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92: AÑO DECISIVO

92: AÑO DECISIVO

Con la proclamación de una situación de período especial , la revolución cubana se enfrenta a la más aguda crisis de su historia al entrar en el año 33 de su existencia. Reducciones en el suministro de alimentos, cierre de fábricas y oficinas, envíos masivos de ciudadanos a la agricultura, límites al consumo eléctrico, aminoramiento de viajes en transportes urbanos, interprovinciales, aéreos, control estricto de medicinas, disminución de la transmisión televisiva; la economía cubana ha decrecido y sectores de la nación permanecen paralizados.

El deterioro progresivo aumenta la erosión política que se manifiesta en una baja de la productividad, apatía e irresponsabilidad de los funcionarios, creciente descontento en la población, incremento del inconformismo juvenil, una mayor conciencia crítica de los intelectuales y un aumento en las deserciones al exterior. Estos preocupantes síntomas indican la necesidad de profundizar los cambios en el modelo seguido hasta ahora que ha reproducido algunos rasgos del socialismo ortodoxo, el llamado socialismo real , que demostró en la Unión Soviética y Europa del Este ser impopular y económicamente ineficaz.

Algunos observadores han señalado la existencia de una corriente que pretende proseguir con un tipo de socialismo que se halla en tránsito hacia su desaparición. Otras fuerzas dentro de la revolución buscan la renovación. De acuerdo con los primeros, la sociedad cubana sería el último sostén de las ilusiones por alcanzar una utopía.

Es cierto que una buena parte de los cubanos asumiría las banderas de un prototipo que dejara atrás los moldes consumados para asumir un marco participativo, con mecanismos de gestión más ágiles. Pero ciertas zonas muestran síntomas de rechazo hacia un tipo de socialismo que ha demostrado su inoperancia, que ha mitigado la creatividad hasta retardar el ritmo del cuerpo social. Hay quienes no quieren asumir un modelo que tiene en sus antecedentes soviéticos violaciones de la legalidad socialista y un dogmatismo casi teológico, entre otras desviaciones.

El triunfo de la revolución cubana en 1959 engendró una inmensa capacidad creativa. Fue un instante de imaginación, de poesía, de liberación. En sus tres decenios de existencia la revolución ha dejado realizaciones de incuestionable importancia, ha transformado Cuba de una manera indeleble y ya no será posible involucionar, desde el hito en que se halla, al punto de partida. Ideales y lemas En su desarrollo, el proceso cubano ha transcurrido por diversas etapas. En los años 60 todas las utopías parecían alcanzables, se dio libre vuelo a la experimentación de estructuras organizativas, se cimentó la ideología, se asentó la identidad nacional, se fortaleció el espíritu de resistencia frente a los intentos de aniquilamiento desde el exterior. La cohesión política alcanzó climas de unanimidad. Grandes reformas económicas y sociales iniciaron el reinado de la justicia social.

Paralelamente se fue desarrollando un voluntarismo idealizante. Eran los años de lemas como siempre se puede más .

Parecía que la mente humana era capaz de doblegar las fuerzas de la naturaleza, que la fuerza de una idea podría unir los mares y trasladar montañas. El altruismo primordial del ser humano se confiaba prevalecería finalmente contra los egoísmos. Todas las metas morales parecían imposibles por distantes e inalcanzables que se ubicasen.

Se hablaba incesantemente de la aparición del hombre nuevo , cuya honestidad, conciencia, honor y sentido del deber alcanzarían una dimensión suprema, desplazando el afán de lucro, los apetitos terrenales y el individualismo. Un realista de la época bromeaba así: El hombre nuevo no estará listo en septiembre . Nunca, como entonces, la revolución se adornó con aspiraciones de patriótica honorabilidad y el perfil ético del verdadero revolucionario se acercó al de los cristianos primitivos.

Un partido revolucionario puede debilitar una sociedad cuando sus instituciones y cuadros se ciñen a ser mensajeros de consignas emitidas desde lo alto. Sobre todo si prescinde de su deber de observar la vida y deducir de la praxis sus normas de comportamiento, si olvida que toda ideología puede ser falible, si desconoce que ninguna doctrina monopoliza la verdad. Ese fue uno de los errores más costosos de los soviéticos.

