de la angustiosa desaparición de 1.517 personas, devoradas por el mar.

Por la inclinación del buque italiano, fue imposible lanzar al mar los botes salvavidas, operación de la que, en principio, se encargó la tripulación del Stokholm . A los 72 minutos de la colisión, los reflectores del Capen Ann desgarraron la bruma. Era el primer navío que acudía en auxilio de los náufragos. A las dos horas del accidente 1:30 de la madrugada, otro buque, esta vez el orgullo de los franceses, el Ile de France , arrancó, con su llegada, aplausos y vítores a los tensos pasajeros que esperaban ayuda.

Durante toda la noche se evacuaron del Andrea Doria los náufragos sobrevivientes la tragedia cobró 25 víctimas hasta cuando, al amanecer, siguiendo las mejores tradiciones marineras, solo quedaron a bordo, su capitán, Pietro Calamai, y 19 de sus oficiales y tripulantes, comprometidos en el vano intento de salvar al soberano de la marina mercante italiana , mediante la utilización de bombas de achique.

A las 9:28 de la mañana, con un mar despejado y sereno, el gobierno italiano ordenó a su capitán abandonar el barco. Cuarenta y un minutos más tarde, el Andrea Doria , con la estatua del almirante como mudo testigo a bordo, descendió al fondo del mar.

A los ocho años del naufragio, en el verano de 1964, una empresa de salvamento naval estadounidense descendió hasta el buque italiano, que descansaba a 64 metros de profundidad.

Con grandes dificultades, incluida la apertura de un gran boquete en las planchas de acero, se pudo extraer la estatua de bronce del almirante Andrea Doria. Sin embargo, nadie quiso dar en tierra un dólar por su rescate.

Desde entonces, el famoso almirante en bronce, colocado sobre un lobo pedestal en los jardines de un motel en la Florida propiedad del corredor de bienes raíces Glen Garvin preside las maniobras de un centenar de bronceados turistas gringos, que lo miran con curiosidad mientras se preguntan: Caray, y este pisco de barbas, quién será? .

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