LA PAJA BLANCA

LA PAJA BLANCA

Quizás no exista nada tan manoseado en Colombia como la Paja Blanca. Y antes de que la imaginación morbosa de algunos lectores se aventure por atajos sospechosos aclaro que la Paja Blanca es un páramo del sur de Nariño, el más extenso del sur del país. Sus nacimientos de agua alimentan (de recurso hídrico , como dicen pomposamente los ecólogos alambicados) a 42 veredas de 7 municipios. Dicen que es el acueducto veredal más grande de Suramérica. Los municipios son: Ipiales, Pupiales, Sapuyes, Gualmatán, Iles, Contadero y Guachucal.

19 de agosto 2003 , 12:00 a.m.

Quizás no exista nada tan manoseado en Colombia como la Paja Blanca. Y antes de que la imaginación morbosa de algunos lectores se aventure por atajos sospechosos aclaro que la Paja Blanca es un páramo del sur de Nariño, el más extenso del sur del país. Sus nacimientos de agua alimentan (de recurso hídrico , como dicen pomposamente los ecólogos alambicados) a 42 veredas de 7 municipios. Dicen que es el acueducto veredal más grande de Suramérica. Los municipios son: Ipiales, Pupiales, Sapuyes, Gualmatán, Iles, Contadero y Guachucal.

Desde hace rato, que me conozco, vengo sabiendo de la manoseadera descarada y sospechosa que hacen todos los políticos de la región, en época electoral, utilizando la devastada Paja Blanca como reclamo para atraer votantes. El pobre páramo está presente en todos los planes promisorios de candidatos a alcaldías y concejos de la región. Los indignados y siempre amables habitantes de estos pueblos y veredas están hartos y furiosos con esos pícaros que se encaraman a los cargos públicos utilizando como escalón la Paja Blanca. Y gastan tinta y sobre todo dinero en planes, papeles, proyectos para salvar la dichosa Paja. Los dineros sí se esfuman y el páramo también.

Quiero hacer escándalo nacional con mi dolor (juro que se me venían las lágrimas) cuando el año pasado en mi última visita a la región, en las faldas del páramo un campesino me mostraba los inmensos pelados que le han hecho a la montaña, mientras me decía: mire, señor, yo corto 12 árboles grandes por semana; los convierto en carbón; al venderlos me pagan 50 mil pesitos, con los que hago el mercado semanal. Se me hacía un nudo en la garganta viendo esas talas impresionantes de un solo campesino. Y por todos lados la montaña es asediada, asesinada, mientras en Pupiales los políticos hablan de salvar el páramo y los dineros que reciben para el mismo no se sabe a dónde van a parar.

Y yo le decía al campesino: señor, usted está acabando con el agua. Y le explicaba cosas y cosas. Y él me decía: Y qué hago, señor, no me puedo morir de hambre . Y yo pensaba: tiene razón, pero no tiene ningún derecho a dejar sin agua a los demás y a él mismo.

Mientras tanto, en Pupiales se ha celebrado el Reinado de la Papa, se gastaron en cerveza, festejos, corona de la reina y demás, 30 millones de pesos que muy bien se hubieran podido invertir en solucionar problemas a los campesinos y salvar el aguita, que es la vida. Sin todo podemos vivir, menos sin agua.

Me cuentan y me juran que es cierto, porque no me lo sigo creyendo; pienso más bien que es un divertido cuento pastuso, que el día que inauguraron el acueducto con las aguas que bajan del páramo, ese día no bajó agua. Lo cierto es que en época de verano ya el páramo no da agua, ni ordeñándolo. Ya no tiene de dónde producir, los musgos y la vegetación protectora se están acabando.

Conocí también a una bella campesina que, sin haber estudiado ecología y sin llamar al agua recurso hídrico , está ayudando a los campesinos a solucionar sus problemas sin tener que acudir a talar el páramo, mediante cultivos de peces. Mientras los lectores lloran con este relato, el resto de páramos del país está padeciendo igual tratamiento, y allá en Pupiales y alrededores, donde están también en campaña electoral, un puñado de ciudadanos-candidatos está manoseando de mala manera la Paja Blanca. Malditos!.

andreshurtadogarcia@hotmail.com

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