La absorción de algunas de estas deformaciones en Cuba hacen perentoria una meditación profunda. Muchos estiman que ha llegado la hora de acceder a una más honda rectificación de rumbo. Pluralismo no significa necesariamente pluripartidismo. En Cuba, antes de 1959, existieron 14 partidos políticos que con sus mojigangas electoreras desacreditaron el sistema e hicieron mucho por preparar el camino a los cambios revolucionarios. Ninguna de aquellas agrupaciones tradicionales trabajó por la solución de los problemas nacionales, todos sus esfuerzos estaban encaminados a la lucha por el poder y al relevo de figuras del mismo corte en la conducción del Gobierno. El pluripartidismo sólo tenía por objeto el enriquecimiento personal a costa del erario público.

Ahora es evidente la necesidad de una apertura del espacio político, o sea, tolerar una pluralidad de ideas y escuelas de pensamiento, que surjan fuerzas autónomas con derecho a proponer vías alternativas al perfeccionamiento social. La necesidad de pluralismo implica la abierta expresión de corrientes representativas de doctrinas, creencias, ideologías diversas que tengan derecho a manifestar públicamente sus criterios. Un paso importante, en ese sentido, se ha dado con la aprobada admisión de los creyentes del partido.

La apertura traería aparejada una necesaria renovación de cuadros de dirección. No es posible que un mismo grupo de funcionarios, por muy virtuoso y esclarecido que sea pueda regir la vida de un país durante tres decenios. La caducidad natural y el deterioro vital conducen a la extenuación de métodos y al agotamiento de la capacidad de adaptación que requieren las situaciones de crisis.

En el orden de la ideología sería conveniente abrir un espacio para el diálogo y la discusión. Si se desea emerger del actual estancamiento, creando dispositivos para animar el flujo de ideas, es urgente establecer mecanismos de comunicación y difusión para intercambiar conceptos, iniciativas y para enriquecernos mutuamente con nuestra imaginación, dinamismo y vivacidad. Y desde luego, habría que adoptar medidas para erradicar los actos de repudio con el que se amedrenta a los discrepantes y de los cuales algunos sospechan que son oficialmente alentados.

Si la isla resiste esta etapa del llamado período especial habrá rebasado el punto de máxima debilidad del régimen, y los Estados Unidos habrán perdido la mejor oportunidad, en más de 30 años, de derrocar a la revolución.

No tendrán entonces otro camino que la avenencia. Algunos esperan que habrá un eclipse progresivo de las sanciones económicas y que lentamente el horizonte se irá abriendo. Los esperanzados ven el futuro de Cuba como un progresivo y suave encaje en el sistema latinoamericano. Los apocalípticos ven el derrocamiento del Gobierno por una oleada de indignación popular; avizoran incluso la devastación de una contrarrevolución con los excesos usuales del terror blanco Ahogar la producción Las posibilidades de que la revolución logre superar su actual crisis están relacionadas con la economía, sobre todo, aunque los factores políticos no son desdeñables. La dirección cubana responsabiliza en parte del actual trance al antiguo campo socialista que cesó sus suministros o los redujo dramáticamente y también se responsabiliza a las sanciones económicas norteamericanas. Es cierto que uno y otro han sido factores importantes en las duficultades presentes, pero también es cierto que el modelo socialista ha adoptado e impuso en ciertos sectores métodos que restringieron la libre respiración de los factores productivos. La planificación rígida desalentó la iniciativa individual y se incurrió en la dependencia casi exclusiva de la URSS y de los países del Este europeo para el comercio exterior, sosteniendo con ellos el 85 por ciento del intercambio.

Una parte de los problemas han sido causados por el infeliz Sistema de Dirección de la Economía. Por añadidura se opusieron soluciones políticas a los problemas económicos con la consiguiente cosecha de reveses. La economía moderna se basa en la especialización. El envío de funcionarios y estudiantes inexpertos al campo para que manipulen la agricultura no sustituye el estímulo a la productividad del campesino, que con una adecuada política de precios y un competente sistema de acopio quizás suplicaría adecuadamente las insuficiencias estatales.

