Secciones
Síguenos en:
LA EDUCACIÓN PRODUCE MUCHA NOTICIA

LA EDUCACIÓN PRODUCE MUCHA NOTICIA

No siempre la abundancia es fácil de sobrellevar, y esto no solo vale para los pobres ricos a quienes no alcanzan ni el tiempo ni la imaginación para hacer buen uso del dinero que la Providencia les da con tanta generosidad, sino que también se aplica a la cantidad de temas que surgen cada quince días cuando se intenta escribir una columna en el periódico.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
17 de junio 2003 , 12:00 a. m.

No siempre la abundancia es fácil de sobrellevar, y esto no solo vale para los pobres ricos a quienes no alcanzan ni el tiempo ni la imaginación para hacer buen uso del dinero que la Providencia les da con tanta generosidad, sino que también se aplica a la cantidad de temas que surgen cada quince días cuando se intenta escribir una columna en el periódico.

En esta semana aparecen varias cosas que merecerían comentarios juiciosos, porque todas son de gran importancia para el país.

En primer lugar, el Ministerio de Educación distribuyó en forma masiva una versión sencilla de los estándares de lenguaje y matemáticas, a fin de que padres de familia y ciudadanía en general tuvieran acceso a lo que se desea que consigan los niños y niñas colombianos durante su paso por la escuela básica y media. Esta no es una noticia trivial, ni un folletín de propaganda oficial: es la primera vez que el Estado coloca en manos de la ciudadanía la ruta de aprendizaje que deben seguir las nuevas generaciones. Y algo así no debería pasar inadvertido. Sería muy interesante conocer la reacción de políticos e intelectuales, de científicos e industriales, de jóvenes y maestros sobre el tema, y animar así un gran debate nacional que nos lleve hacia un concepto mucho más global que es el de competencias para vivir.

En un país en el cual la vida se ha hecho difícil por tantos motivos, es importante que la escuela ayude a desarrollar competencias personales, tanto intelectuales como afectivas, que tienen que ver con la salud mental, la convivencia, la capacidad de relaciones amorosas y el cultivo de la confianza mutua y la esperanza en el futuro. Desde luego que el lenguaje, la matemática, las habilidades científicas y la capacidad de comprensión racional de los fenómenos sociales son instrumentos fundamentales para el progreso individual y colectivo, pero por desdicha no son suficientes si no se fortalece el espíritu y se construyen profundas convicciones que animen la búsqueda de mejores formas de vivir la vida.

Muy cerca de la divulgación de los estándares, en tanto que ambas tienen que ver con la pedagogía de la ciencia y la tecnología, hay otras dos excelentes noticias: el Premio Iberoamericano concedido a Maloka y el Foro Distrital sobre Enseñanza de la Ciencia, que se celebra esta semana. El premio es un reconocimiento a una literal utopía: hace apenas cinco o seis años, Maloka era algo que existía con enorme presencia en ninguna parte: estaba en el deseo de un grupo de personas convencidas de que cuando los deseos se alientan con fuerza y persistencia no tienen más remedio que volverse realidad.

Me encantaría mencionar a cada una de esas personas que nos han ayudado a todos los colombianos a mantener la esperanza cuando todo parece perdido, pero seguro de que las omisiones serían ofensivas. El Foro, por su parte, es supernoticia, no solo por la temática y la calidad de los invitados nacionales e internacionales, sino porque ratifica la importancia de cumplir con esta obligación que la Ley 115 del 94 impuso a las administraciones territoriales y que fue simplemente eludida en los últimos años, porque a quienes correspondía convocar la discusión pública se les pasó el tiempo o no les pareció importante.

Finalmente, sigue moviéndose la marea en la Universidad Nacional por el nombramiento de Marco Palacios. Da tristeza, porque muestra qué inmaduro es el centro académico más destacado del país para enfrentar los retos de la democracia, para respetar las reglas del juego que no han podido aceptar muchos miembros de la ilustre comunidad académica, a pesar de que se definieron allí mismo, amparados en la cacareada autonomía. Es triste la posición de un rector que no quiere irse y se vale de interpretaciones amañadas de una normatividad que él más que nadie debería conocer porque en ella fundó sus dos períodos de gestión. Por desgracia, lo de la Nacional no es exclusivo: aún está pendiente un debate serio sobre la ingobernabilidad que generó la Ley 30 en las universidades públicas.

frcajiao@yahoo.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.