BOSA, 50 AÑOS DE INDIFERENCIA

BOSA, 50 AÑOS DE INDIFERENCIA

Desde el año 1946 se venían haciendo intentos porque Bogotá fuera erigida Distrito Especial, pero la falta de voluntad política lo impidió. Entonces, Bogotá tenía algo más de un millón de habitantes y 1.231 kilómetros de extensión, a los que se sumaron 627 más de los nuevos territorios. Estas localidades cumplirán 50 años en los próximos meses, por eso EL TIEMPO inicia hoy una serie de reportajes sobre lo que significó ese cambio para ellas y para la ciudad. Comenzamos con Bosa.

06 de julio 2003 , 12:00 a.m.

Desde el año 1946 se venían haciendo intentos porque Bogotá fuera erigida Distrito Especial, pero la falta de voluntad política lo impidió. Entonces, Bogotá tenía algo más de un millón de habitantes y 1.231 kilómetros de extensión, a los que se sumaron 627 más de los nuevos territorios. Estas localidades cumplirán 50 años en los próximos meses, por eso EL TIEMPO inicia hoy una serie de reportajes sobre lo que significó ese cambio para ellas y para la ciudad. Comenzamos con Bosa.

Mientras asiste a las exequias de los últimos siete jóvenes que aparecieron muertos -según ella por una limpieza social- Hilda González recuerda con nostalgia los tiempos de mediados del siglo pasado, cuando Bosa era un apasible municipio de Cundinamarca.

Los ojos de esta mujer de 71 años, nacida y criada en una casa ubicada en el marco de la plaza central, han visto pasar la historia de Bosa, que en los últimos 50 años dejó de ser uno de los sitios de veraniego preferido por los chapinerunos, y se convirtió en símbolo de pobreza, deterioro ambiental, abandono estatal, marginalidad e inseguridad.

Lo que más extraña Hilda es la tranquilidad. "Esto era muy sano. Uno podía ir por los caminos a cualquier hora y nada pasaba". Hoy todo ha cambiado. El año pasado, la Policía reportó 153 muertes violentas en la localidad, de las cuales 99 fueron homicidios y 16 suicidios. Hubo 678 casos de lesiones personales, 226 asaltos a personas, 91 a residencias y 83 a centros comerciales y se robaron 111 vehículos y 47 motos.

El de mediados del siglo XX era un municipio de no más de 20 mil habitantes dedicados a la agricultura de subsistencia. La de hoy, es la localidad séptima del Distrito, con más 450 mil residentes, el 95 por ciento de estrato 2.

Hilda siempre ha estado vinculada a la vida de Bosa. A los 6 años ella y su hermano eran acólitos. Nunca ha dejado de colaborar con el párroco de turno en la iglesia de San Bernardino, un monumento nacional símbolo de una Bosa que ya no existe.

La transformación tuvo su origen en 1954, cuando por decreto Gustavo Rojas Pinilla anexó a Bosa -y cinco municipios más- al Distrito Especial. La población perdió autonomía, presupuesto y, por su puesto, su alcalde.

"De la anexión fue buena la llegada del acueducto", recuerda Hilda. Pero la dicha no fue para todos, porque mientras en el marco de la plaza durante décadas no pasó nada, en los alrededores el caos urbano iba arrasando con todo. Urbanizadores piratas, amparados en la falta de control y muchas veces en la negligencia y complicidad de las autoridades, sembraron los campos de vivienda sin servicios, a partir de la década de los 80. Ni las rondas de los ríos Tunjuelito y Bogotá se salvaron de la catástrofe, que comenzó a hacerse visible en épocas de invierno, cuando las inundaciones por falta de alcantarillado mantuvieron a la población en estado de emergencia.

"Bosa era el mejor lugar para descansar -asegura Hilda-. Con decirle que aquí traían a los niños enfermos de tosferina desde Bogotá porque había mucho árbol de eucalipto y eso era bueno para la salud". Hoy, comenzando el tercer milenio, es una de las localidades con menos zonas verdes y con más contaminación. Las infecciones respiratorias agudas están entre las causas más comunes de enfermedad y mortalidad en la población infantil y mayores de 60 años.

Durante los 80, los 90 y aún hoy, los habitantes de Bosa han tenido que vivir entre lodazales y respirar polvo en las temporadas de verano. La falta de redes de acueducto y alcantarillado frenó por dos décadas la construcción de pavimentos y vías.

