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LA DIALÉCTICA DEL VASO DE AGUA

LA DIALÉCTICA DEL VASO DE AGUA

Hasta el pasado miércoles 4 de junio el nombre de Over Jimmy Borda era completamente desconocido, con la excepción de sus familiares, de algunas personas vinculadas a la Academia y de los componentes de un organismo prodemocracia. Nadie tenía noticia de este sociólogo inconforme, quien saltó al conocimiento del país entero gracias a un episodio insólito que lo catapultó a la fama hasta el punto de convertirlo en personaje de primera línea noticiosa en los medios nacionales e internacionales.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
10 de junio 2003 , 12:00 a. m.

Hasta el pasado miércoles 4 de junio el nombre de Over Jimmy Borda era completamente desconocido, con la excepción de sus familiares, de algunas personas vinculadas a la Academia y de los componentes de un organismo prodemocracia. Nadie tenía noticia de este sociólogo inconforme, quien saltó al conocimiento del país entero gracias a un episodio insólito que lo catapultó a la fama hasta el punto de convertirlo en personaje de primera línea noticiosa en los medios nacionales e internacionales.

Este Over Jimmy se hizo presente en la sala de audiencias de la Corte Constitucional en donde con la asistencia del Presidente, el Procurador, Magistrados, constitucionalistas, dirigentes sindicales y el inefable superministro del Interior y Justicia, Fernando Londoño, se discutía en audiencia pública los temas atinentes a la constitucionalidad, bondades y vicios de la famosa Ley del Referendo.

Cuando el doctor Londoño procedía a iniciar su erudita aunque sofista exposición, el sociólogo Borda arrojó el contenido de agua (o jugo de lulo) sobre la humanidad del ampuloso superministro. El incidente, cómo no? produjo el justificado rechazo no solo de los asistentes al foro. El responsable del penoso incidente fue conducido a la Unidad Permanente de Justicia y sancionado con arresto de 24 horas y la consabida reprimenda a la cual se unieron la prensa y los diferentes círculos ciudadanos. El sociólogo recibió los calificativos de irrespetuoso, atrevido, insolente y hasta de desadaptado.

Sería muy difícil identificar los motivos que tuvo el señor Borda para actuar con semejante osadía para con un miembro del gabinete ministerial. Se nos antoja que el profesional en su afán de protestar contra el Referendo y contra el propio Londoño, se dejó llevar por el complejo de Erostrato, aquel fanático que para conquistar la inmortalidad y la fama redujo a cenizas el templo de Diana de Efeso, por allá en el año 356 antes de nuestra era.

El episodio de la Corte le hizo recordar al país un acontecimiento similar protagonizado por el doctor Antanas Mockus hace algunos años, cuando en un debate entre candidatos presidenciales le arrojó al rostro de uno de sus rivales, el doctor Horacio Serpa, un vaso de agua. En ese entonces la prensa señaló que esta actitud era una genialidad y una gracia especial del hoy Alcalde de Bogotá. Los malquerientes del excandidato Serpa disculparon al doctor Mockus y justificaron su proceder calificándolo como una acción inteligente, original y simbólica.

Como todo tiene el color del cristal con que se mira y de la condición del protagonista de los hechos, el propio Mockus ante una silbatina de sus alumnos hace algunos años se bajó los pantalones para exhibirles sus desnudeces. Muy pocas personas censuraron al profesor Antanas y fue tanta la aquiescencia de parte del país que el entonces rector de la Nacional fue premiado con su primera elección como Alcalde de Bogotá.

Estas contradicciones me recuerdan a un padrino mío, pastuso por más señas, quien solía afirmar, "los humildes no tenemos derecho a cambiar de partido porque nos califican de tránsfugas, "voltiados" y "patiamarillos"". En cambio si se "voltea" un poderoso agregaba mi padrino- todos lo alaban como genio y estrategia insigne de política.

Pienso que el sociólogo Borda quien es egresado de la Universidad Nacional, presumiblemente aprendió allí, de su maestro y rector Antanas Mockus, la dialéctica del vaso de agua (o de jugo de lulo) y de pronto la de los pantalones caídos.

*Ciudadano sogamoseño.

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