LA CULTURA DEL ACPM

LA CULTURA DEL ACPM

El corrientazo se siente antes de entrar. La sensación de hambre acosa y ante la subversión de las vías digestivas no hay más remedio que dejarse seducir por los aromas que del interior emanan.

04 de julio 2003 , 12:00 a.m.

El corrientazo se siente antes de entrar. La sensación de hambre acosa y ante la subversión de las vías digestivas no hay más remedio que dejarse seducir por los aromas que del interior emanan.

Allí dentro, la comida casera es la reina del lugar. Algo más que el acostumbrado A.C.P.M. (léase arroz, carne, papa y maduro), con un vaso milimétrico de jugo que puede ser de mora, lulo, guayaba, piña o maracuyá, según la cosecha o gaseosa, la sopa, que no puede faltar, el principio y dos cucharadas pequeñísimas de postre, como para balancear el asunto.

Algunos permiten hacer variaciones del menú, por eso siempre ofrecen fríjoles o garbanzos, carne o pollo, lentejas o habichuelas, spaguetti o arveja, y otros más sofisticados agregan en su carta delicias como porciones de frutas o ensaladas.

Muchos, para llamar la atención de los comensales optaron por buscar promotores que con sus disfraces de payaso y sus altavoces en mano lograban hacer que el transeúnte siguiera la senda de los aromas o huyera despavorido para evitar la contaminación auditiva.

Otros fueron más prudentes y contrataron muchachos para que repartieran publicidad en volantes, y los más discretos optaron por instalar sendos carteles con anuncios del menú del día escritos en tizas de llamativos colores.

En un principio entrar en ellos era sinónimo de no tener mucho dinero en el bolsillo, incluso algunos se acomplejaban tanto al optar por sus delicias que lo hacían con la cabeza baja y buscando ocultar sus intenciones.

Hoy, son una opción bastante considerada por quienes por distancia, economía o afanes del trabajo deben cumplir con la labor de alimentarse.

Su característica principal es que en ellos se puede conseguir comida básica a precios bastante económicos, que fue una de las razones para que la Alcaldía creara un programa para elegir al mejor en su estilo.

Aunque muchos nacieron con este concepto, con el paso del tiempo y para satisfacer necesidades de mercado y no dejarse apabullar por la competencia, la evolución que presentaron estos sitios los llevó a ofrecer variaciones en sus menús.

Fue así como -poco a poco- empezaron a surgir sitios en donde se ofrecía menú tipo ejecutivo que consistía en platos preparados en la parrilla, acompañados por papas fritas, ensalada y porciones de bebida y de postre un poco más grandes que las de aquellos que marcaron el rumbo.

Como la economía del país también varió, muchas fueron las familias que optaron por abrir estos negocios en los garajes de sus residencias, especialmente de aquellas situadas en lugares cercanos a oficinas.

Sin embargo, su evolución no se detuvo allí. De nuevo, para responder a exigencias de mercado optaron por ampliar sus servicios y comenzaron a llevar sus platos a domicilio.

Han sido tan importantes para el desarrollo de la ciudad que su presencia ha logrado llamar la atención de creativos y publicistas empeñados en mantener a una clientela satisfecha -que cada vez aumenta más-.

Su fama llegó a un punto tal que programas como Betty, la fea y El siguiente programa dedicaron varios de sus capítulos a destacar, de manera divertida, las situaciones que a diario se viven en ellos.

LOS UNO-A.

Aunque muchos se deleitan con las combinaciones de los restaurantes populares, lo cierto es que algunos carecen de platos con el balance necesario que proporcione una buena nutrición. Por eso, la Secretaria de salud lanzó el programa Restaurante Uno-A, que les ayudará a los propietarios de este tipo de comida a ofrecer un excelente servicio.

La Secretaría ha destacado hasta el momento tres restaurantes: Rico con el sabor de la abuela, Pomodoro y Donde Omar, que cuentan con una buena atención al cliente, menús variados y balanceados, manipulación adecuada de los alimentos y ninguno de sus platos vale más de 5.000 pesos, requisitos indispensables para obtener este reconocimiento, válido por dos años.

- Rico con el sabor de la abuela.

Este lugar ofrece desayunos y 32 opciones diferentes a la hora del almuerzo con recetas de la nueva cocina colombiana. Pechuga light, pechuga gratinada, ajiaco, bandeja paisa y cerdo en salsa de ciruelas, son algunas de las opciones. Precios entre 4.000 y 5.000 pesos. De lunes a sábado de 7 a 8 p.m. Domingos y festivos hasta las 5 p.m. Efectivo.

Carrera 39 No. 25 B-12. Barrio El Recuerdo. Teléfono: 2440251.

- Donde Omar.

En este restaurante se dan cita industriales y empresarios de los sectores cercanos que disfrutan allí de preparaciones como criadillas escabechadas, hígado a la plancha y bandejas con pollo, bagre o lengua en salsa acompañadas con papas chorreadas, plátano frito y ensalada entre muchas otras.

Calle 31 No. 61-03 sur. Barrio Carvajal. Teléfono: 7102293.

- Pomodoro.

Diariamente este lugar ofrece dos menús diferentes, con dos acompañamientos (granos y verduras), así como ensalada, jugo y postre. Su precio es de 4.500 pesos. Si los clientes lo prefieren pueden pedir el mixto, que lleva un poco de todos los acompañamientos. Abierto para el desayuno y el almuerzo, de lunes a sábado. Efectivo.

Avenida 116 No. 33-72. Barrio La Alhambra. Teléfono: 2153103.

FOTO/Reynel Ruiz.

Restaurantes como Rico con el sabor de la abuela se han preocupado por mantener normas de higiene y una variedad de recetas, así como un ambiente familiar para que todos disfruten.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.