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CAMBIOS SE PONEN A PRUEBA

CAMBIOS SE PONEN A PRUEBA

El Congreso de la República logró anoche lo que los últimos gobiernos intentaron en vano: aprobar una reforma política que modifica la Constitución Política para cambiar la organización de los partidos y algunas de las reglas de juego para acceder al poder. Y lo hizo solo, sin la ayuda del Gobierno.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
18 de junio 2003 , 12:00 a. m.

El Congreso de la República logró anoche lo que los últimos gobiernos intentaron en vano: aprobar una reforma política que modifica la Constitución Política para cambiar la organización de los partidos y algunas de las reglas de juego para acceder al poder. Y lo hizo solo, sin la ayuda del Gobierno.

A partir de hoy, los congresistas pondrán a prueba su prestigio, pues su suerte queda atada a los resultados que produzcan en las próximas elecciones los cambios aprobados anoche. Cambios que, en algunos casos, el Gobierno no compartió y trató de frenar.

Los pronósticos sobre los resultados que tendrá esta reforma no son unánimes. Están los optimistas, como Darío Martínez, Héctor Helí Rojas y Rodrigo Rivera, autor del proyecto, que hablan de un fortalecimiento de los partidos y de un régimen de financiación de campañas más transparente.

Pero también están los pesimistas, como Rafael Pardo y Antonio Navarro, quienes advierten que lo aprobado es un catálogo de beneficios para los actuales legisladores, que profundizará la política individual.

Lo que cambia.

Quienes defienden la reforma sostienen que el efecto inmediato será el regreso a los partidos políticos de quienes durante años aprovecharon su condición de disidentes para llegar al poder. La razón? El nuevo cambio constitucional exige que para tener derecho a un puesto en el Congreso, cada lista deberá obtener un dos por ciento de los votos válidos emitidos (umbral electoral).

Esto quiere decir que cada partido que desee sentarse en el Congreso deberá obtener más de 200 mil votos en una elección en la que participen 10 millones de colombianos, de lo contrario recibirán un portazo en sus narices.

Así con esta figura del umbral electoral y con otros mecanismos como la cifra repartidora, el cual reemplazará al actual sistema de asignación de curules llamado cuociente y residuo, los defensores de la reforma dicen que quieren enterrar figuras como la Operación avispa , los barones electorales y las micro empresas electorales , que han desacreditado la política colombiana en los últimos años.

A la agrupación, el senador Rivera anota otros efectos: la pérdida de la investidura para quien viole los topes de campaña, un tema que se había aplazado desde el escándalo del proceso 8.000, y las sanciones para quienes no acaten las orientaciones de su partido, disposición que busca acabar con el lentejismo , práctica que surgió en la época del ex presidente Enrique Olaya Herrera (1930-34) y que consiste en dejar la oposición para dejarse seducir por el Gobierno de turno.

Para los críticos, lo aprobado anoche producirá en el sistema político un caos peor que el actual. El senador Rafael Pardo cuestiona que la mayoría de los congresistas hayan aprobado la lista única con voto preferente, sistema que permitirá al elector votar por el candidato de su preferencia en la lista que presente un partido.

En observación.

Pardo y Navarro sostienen que esto profundizará aún más la política individual, propia de la Operación avispa , pues cada candidato se preocupará más por marcar la diferencia entre sus propios compañeros del propio partido, que por defender las tesis de la colectividad, para hacerse notar entre los electores.

Pardo dice, además, que la reforma no tiene presentación y va en contravía del Referendo, pues mientras en este se propone un recorte fiscal que congela salarios y pensiones, en la reforma se aprobó triplicar los gastos de financiación que el Estado le da a los partidos. Navarro, a su vez, insiste en que el tarjetón electoral desaparecerá con tanto candidato participando por cada partido.

Todos estas razones promovieron la aprobación de la reforma, pues es un proyecto a la medida de los congresistas, dicen Pardo y Navarro. En otras palabras, poco cambia. Pero otra es la visión de Rojas y el senador conservador Humberto Gómez Gallo: la reforma se aprobó para enviar a la opinión pública un mensaje de que el Congreso es autónomo frente al Gobierno. Así como Uribe tiene su Referendo, el Legislativo tiene su reforma, dice Gómez Gallo.

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