El feroz bloqueo económico que EE.UU. ha tendido en torno a Cuba, ejerciendo intensas presiones contra todo aquel que trata de establecer un comercio normal con la isla, debe desaparecer. Nunca sabremos hasta qué punto las deformaciones del modelo soviético son causantes de los trastornos de la economía, ni hasta qué grado el estrangulamiento norteamericano de la economía es el causante de los males internos.

Otros estiman que la nueva dinámica económica traerá como consecuencia colateral el derrumbe de los muros de contención social; la agilización de la economía traería como consecuencia otro ritmo de la vida política cubana.

Debe tenerse en cuenta que las presiones del bloqueo económico, el hostigamiento beligerante de las fuerzas contrarrevolucionarias, el acoso político en el exterior, las campañas de tergiversaciones de los medios publicitarios han conducido a la merma del espacio político dentro de Cuba, porque las urgencias de la seguridad interior llevan a limitaciones de las libertades individuales. El surgimiento de un espacio democrático está muy relacionado con la hostilidad de EE.UU hacia Cuba. Esa agresividad ha actuado como un elemento de cohesión nacional.

El año 1992 corresponde a un período electoral en Estados Unidos y es poco probable que Bush arriesgue la pérdida de los votos de los cubanos de la Florida y de muchos republicanos, para quienes la agresividad contra la isla es una condición de la política exterior norteamericana. Solamente después de las elecciones cabría esperar que el nuevo Gobierno asuma la misma audaz sensatez de Henry Kissinger, cuando rompió años de distanciamiento y viajó a China para reanudar relaciones.

En todo caso, esa es la recomendación que el plan de Santa Fe II formuló al iniciarse el mandato de Bush: comenzar conversaciones incondicionales de alto nivel para normalizar los intercambios con Cuba (cuando cesaran los vínculos militares con la URSS, lo que está a punto de ocurrir) y preparar las condiciones para una nueva etapa histórica. Cambiar para preservar Es generalmente considerado que el último congreso del partido fue una corta respuesta a problemas de envergadura; se esperaban reformas más profundas y numerosas. La revolución ha dotado las posibilidades de sus estructuras y sistemas y se halla en el umbral de un cambio necesario, de una imprescindible revolución en la revolución .

Cada vez se define más dentro de las propias fuerzas revolucionarias, una zona de opinión que aspiraría a cambios para preservar el sistema: sectores de la burocracia, la intelectualidad científica, la tecnocracia, la intelectualidad artística y parte del nomenclátor (aparato), compartirían esa aspiración. El objetivo no sería un retroceso, como ocurrió en Europa del Este, sino una modificación de lo existente; no una abolición de la revolución sino su perfeccionamiento. En contra de esta tendencia está el ejemplo de Gorvachov, que comenzó intentando una reforma y terminó haciendo concesiones ilimitadas que liquidaron el sistema.

El Gobierno estima que la unidad de las fuerzas que lo apoyan es indispensable para la supervivencia en un instante de crisis. No faltan quienes piensan que la línea de rectificación más avanzada se mantiene latente, en espera de una coyuntura internacional (posiblemente una distensión con EE.UU.), para intentar una renovación del sistema.

Los llamamos grupúsculos de derechos humanos no tienen una base social ni son influyentes dentro de la comuniad; son cenáculos marginales que viven alimentándose de su propio activismo más que de un ascendiente que aún no han ganado, y una apertura sería el factor que aguardan para alcanzar sus objetivos.

Por otra parte, el Gobierno está equiparando, de manera creciente, las actitudes de inconformidad con las de abierta traición y si el descontento continúa con el agravamiento de las circunstancias económicas pudiera ser una táctica errónea que engrosaría las filas de los discrepantes, en un momento en que el diálogo y los pactos parecerían una vida más política e inteligente para la estabilidad.

Si en Cuba se desea preservar y mejorar lo que se ha alcanzado hasta ahora, muchos estiman que hay que realizar serias transformaciones. De no hacerlo así, si subsiste una prolongación de formas y métodos políticos y económicos fatigados, se corre el grave riesgo de comprometer las conquistas sociales y sufrir dramáticos retrocesos.

En 1992 se sabrá si la situación de la isla resistirá su difícil prueba. No hay mucho margen de espera; las definiciones están a la vuelta de la esquina: éste es el año decisivo.

(Tomado de Cambio 16 )

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