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EL TITANIC DEL MAGDALENA

EL TITANIC DEL MAGDALENA

Cuando los rayos del sol del mediodía se posen sobre el valle medio del Magdalena, una muchedumbre de barramejos se agolparán hoy en el muelle del puerto petrolero para pelear un cupo en el primero de los tres recorridos de La Marcela , la embarcación que desde hace seis domingos se convirtió en el Titanic que añoraban las familias para surcar el río.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
15 de junio 2003 , 12:00 a. m.

Cuando los rayos del sol del mediodía se posen sobre el valle medio del Magdalena, una muchedumbre de barramejos se agolparán hoy en el muelle del puerto petrolero para pelear un cupo en el primero de los tres recorridos de La Marcela , la embarcación que desde hace seis domingos se convirtió en el Titanic que añoraban las familias para surcar el río.

Esta nave terminó su contrato exclusivo para transportar a los trabajadores de Ecopetrol, que tenía firmado desde que fue armada hace 15 años, y ahora en su silletería ya se pueden movilizar desde niños de brazos hasta jóvenes y ancianos, aligual que perros y micos.

Como si se tratara de una auténtica réplica del famoso barco inglés que se hundió tras chocar contra un témpano de hielo, para subirse a La Marcela hay que hacer una larga fila en el muelle para disfrutar de un trayecto que va hasta Puerto Yondó, un corregimiento situado en la punta noreste de Antioquia, y que regresa a esta ciudad dos horas después.

En su interior no hay puestos especiales dependiendo del estrato social. Los ocupantes pagan únicamente 2 mil pesos para entremezclarse al son de un potente equipo de música de 5 mil vatios que emite rock pesado y en español, rancheras, salsa clásica y que, por unos minutos, deja oír la suave melodía de la cantante Celine Dion que inmortalizó una película protagonizada por el actor Leonardo di Caprio.

A 11 kilómetros por hora, con cuatro baños, una planta de energía de 12 kilovatios y un bar en el que se consiguen empanadas, mentas y caramelos, los ocupantes dedican este paseo para ver las exuberancias del Río Grande de La Magdalena, pero también lo aprovechan para calmar el sofoco con cerveza o aguardiente. En un viaje, en promedio, se alcanzan a vender cinco canastas de cerveza y, en ocasiones, La Marcela tiene que parar en medio de su recorrido para abastecerse deagriasi .

La brisa y el brillo del río ya han cautivado a los cerca de 1.200 viajeros que se han subido a esta nave construida por Cosme Madariaga hace 15 años y que, luego de su corazón dejó de latir, fue heredada por sus ocho hijos.

Este viejo lobo del río, oriundo de Bocas del Carare, fabricó La Marcela pacientemente en su astillero, con la ayuda de 35 hombres, sin saber que se iba a convertir años después en una joya en la que se han realizado matrimonios y encuentros sociales del jet set criollo. Además, los pasajeros le han tomado tanto interés que muchos padres de familia llevan cámaras de vídeo y de fotografía para dejarle un recuerdo del viaje a sus futuras generaciones.

Severino Arboleda, el único piloto de esta embarcación, señala que La Marcela es también el crucero del amor. "Aquí se sube uno y bajan dos", exclama este conductor, que no suelta el timón desde las 12 del día hasta las 6 de la tarde, tiempo en el que se hacen los tres recorridos.

Una grata diversión.

Es tanto el desparpajo que, por un altavoz, un compañero de Severino suele advertir a los que no bailan que los pueden botar al río. Jorge Silva, un estilista de 22 años, dice que el paisaje que se ve desde La Marcela es hermoso. "Nos hacía mucha falta este tipo de entretenimiento. Desde este sitio uno puede ver la otra cara de Barrancabermeja".

Hernán Zea, un caleño pensionado de Ecopetrol, asegura que a través de ella también se puede observar la imponencia del río que, con su esplendor, resalta la bandera de Colombia que ondea en la parte alta de la embarcación.

Una de las hijas de Cosme, y socia de La Marcela, señala que la crisis económica los obligó a utilizar la gran lancha para hacer turismo. "Nosotros buscamos que la gente se divierta y la pase sabroso. Es un viaje muy económico que estamos promocionando con la idea de que rescatemos el río y nos siga encantando como siempre", expresa Alicia.

A la par que crecen sus usuarios, unos pasajeros ya están pidiendo que para la venta de boletas se acondicione un lugar especial en el muelle para evitar que, por los empujones en las filas, alguien termine de cabeza en el río.

"Deberían adecuar un lugar para eso porque ahora todas las personas queremos salir a pasear y lo que menos queremos es que se presenten incomodidades o accidentes", expresa Juan de Dios Rincón, un taxista barramejo. El parecía un niño al que le regalaron el mejor dulce cuando, el pasado fin de semana, se subió a La Marcela y vio caer el atardecer rojo y violeta que adorna en las tardes el cielo azul del Magdalena.

UN BARCO ETERNO.

Alfredo Serrano, de la Corporación Autónoma del Río Grande de La Magdalena (Cormagdalena), cuenta que La Marcela fue utilizada el año pasado durante la Maratón Náutica Yuma 2002 y que, cuando llegaron a Cartagena, procedentes de Puerto Triunfo, todos en la bahía la miraban con sorpresa. "La ven como si fuera un carrito viejo, de esos antiguos, pero bien conservados. También la adecuamos para acondicionar el museo del río de Honda (Tolima)".

Serrano dice que, por su capacidad y seguridad, la han empleado para devolver los desplazados de Barrancabermeja al sur de Bolívar y para transportar misiones humanitarias a esa región, como sucedió con una caravana internacional hace un par de años. "Es la más famosa y es el testimonio más vivo del resurgir del río".

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