RENUNCIÓ PASTRANA AYER ANTE PLENARIA

RENUNCIÓ PASTRANA AYER ANTE PLENARIA

La renuncia del ex presidente Misael Pastrana Borrero tomó ayer por sorpresa a la Constituyente, a los periodistas e incluso a los miembros de la Junta Interparlamentaria que en esos momentos redactaba una declaración en contra del Acuerdo Político. Cuando en la Asamblea todos esperaban el inicio del anunciado debate sobre el Acuerdo, que recomendó el cierre del Congreso y la fijación de un nuevo calendario electoral, el constituyente Pastrana tomó la palabra y en un tono fatigado anunció intempestivamente su retiro de la corporación.

13 de junio 1991 , 12:00 a. m.

El ex presidente y jefe único del Partido Social Conservador (PSC), que tenía acostumbrado a sus colegas de corporación a escuchar sus improvisadas intervenciones, esta vez leyó su discurso de despedida.

Luego de denunciar la ruptura del Estado de Derecho y de criticar de manera severa inclusive al propio Presidente, Pastrana renunció a su investidura haciendo uso de un verbo poco usual: resignar .

Ello me obliga a resignar mi investidura de constituyente, como en efecto lo hago, en nota que dejo en manos de la secretaría de la corporación , dijo.

Los periodistas comenzaron a parpadear y toda la Asamblea quedó en silencio. Lo único que seguía retumbando era la voz de Pastrana.

Cuando dijo que pedía a sus compañeros del PSC que más allá de la solidaridad se mantuvieran en sus curules, todo el mundo entendió que se trataba de una despedida.

Tan pronto culminó su intervención, muchos miembros de la Asamblea se movilizaron hacia su curul y comenzaron a abrazarlo y felicitarlo.

De inmediato, este apretó su portafolio debajo del brazo y comenzó a bajar las gradas. Al llegar al primer corredor (dentro del recinto) lo esperaba una nube de periodistas.

Mientras que sus copartidarios lo escoltaban hasta la salida de la corporación, en el Congreso se escucharon varias voces de solidaridad con Pastrana.

El senador Amaury García Burgos dijo que la renuncia es una forma categórica de demostrar que no se está de acuerdo con el Pacto político, ni con la figura dictatorial del presidente Gaviria .

El conservador alvarista Hugo Escobar Sierra dijo que es deplorable y sensible el retiro del constituyente Pastrana. Presumo que él tenía muchos motivos para renunciar .

El liberal José Blackburn indicó que la dimisión es una voz recia de protesta que nos indica a todos los colombianos que algo está marchando mal .

Para el vicepresidente del Senado, Carlos Martínez la actitud de Pastrana es un hecho de trascendencia histórica que relieva la personalidad política del ex presidente. Es lógico que no podía quedarse en la Constituyente .

El presidente del Senado, Aurelio Iragorri, dijo que la posición asumida por el ex presidente Pastrana es sumamente respetabilísima y una constancia histórica de rechazo al Acuerdo Político .

Los miembros de la Junta Interparlamentaria entendieron la renuncia de Pastrana como un gesto de apoyo a su lucha en contra de la revocatoria del mandato. Se retiraría el PSC del Gobierno.

El retiro del Partido Social Conservador (PSC) del Gobierno parecía ayer inminente, en fuentes allegadas a la Asamblea Nacional Constituyente. Así lo admitieron varios dirigentes de esa colectividad que pidieron no publicar sus nombres.

El constituyente Augusto Ramírez Ocampo, al ser interrogado sobre esta eventualidad, dijo que su partido no ha sido consultado sobre el particular. Aceptó, eso sí, que las relaciones del social conservatismo con el Gobierno al parecer no son tan buenas.

La ruptura entre el PSC y el Gobierno podría darse en cuestión de horas, si el ministro de Trabajo, Francisco Posada de la Peña, decide renunciar.

La representación del PSC en el Gobierno se limita a la cartera de Trabajo, a algunas embajadas y a cargos medios en casi todas las gobernaciones del país.

El mismo Pastrana habló de dictadura para referirse a las facultades que la Asamblea parece dispuesta a entregar al presidente Gaviria. De la misma manera, los delegatarios Augusto Ramírez Ocampo y Carlos Rodado Noriega utilizaron términos severos para referirse al Jefe del Estado.

Al menos en la Asamblea, donde se concentra por estos días el poder político del país, se daba ayer tarde como inminente la renuncia del Ministro de Trabajo. Declaración de Misael Pastrana Borrero.

He construido mi larga vida pública sobre los pilares del respeto integral a la Constitución y a las leyes de nuestra nación, y a la fidelidad de la palabra empeñada bien sea en público o en privado. Ello es lo que me ha determinado sin nunca haber tenido vacilaciones, seguir el principio inspirador de Disraeli, dirigente conservador de Inglaterra en el pasado siglo, de que lo fundamental es actuar en forma tal que no sea necesario ni explicar ni justificar el proceder político. Igualmente, ello es lo que me permite afirmar que la dignidad es valor inmanente de mi propia persona.

