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VECINOS DE COLOMBIA: QUÉ PASA

VECINOS DE COLOMBIA: QUÉ PASA

En menos de cuatro meses, las relaciones de Colombia con sus vecinos han cambiado de panorama. El intento de golpe en Venezuela y la decisión del peruano Alberto Fujimori de instaurar un régimen de facto han puesto a nuestro país a replantear sus estrategias frente a los vecinos. La política de Colombia durante los últimos años con respecto a Venezuela, Ecuador, Perú (socios andinos) y frente a Brasil y Panamá ha estado centrada durante las últimas administraciones en fortalecer sus relaciones económicas, más cuando se impone la filosofía de la apertura.

Los viejos problemas fronterizos (salvo Venezuela) han pasado a un plano tan secundario, que el plan quinquenal para las Fuerza Armadas a partir de 1992 prácticamente relega el tema de la seguridad externa (menos pie de fuerza y menos recursos para la Armada y la Fuerza Aérea) para darle prioridad al problema interno generado por la guerrilla.

Cuál es la situación colombiana frente a sus vecinos tras los nuevos acontecimientos? EL TIEMPO dialogó con fuentes oficiales y con el experto en asuntos internacionales de la Universidad de los Andes, Juan Tokatlián, para hacer un repaso fronterizo.

De allí han salido varias conclusiones. Por ejemplo, la necesidad de Colombia de apoyar intensamente al Gobierno venezolano; buscar un nuevo marco de entendimiento con Panamá; fortalecer las relaciones con Ecuador y estar muy atento a los sucesos en el Perú.

Según Tokatlián, los nuevos hechos que se están registrando en la vecindad hacen más apremiante que nunca la búsqueda a una solución negociada con la guerrilla colombiana. La incógnita venezolana Paradójicamente, mientras aumenta la integración económica entre las dos naciones, han crecido los riesgos para la seguridad colombiana. El frustrado golpe militar del 4 de febrero dejó al descubierto la existencia de una corriente ultranacionalista que en sus justificaciones para alzarse invocó las negociaciones sobre el diferendo limítrofe. Alegaron que ese diálogo presentaba amenazas para la soberanía venezolana.

El Movimiento Bolivariano, encabezado por el teniente coronel Hugo Chávez, se opone a cualquier negociación con Colombia. Esa actitud militarista ha causado intranqulidad en diversos sectores colombianos que temen que ese grupo logre consolidarse y convertirse en opción de poder. Más aún cuando las últimas encuestas les señalan un alto grado de apoyo, aunque esas simpatías sean principalmente por su posición crítica frente al Gobierno en materias como la corrupción, la política económica y la miseria creciente.

Este peligro sería mayor si en los últimos años no hubiera surgido en Venezuela una corriente influyente en favor de una mayor cooperación e integración con Colombia. De ella hacen parte dirigentes de los sectores industrial, comercial y financiero. Una prueba de ese interés se vio con la presión que ejercieron sobre el Gobierno de ese país para que se publicara el decreto sobre el arancel externo común.

Hay por lo menos 60 empresas venezolanas que tienen inversiones en Colombia, y la tendencia es aumentarlas. Mientras tanto, hay 50 empresas colombianas operando en Venezuela. Al final de este año se estima que el comercio bilateral será de mil millones de dólares, un incremento del 40 por ciento.

Este mejoramiento de las relaciones también se refleja en el estrechamiento de los vínculos entre la clase política y, más importante, entre las Fuerzas Armadas que adelantan operaciones conjuntas en la frontera y comparten información de inteligencia.

Esa colaboración es esencial, ya que la creciente actividad guerrillera en esa zona representa un peligro para ambas naciones. Algunos ganaderos han sido víctimas de los secuestros, mientras que Venezuela comienza a apreciar la creación de pequeños grupos subversivos.

Hay un consenso de que las dos alternativas fundamentales para garantizar una tranquilidad en ambos lados de la frontera son: fortalecer y acelerar la integración en todos los campos y respaldar el sistema democrático venezolano. De ahí la ofensiva diplomática del presidente Gaviria en favor de Pérez el día del golpe. Como dice Juan Tokatlián: Hay que bombardear las relaciones con actos de paz .

Queda un gran interrogante: quién remplazará en julio próximo al general Fernando Ochoa Antich en el Ministerio de Defensa? Ochoa jugó un papel clave en el sometimiento de los golpistas. La tragedia peruana A diferencia de lo que sucede con Venezuela, la frontera colombo-peruana es prácticamente muerta; no hay un diferendo limítrofe, y el intercambio comercial con Perú es menor. Por qué, entonces, la preocupación por la situación actual peruana? Sendero Luminoso y el narcotráfico no son ajenos a Colombia.

Primero, porque Sendero es la guerrilla latinoamericana que más avances ha logrado en los últimos años (su accionar es notorio en Lima). Segundo, porque hay indicios de contactos entre senderistas y la guerrilla colombiana. Por ejemplo, el jefe del Comando Unificado del Sur, Campo Elías Ahumada Contreras, denunció el jueves pasado la presencia de subversivos peruanos en Leticia y Tabatinga. Tercero, por la comunidad de intereses que mantiene Sendero con los cultivadores de hojas de coca en el valle del Alto Huallaga.

Con respecto al narcotráfico hay preocupación en algunos medios colombianos de que la decisión de Fujimori de darle prioridad a la guerra contra Sendero afecte la lucha contra la droga en ese país. No se descarta que en ese afán por derrotar a los senderistas se pueda repetir la historia que se vivió en Colombia en el Magdalena Medio donde algunos sectores del Ejército terminaron haciendo alianzas militares con narcotraficantes. El asesor antidroga de Fujimori, Hernando de Soto, renunció en enero tras denunciar lazos de ese tipo.

