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IMAGO, LETRAS PERMITIDAS

IMAGO, LETRAS PERMITIDAS

Una mañana de sábado. De esos típicos sábados bogotanos en los que algunas almas ociosas y curiosas salen -salimos- a caminar las calles sin rumbo fijo para tratar de tomarle un poco el pulso a la ciudad.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
14 de junio 2003 , 12:00 a. m.

Una mañana de sábado. De esos típicos sábados bogotanos en los que algunas almas ociosas y curiosas salen -salimos- a caminar las calles sin rumbo fijo para tratar de tomarle un poco el pulso a la ciudad.

Hacía tiempo que no miraba aquel sector del centro con mucha atención, así que al transitar a la altura de la carrera séptima con calle 27, de cara al Norte, y encontrar un llamativo y hasta un tanto infantil letrero con la palabra Imago justo en el lugar donde por décadas reinó la legendaria librería Buccholz, me detuve a fisgonear. Qué era ese Imago? La puerta estaba cerrada. El aviso de Abierto invitaba a pasar.

Adentro, una librería. Pero no una librería común ni corriente. Un grupo de mujeres conversaba animadamente en un rincón desbaratando una de las novelas de moda. Sin tener encima a ese ejemplar asfixiante de vendedor que agota con el qué se le ofrece-qué se le ofrece? , pude echarle un vistazo a los libros. Pocas novedades tipo best-seller y una variedad de títulos orientados al estudio de género y a la literatura homosexual -especialmente lésbica- ratificaron que no era una librería cualquiera. (Todo el que conozca la movida librera en Bogotá sabe que muy pocos lugares muestran con apertura esta temática).

Se levanta el telón!.

Pero... quién está al mando de esta librería? Esa era la pregunta. Aparecieron entonces dos mujeres. Carolina Esguerra y Elizabeth Castillo. La primera 34 años, la segunda 32. Rostros sin maquillaje, pantalones de pana un tanto arrugados, uñas cortas sin pintar, zapatos sin tacón.

Y para empezar la charla: Aquí quedaba la Buchholz, no? Enfurecieron, entre risas. Ya están cansadas, y con razón, de que durante los dos años que lleva abierta su librería la gente les siga preguntando la misma cosa. Ya no más, somos Imago , dicen casi en coro.

Bueno, y qué es Imago? Carolina, a quien el oficio de librera le corre por las venas (acaba de cumplir veinte años dedicada a él), responde que es un sueño hecho realidad. Después de trabajar en varias librerías reconocidas de la capital Tercer Mundo, Enviado Especial, la misma Buccholzquería la suya propia. Así que cuando se enteró de que el local estaba desocupado, le dijo a su amiga Elizabeth, a quien conoció hace tres años: Arranquemos ya .

Qué buscaban? Convertirse en algo así como la Berkana de Madrid, una de las librerías especializadas en lesbianismo más famosas del mundo? Ya quisiéramos , contesta con mofa Elizabeth, madre de un adolescente que se pasea feliz por la librería todas las tardes cuando llega de estudiar. Eso en este país es imposible. Primero por falta de plata para importar libros; y segundo, por falta de clientes .

La experiencia de estos años les ha confirmado que las mujeres homosexuales no consumen tanto como los hombres homosexuales. Será porque tienen menos dinero, y por el pudor que aún impera , insiste Elizabeth, abogada de profesión pero lectora voraz de vocación. No obstante, ellas están decididas a llenar el vacío que existe en cuanto a un lugar destinado a la literatura de género y de interés lésbico.

Las dos asumen el tema del lesbianismo con plena libertad y convencimiento. La gran mayoría del público que va a su librería todavía no lo hace así. Muchas personas llegan a Imago y permanecen minutos eternos paseándose por cada rincón del local antes de atreverse a preguntar por tal libro de temática lésbica o gay.

La gente se ha enterado de que aquí puede conseguir determinados libros por el correo de las brujas , o porque nuestras amigas le cuentan a sus amigas y estas a otras y así... , es la explicación que dan Carolina y Elizabeth cuando les pregunto sobre los medios de promoción de su negocio.

Negocio.

Por cierto, cuando escuchan esta palabra se apresuran a aclarar: Imago no es un negocio, no en el clásico sentido de la palabra: el sueldo que ambas reciben es algo simbólico, hasta el momento no han obtenido ganancias ni han recuperado la inversión inicial (en la que ayudaron familiares y amigos). Digamos de nuevo que es un sueño que van a soñar hasta el final pero eso sí: con los pies puestos en el suelo.

De hecho ya tienen los contactos para traer de España algunos de los libros publicados por la Editorial Egales que con su sello Salir del Armario ha lanzado a cientos de autoras y de esta manera ampliar la oferta en su librería.

En los estantes se ven libros dedicados a literatura femenina ficción o ensayo escritos en su mayoría por autores poco conocidos, pero el hecho de que estén ahí asegura que Carolina o Elizabeth los recomiendan después de haberlos leído. Libros de Susana Guzner, Lucía Etxebarría, Cristina Peri Rossi, Lola Van Guardia, Monique Wittig, Adrienne Rich, Virginia Woolf. Libros que comparten espacio con los de narrativa general, ensayo, historia, además con los de estudios sociales y políticos que van contracorriente, temática a la que también han querido dar énfasis (distribuyen, por ejemplo, a la editorial Desde Abajo).

Nos parece que debemos reproducir en nuestra librería las cosas en las que creemos , opinan. Creen, entre otras cosas, en darle descuento a la señora que llega con angustia y poca plata a comprar un texto para su hijo; creen, entre otras cosas, en poner sillas por toda la librería para que cualquiera se siente a hojear un libro el tiempo que quiera; creen, entre otras cosas, en que las editoriales nacionales deberían creer más en ellas y apoyar la distribución de sus libros en Imago.

Elizabeth cree en Dios, Carolina es escéptica. Elizabeth cree en caminar hasta su casa en Teusaquillo, Carolina en llegar en taxi. Ambas creen que primero está el amor, luego los libros. Y en que ya es hora de que el fantasma de la Buchholz deje de visitarlas. Ahora, en ese espacio, está Imago.

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