Jaime Enrique Páramo Barragán - alcalde menor de la zona en el gobierno de Hernando Durán Dusán- piensa que a Bosa le hubiera ido mejor si no se hubiera anexado al Distrito. "Usted puede ver las calles totalmente destruidas y un tráfico pesado y enorme porque la población aumentó de manera desproporcionada". Hoy por la localidad cruzan 150 rutas de buses legales y un sinnúmero de piratas.

Solo a comienzos de los 90 Bosa sintió que existía para Bogotá. Entre 1993 y el 2002 el Acueducto invirtió 124 mil millones de pesos en redes matrices de agua y alcantarillado, estaciones de bombeo y redes locales y domiciliarias. Pero hay sectores donde el tiempo parece haberse detenido, como en la vereda de San Bernardino, donde todavía el agua se toma de la pila y el alcantarillado no ha llegado. Allí aún viven descendientes directos del que fuera el poblado indígena más importante después de Bacatá: Neuta, Chiguasaque y Tunjo son algunas de las familias agrupadas en el cabildo indígena de la localidad.

Matilde Cobos de Neuta, por ejemplo, es una matrona de 80 años, viuda desde hace 40, que vive en una casa de bahareque, troncos y guaduas que construyó con su marido. Solo estudió la primaria porque dedicó su vida a criar 15 hijos y más de 40 nietos. Nunca ha salido de la vereda y ya no le interesa hacerlo. En ese pedazo de territorio que comparte con su familia, la vida es igual que hace 50 años. Solo que ya no hay sembrados para sobrevivir.

En sus buenas épocas, Bosa producía 20 toneladas de legumbres. Esos tiempos quedaron en la historia y hoy los hijos Neuta Cobos tienen que rebuscarse la vida como soldadores o vendedores.

La Bosa de hoy está a punto -en diciembre- de tener agua potable para todos sus habitantes. Tiene un 95,5 por ciento de cobertura de alcantarillado sanitario y un 90,5 por ciento de pluvial. Cuenta con 38 colegios públicos y 191 privados, donde estudian 102.388 niños. El fondo local esta ejecutando obras viales por 5.768 millones de pesos.

Daniel Portillo, médico veterinario de 69 años que ha vivido toda la vida en Bosa, lamenta la imagen lastimera que se proyecta de la localidad frente al resto de la ciudad. "Aquí se respiraba cultura, se establecieron colegios importantes como el Claretiano y el nivel de vida era bueno", asegura.

Hoy en Bosa predomina el uso industrial y comercial, donde la población vive del comercio y la informalidad. El 80 por ciento de las viviendas son casas y menos de la mitad de los residentes son propietarios.

La alcaldesa, Mercedes Del Carmen Ríos, piensa que el futuro de la zona será mejor. "Hoy Bosa se siente más parte de Bogotá" -advierte-. Tiene el mayor banco de tierras del Distrito, con desarrollos importantes como la Ciudadela El Recreo con 21 mil soluciones de vivienda".

Una cruz, enclavada en la plaza central, frente a la Iglesia de San Bernardino, recuerda que Bosa fue un punto importante de la historia de Bogotá. En el lugar -cuentan los historiadores- se reunieron en 1538 Gonzalo Jiménez de Quesada, Nicolás de Federmán y Sebastián de Belalcázar para repartirse el territorio recién conquistado.

Hoy, después de medio siglo de indiferencia, en Bosa solo quieren una conquista: quitarse de encima el estigma de la marginalidad.

Bosa en cifras.

Extensión: 2.700 hectáreas.

Límites: Kennedy, río Tunjuelito, Autopista Sur, Soacha, río Bogotá, Mosquera.

Población: 450 mil habitantes.

Barrios: cerca de 300 barrios en 2853 hectáreas.

Presupuesto: 23 mil millones de pesos.

Viviendas: 84.864 y 228.185.

Densidad: 270 habitantes por hectárea (la ciudad tiene 180).

Pobreza: 27 por ciento de la población con necesidades básicas insatisfechas.

Inversiones.

El Instituto de Desarrollo Urbano está ejecutando obras por más de 100 mil millones de pesos en: desmarginalización de barrios, pavimentos locales, grandes avenidas como la Villavicencio, Ciudad de Cali yTintal, la troncal y el Portal Américas de TransMilenio.

FOTOS:.

Camilo George/EL TIEMPO.

John W. Vizcaino/EL TIEMPO

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