Al bajar Perú la guardia en ese frente, Colombia perdería un aliado clave en su lucha contra el tráfico de narcóticos. Es tan fluctuante la situación en esa nación, que el Gobierno colombiano no ha tomado una decisión firme y pública frente a la crisis como ya lo hicieron Estados Unidos, Venezuela y Argentina. La razón es clara: esos países no son vecinos de Perú. Además, Colombia ha hecho uso de su tradicional cautela, máxime cuando tiene intereses tan importantes.

Comercialmente ya hay roces entre los dos países. La decisión de Fujimori de desconocer acuerdos arancelarios del Pacto Andino medida proteccionista puso en jaque la integración en la subregión. Por algo se contempla intensificar aún más el papel del Grupo de los Tres (Colombia, México y Venezuela) como una alternativa al debilitamiento del Pacto.

Perú, además, plantea hoy un problema para el Grupo de Rio. No hay que olvidar que el origen de ese bloque latinoamericano fue la defensa de la democracia. Aunque como grupo suspendió a Perú, han actuado en forma muy disímil sus miembros, en particular Venezuela y Argentina, por un lado, México y Colombia por el otro. El dilema ecuatoriano Ecuador es la segunda frontera terrestre más activa que tiene Colombia. El comercio de productos agrícolas es intenso y hay una integración cultural entre los pueblos fronterizos. Aunque no hay litigios territoriales, la frontera ha generado tensiones en los últimos años por la creciente presencia de narcotraficantes como consecuencia de la política antidroga del Gobierno colombiano.

Esa emigración al sur se ha manifestado en la aparición de los nuevos ricos , como ocurrió en Colombia a finales de los años 70 y principios de los 80. Se habla incluso del peligro de la cocainización de la sociedad ecuatoriana, a menos de una década del agotamiento de las reservas petroleras en ese país.

Ante la situación que presenta hoy Ecuador, las relaciones con Colombia pueden tener un papel preponderante, a través de la intensificación del trabajo de las comisiones de vecindad y el fortalecimiento del libre comercio. Uno de los obstáculos actuales radica en la renuencia ecuatoriana a cumplir totalmente con los acuerdos andinos. Algunos sectores ecuatorianos se resisten por no considerar suficientemente competitiva su industria.

Es diciente el hecho que el presidente Rodrigo Borja hubiera dejado a su sucesor posiblemente Sixto Durán la decisión de adherir o no a las condiciones del Pacto. Durán, según sus planteamientos, parece estar en una tónica más aperturista que Borja. El puente panameño Muchos se han preguntado por qué Gaviria rompió el aislamiento del gobierno de Guillermo Endara en Panamá al visitarlo el mes pasado en la inauguración de una feria local. Simplemente, porque Colombia no podía seguir dándose el lujo de relegar a segundo plano a un socio con injerencia tanto interna como externa en el país.

Son innegables los lazos históricos que unen a la nación con el istmo: Panamá perteneció a Colombia hasta 1903; hay una gran colonia de colombianos residentes allí; comercialmente hacemos uso de sus aguas para salir al Atlántico (embarques de Buenaventura) o hacia el Pacífico (embarques desde la Costa Norte) y hay gran capital colombiano en sus bancos.

Y está demostrado que la situación panameña repercute en Colombia. Durante el gobierno del general Manuel Antonio Noriega, guerrilleros y narcotraficantes encontraron en ese país un refugio. Se traficaron armas, se lavaron dólares y se permitió el montaje de laboratorios de coca. Según el Congreso de Estados Unidos, la salida de Noriega no puso fin a las acciones del narcotráfico ni tampoco estabilizó el país. Colombia tenía la opción de tener influencia o no tenerla en Panamá. Se dio cuenta de que era un costo demasiado alto no tenerla , dice Tokatlián.

Panamá es cada vez más importante para Colombia y viceversa. Quedan menos de ocho años para que Estados Unidos devuelva el canal como está estipulado en los tratados Torrijos-Carter. Colombia es garante de ese convenio. El creciente marginamiento de Panamá en el contexto latinoamericano lo haría más dependiente de Estados Unidos. Es diciente que un informe del Pentágono divulgado por The New York Times vuelve a colocar a Panamá como punto neurálgico para Estados Unidos, al lado de Corea del Norte, Arabia Saudita y el Oriente Medio.

Mientras tanto, Panamá podría servirle a Colombia como una cabeza de playa para incursionar con mayor peso en Centroamérica (zona de influencia mexicana) y en el Caribe insular (zona de influencia venezolana). En términos generales, a Colombia le conviene que Panamá resuelva su situación política interna y se acerque más a su vecino del sur. Logra así un aliado más consecuente en la lucha antidroga, un amigo en la salida hacia el Caribe y Centroamérica y un mayor control al tráfico de armas. El gigante brasileño Aparte de lo que pase con el café, los sucesos en Brasil o Colombia no hacen mayor eco en ambos países. La frontera, aunque considerable en extensión, es poco habitada. Los esporádicos incidentes que se presentan entre los garimpeiros (buscadores de oro brasileños) y colonos colombianos nunca han alterado las relaciones.

Brasil es importante para Colombia más en lo multilateral que en lo bilateral. En los foros ecológicos, el peso brasileño es significativo; el hecho de que comparten posiciones frente al mundo industrializado le puede traer beneficios como ayudas externas en defensa del medio ambiente, en particular la Amazonia.

Una eventual inestabilidad política en Brasil es mirada como un riesgo para todo el continente. Como dijo una vez el expresidente estadounidense Richard Nixon: Como va Brasil, va América Latina .

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