He sido partidario durante el transcurso de años sucesivos de las reformas que en una época de una humanidad signada por el cambio dinámico requiere Colombia. En la reforma de 1968 que me correspondió defender en el Congreso propugné por el pluralismo contra la oposición de tantos que hoy acampan bajo esa concepción política, como también el tránsito tranquilo del bipartidismo alternante a una democracia de ventanas abiertas.

En atención a la rigidez que por querer plebiscitario se consignaba en el artículo 218 de nuestra Carta Política para introducirle reformas, con persistencia formulé la necesidad de acudir a procedimientos de excepción para cumplir ese impostergable propósito. Con el Presidente anterior, y como testigo el actual mandatario, pacté en una ocasión la convocación de un referendo de alto alcance que la sentencia solitaria de un consejero de Estado declaró sin validez, y en otra, un amplio proyecto de modificaciones a la Constitución vigente que fue aprobado por las Cámaras en una primera vuelta en 1988, y naufragó en los últimos instantes de la segunda instancia por razones bien conocidas. En ese proyecto estaban incluidas gran número de las disposiciones que han sido objeto de debates y ya aprobadas por esta Constituyente.

Sacrificado Luis Carlos Galán en la plena primavera de sus ilusiones, y de las esperanzas del país que en él había tenía cifrado su mañana, cada día que pasa se comprueba que Colombia perdió en esa hora infausta mucho de su destino porque por el patrimonio moral de sus convicciones hubiera sido timonel de cambios profundos, sin la necesidad de romper las vértebras de las instituciones que han permitido a nuestra patria en medio del vendaval de una América Latina quebrantada en sus estructuras, sobrevivir en las libertades democráticas.

Ese cruel hecho que sacudió al país en sus más hondas fibras y llenó de escepticismo el alma de los colombianos, tuvo por contraste el eco de encender el entusiasmo de las gentes jóvenes que no se resignaban a sobreaguar en una patria en naufragio, la que convulsionó la conciencia del país con su propuesta de la séptima papeleta con la que se demandaba una Constituyente. En contraste con quienes se han opuesto a lo innovador y sólo comulgan con este cuando se ha abierto paso en el sentimiento colectivo, el Partido Social Conservador le dio su apoyo. En esa pila el 11 de marzo del pasado año tuvo su agua bautismal la Constituyente, con la misma agua que convertida en ocho millones de votantes consagró el mandato del Congreso. Nadie habló entonces de que la Constituyente sería para liquidar lo que el pueblo también estaba confirmando con sus votos.

Tampoco se le formuló al ciudadano ese propósito en el Decreto # 927 del 3 de mayo que dictara el Gobierno Nacional para que la organización electoral contabilizara los votos que con simultaneidad con la elección presidencial se depositaran en favor de la convocación de una Asamblea Constitucional. Para materializar la voluntad colectiva que en forma copiosa se manifestó en favor de la reorganización institucional del país, por invitación expresa del reciente posesionado presidente doctor César Gaviria, en su calidad de tal y de director del Partido Liberal, suscribió con representantes del social conservatismo, de la Alianza Democrática M-19 y el Movimiento de Salvación Nacional, definitorio acuerdo político. En el temario de manera específica se consignó que: La Asamblea no podrá... modificar el período de los elegidos este año (1990)... Con posterioridad la Corte Suprema de Justicia en sentencia de octubre 9 del mismo año de manera clara señaló que los actuales períodos de los funcionarios mencionados en el punto 9, a) del acuerdo político incluida en la parte considerativa del Decreto 1926, no podrán ser afectados, porque de lo contrario carecerían de sentido las inhabilidades futuras y las coincidencias de ellas con los años electorales allí señalados .

Ni en la campaña electoral del anterior diciembre que se libró más en la sombra que a la luz del sol por muchos de los que encabezaban las listas, ni en los proyectos de reformas presentados luego a la consideración de esta Constituyente (con excepción del de la Unión Patriótica), se propuso la revocatoria del Congreso.

El decretarse ese paso es, por lo tanto, contrario a la palabra consignada en solemne documento cuyos alcances de índole moral no pueden ser declarados sin vigencia por ninguna institución o persona del Estado, y al ordenamiento jurídico de la nación tanto por lo consignado en el llamamiento al pueblo en sus diversos pronunciamientos, como por lo expresado por el Tribunal Supremo que a lo largo de la vida republicana de Colombia ha tenido en sus manos la guarda de la Constitución. Mal se puede pretender crear un nuevo orden jurídico sobre las cenizas de otro sin el marco de la legitimidad.

Me anticipo a señalar que esa es mi verdad, la que como antes dije ha sido la guía que ha configurado mi conciencia en el acontecer político. Con el gran filósofo Pascal también aprendí desde mis años jóvenes que es inconsecuente dogmatismo negar la verdad de otros, y por ello, no es mi intención con estas palabras discutir la de los que consideran que los pactos son pedazos de papel y que los fallos no obligan.

