A BORDO DE LA PROSA DE EDUARDO ZALAMEA

A BORDO DE LA PROSA DE EDUARDO ZALAMEA

Digamos que Eduardo Zalamea escribe esta nota. Y que lo hace con el mismo estilo de su novela cumbre 4 años a bordo de mí mismo. O sea que ya es hora de detenernos. Y de describir lo que los sentidos dictan. El viaje que el cuerpo emprende y el alma sigue. Una búsqueda del interior, no del exterior. Una sorpresa permanente que puede pasar de decir que en la calle un pájaro marino grita. O que a una mujer se le muere la esperanza de un pan.

04 de julio 2003 , 12:00 a.m.

Digamos que Eduardo Zalamea escribe esta nota. Y que lo hace con el mismo estilo de su novela cumbre 4 años a bordo de mí mismo. O sea que ya es hora de detenernos. Y de describir lo que los sentidos dictan. El viaje que el cuerpo emprende y el alma sigue. Una búsqueda del interior, no del exterior. Una sorpresa permanente que puede pasar de decir que en la calle un pájaro marino grita. O que a una mujer se le muere la esperanza de un pan.

Lo curioso, diría Zalamea, es que son cuatro años de viaje sin pausa, de movimiento intenso. De pies en contacto y manos sudorosas. Pero lo relevante es que no es eso lo que importa, sino lo que sucede en el interior del autor mientras recorre, en tren, a pie o en bote, desde el interior del país hasta el desierto de La Guajira. En el segundo capítulo anticipa lo que será la historia, mientras viaja en tren hasta la costa Caribe: Dentro del vagón la vida externa estaba inmóvil. Pero el interior de esos cuerpos corría a mayor velocidad que el tren .

A fin de cuentas, en el libro no pasa nada. Solo sensaciones. El olor de mar y de hombre de un capitán. Unos labios de un rojo profundo como las cerezas maduras. Un hombre que saborea un recuerdo. Una ginebra que se vuelve espesa como el humo de las máquinas. Solo eso. La observación pura y exquisita.

Pero exactamente por eso es una obra en la que todo sucede. Porque el autor no está desligado del mundo, sino sorprendido y abierto a todo lo que lo toca y lo rodea y no hay un solo detalle que le pase desapercibido. Lo que convierte a Zalamea Borda en un narrador de primer orden del tormento de los hombres que escaparon de la civilización para ir a lugares insólitos y salvajes, y encontraron en cambio el reino de la barbarie.

Ante su mirada, la muerte es tan lírica como el cuerpo de una mujer. El hacha que florece callos en las manos del hombre o el sol que cae sobre unos senos como a una flor la luz, son lo mismo.

Ya lo dice el subtítulo del libro -Diario de los 5 sentidos-, el tacto, la mirada, el oído, el olfato y la vista son para descubrir y explorar, aunque al libro lo hayan catalogado de pornográfico en su momento. No lo es, aunque hable de la lujuria que se mostró ante mis ojos buenos, haciéndolos perversos .

Eduardo Zalamea Borda se detiene en las mujeres porque son quienes más impresionan sus sentidos. Por eso una puede ser una mujer mineral con un sexo que la convierte en una ola incesante cubierta de músculos , y otra es una escultura indígena, hecha con arena tostada y detritos de conchas marinas .

En forma de diario, y con capítulos títulados de forma casi lírica, Zalamea relata lo que ve, pero con distancia. Se mira a sí mismo dentro del mundo como si estuviera en la ventanilla de un bus, y sin embargo, se afecta. Sin embargo, jamás pierde el humor ni la bondad.

En su novela, el protagonista no vive un final trágico. A diferencia de los héroes, sobrevive como un ser normal y regresa a la cotidianidad. Tal vez por mirar y comprenderlo todo. Desde las olas que empujan una luna fina a las perlas que iluminarán cuellos . O el Cabo sonoro, solitario Cabo . Hasta el protagonista mismo cuando dice Y mi vida? Mi vida qué vale? Oh, sí! Mi vida sí vale, porque está cortada por todos los peligros, como el aire de un campo de batalla .

COMENTARIOS SOBRE LA OBRA.

- Helena Iriarte.

Profesora de literatura.

Con ésta, Eduardo Zalamea inicia en Colombia la novela de personaje, cuya visión explica el mundo y los acontecimientos que ocurren a su alrededor y en su propio interior. La novela es un diario de viaje y es el recuerdo del viaje a un lugar donde vivió aislado del mundo que conocía. Y el protagonista regresa a la ciudad, sigue viviendo después de haber convivido con la muerte. A lo largo de toda la novela hay un gran componente de introspección que equilibra la crudeza de los acontecimientos y, al final, una especie de confesión, de síntesis de aquel mundo, cierra el círculo y justifica la huida y el proceso interior.

- Eduardo Mendoza.

Escritor.

Lo más importante de esta novela está en el subtítulo: Diario de los 5 sentidos. La novela de aventuras tradicional busca un determinado objetivo, sea el que sea. En este caso el aprendizaje del aventurero está en el cuerpo, se trata de una materia corporal llevada a su máxima experimentación. Al final, el aventurero de Zalamea no consigue nada, excepto modificar la percepción del mundo y de sí mismo (casi nada).

Esta manera de entender el viaje está a la orden del día. La filosofía contemporánea nos habla ahora permanentemente del cuerpo, de los sentidos, de la percepción, y parece mentira que en 1932, recordando un viaje biográfico a la Guajira, Zalamea le haya dado semejante dimensión a su protagonista. Ahora, lamentablemente la crítica colombiana, en su mojigatería inquisitorial, atacó a Zalamea y llegó a tildarlo de "pornográfico" y "vulgar", y no vio la innovación, la genialidad de una novela que sigue siendo, hasta nuestros días, única e inclasificable en la literatura colombiana.

- Eduardo Jaramillo.

Crítico literario.

El personaje de Zalamea concibe (la vida) como una pobreza que es necesario enriquecer de experiencias. Funes (personaje de Borges) convierte su vida en una pesadilla minuciosa de percepciones triviales; el personaje de Zalamea, en un horizonte donde la sensorialidad puede desplegarse a su antojo. Funes le teme a la prolijidad de lo real; el personaje de Zalamea sólo desea esa prolijidad como un erotismo que corre en todas direcciones.

BIBLIOGRAFIA.

* 4 años a bordo de mí mismo (Diario de los 5 sentidos) (1934).

* La cuarta batería (1952).

BIOGRAFIA.

Eduardo Zalamea publicó 4 años a bordo de mí mismo, su única obra de ficción, cuando tenía 27 años, en 1934, por un viaje que hizo a los 17 años a La Guajira. Zalamea fue secretario de la delegación colombiana ante la Sociedad de Naciones en París en 1934, entre 1935 y 1938 fue director del Archivo Nacional, pero la mayor parte de su vida se dedicó gran al periodismo como jefe de redacción de El Liberal, La tarde y columnista de El Espectador. También fue director de Fin de semana, suplemento que publicó el primer cuento de Gabriel García Márquez, La tercera resignación, que el Nobel agradece y recuerda en su libro Vivir para contarla. Su obra literaria se resume a 4 añosy a La cuarta batería, publicada póstumamente en el 2002.

FOTO/Cortesía El Espectador.

Eduardo Zalamea solo publicó una novela en vida. El año pasado Villegas Editores editó una obra póstuma. Sin embargo, 4 años a bordo de mí mismo , hizo historia.

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