He venido sosteniendo en relación con el Congreso que esta es la institución básica de toda democracia, y que es error mal intencionado confundir lo que ella representa con lo que pueden ser los indebidos privilegios de sus miembros, los cuales infortunadamente también cubren las otras esferas del Estado. De tiempo atrás, en especial para el proyecto de nueva ley suprema de 1988, propusimos una poda de todo aquello que producía la justa reacción ciudadana, lo que reiteramos en el proyecto del PSC sometido a esta Asamblea, y en la pasada semana lo confirmamos con nuestro voto. He sido persistente en afirmar que defiendo instituciones y no procederes de quienes las forman. No puede ser ese pretexto para cancelar las credenciales que por ocho millones tan solo poco más de un año entregara el pueblo.

En consecuencia, consideré que el único procedimiento viable en una democracia, a la que aspiramos abrir los canales de la participación en sus decisiones trascendentales, era la vía del referendo, devolverle al pueblo en que hemos depositado la soberanía tan trascendental determinación. El señor Ministro de Gobierno, en declaraciones a los medios de comunicación, expresó que esa fue la razón que movió al Jefe del Estado para dejar marginado a mi partido del acuerdo de las noches del jueves y viernes pasados. Me enaltece saber que porque propuse al pueblo como único árbitro para legitimar lo que implicaba ruptura del Estado de Derecho que es fundamento de nuestra democracia, y el saber que no me prestaría a que por las vías de hecho aquella se consumara, fue lo que determinó esa actitud. Hay razones que por contraste enriquecen un patrimonio de virtudes.

Consecuente con mis profundas creencias en una democracia basada en el principio tutelar de la separación de los poderes para que cada uno de ellos sirva de control al otro, consigno mi más rotundo disentimiento con la dictadura que fuere pactada por ocho meses en documento que firmara el propio gobernante, y en el que con el título de presidentes, sin mandato alguno delegado de nuestra Asamblea le validaran, para que esta luego cumpliera el rito de ratificar acto tan contrario a la voluntad que le dio el pueblo de fortalecer y no recortar el equilibrio de los órganos del Estado.

A lo que cabría agregar que con el Congreso en receso, suprimidas a la Corte Suprema de Justicia las funciones de control constitucional y transferidas a una Corte diferente todavía en gestación y respecto de la cual el mandatario participará en su integración, con un Consejo de Estado despojado de funciones en el examen de los actos administrativos, y una Procuraduría General de la Nación virtualmente en interinidad, los controles al Ejecutivo serían casi inexistentes, carecería el Ejecutivo de un fiscal de la nación. Poderes además concentrados en tan inquietante extensión en un período en que ha sido llamado el país a elegir un nuevo parlamento. Amigos constituyentes, no empañen el cristal en que hasta ahora se han reflejado las deliberaciones de la Asamblea con un final que implique que por obra suya entra de nuevo el país en un absolutismo sin límites en unas solas manos, por rectas que se suponga que ellas sean! No hay tentación más peligrosa para quienes ejercen el mando. Jamás podría solidarizarme con ese proceder de este supremo cuerpo que si bien no es omnipotente sí es soberano.

Se equivocan quienes creen que mi partido con sus 150 años de historia, y de buena historia, forma parte del cortejo de ideologías para las que están sonando las últimas campanadas. Ahí está mi colectividad con todo su vigor, con sus congresistas, sus 400 o más alcaldes, sus miles de concejales y diputados, y los dos millones setecientos mil votos que se colocaron en las urnas después de haber pasado el desierto calcinado por la pasión sectaria del gobierno de partido. Las últimas elecciones, bien lo reconozco, constituyeron deprimente veredicto, pero en ellas se reflejaron situaciones más de índole coyuntural.

La Constituyente, no obstante iniciales manipuleos de tipo burocrático y de preeminencias, ha sido un foro de consenso, y de ahí nuestra decepción de que fuera convertido por el acuerdo signado por quienes se suponen debían tener la personería de todos sus miembros, en un escenario de disentimientos. Todo indica que en este tramo final se buscará una carta imagen de grupos, pero ausente de su sello auténticamente nacional. He reflexionado con mi propia conciencia en estos días, con el obvio recuerdo de lo que el país me ha entregado como honores, responsabilidades y confianza, y he llegado a la convicción de que si quiero ser leal con lo que creo de mi nación y muchos de mis compatriotas creen de mí, con lo que han sido los compromisos con mi partido, lo que debo como legado a los míos, y ese sagrado deber de estar en conformidad con mi espíritu, ello me obliga a resignar mi investidura de constituyente, como en efecto lo hago, en nota que dejo en manos de la secretaría de la corporación. Mal podría rubricar con mi firma en una nueva Carta la desintegración de un orden que debe ser reformado, pero no destruido en un mundo que está de regreso a los valores que a lo largo de su historia han inspirado nuestra República.

He pedido a mis compañeros del PSC en este cuerpo que más allá de la solidaridad y comunión de principios que me han manifestado, se mantengan en las deliberaciones finales prestando su concurso activo y vigilante, con el fin de que nuestra colectividad no esté ausente del proceso en que han comprometido su entusiasmo, sus inteligencias y su imaginación creadora.

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