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CONFESIÓN DE UNA CHICA VIP

Sé lo que tengo: bonitos ojos, linda cara, buen busto, cola bien, y unos cuantos gorditos. Sé lo que puedo dar: lo mejor. Hay mujeres mucho más lindas que yo, pero yo soy una profesional en lo que hago. Y el cliente, cuando se da cuenta de ello, me solicita. Por eso soy cara. Por eso valgo.

22 de junio 2003 , 12:00 a.m.

Sé lo que tengo: bonitos ojos, linda cara, buen busto, cola bien, y unos cuantos gorditos. Sé lo que puedo dar: lo mejor. Hay mujeres mucho más lindas que yo, pero yo soy una profesional en lo que hago. Y el cliente, cuando se da cuenta de ello, me solicita. Por eso soy cara. Por eso valgo.

Trabajo como acompañante con una agencia. Una amiga me la recomendó. No es difícil llegar aquí. En los diarios salen avisos en las secciones de meseras y modelos que a veces son para prostitución. Una llama y le dan una cita en un apartamento. Allí te reciben dos niñas que te preguntan datos personales y si ya tienes experiencia con clientes. Te pesan y te miden, te piden que te desnudes y se dan el lujo de echarte si una no tiene clase ni cara bonita.

Ahí una se da cuenta de lo que va a hacer y de lo que está dispuesta a vivir: te miran como si fueras mercancía, pero eso es lo que vas a ser. En estas agencias no contratan personas mal vestidas ni sin clase. Siempre detallan la marca de ropa, la manera de hablar y la inteligencia. La condición indispensable para entrar es ser estudiante universitaria.

Yo soy. Estudio arquitectura. Tenía 18 años cuando comencé la carrera, y comenzó a irme bien tanto en el estudio como en el trabajo porque conseguí de muy joven un puestazo en una empresa de sistemas, donde ganaba 2 millones 500 mil al mes. Pura suerte. Era una maravilla: trabajaba y estudiaba duro, pero tenía plata de sobra para mis gastos.

El viraje.

Hace unos meses me quedé sin trabajo. Lo máximo que conseguí desde entonces fue un empleo por 300 mil pesos. Ya me había acostumbrado a la plata. Cuando la tienes, no sabes luego cómo vivir sin ella. Además, la situación en mi casa se puso grave por un mal negocio familiar. De un día para otro, ya no teníamos cómo comer. Y yo no sabía cómo seguir estudiando.

Yo había oído hablar de las agencias desde muy joven. Cuando hice el preicfes, muchachos jóvenes iban a conquistarnos y a proponernos que trabajáramos en eso.

No acepté nunca. Además, mi primera experiencia sexual fue horrible: me violaron. Creo que por eso no me importa sacrificar mi cuerpo. En la época en que comencé a ganar semejante sueldazo, me dieron ganas de probar de todo. Como tenía la vida resuelta en ese momento, no me importaba. Así que me fui a `huecos donde uno se mete con cualquier tipo por cualquier billete.

Por esa `experiencia no fue difícil llegar a una agencia cuando decidí meterme a la prostitución. Pensé: así ayudo a mi familia y me pago mi carrera. Aquí me preguntaron si quería ser solo dama de compañía o ganar más acostándome. La idea era ganar plata. Pero esa decisión no se la recomiendo a nadie. Es muy dura.

A mi familia le digo que estoy estudiando, aunque muchas veces no vuelvo a casa y están sospechando. Yo los llamo por teléfono para tranquilizarlos. De la plata, les digo que son extras que gano. En la universidad voy mal, por el ritmo que llevo. Solo una compañera que me hace el `cuarto con mis papás sabe de mi doble vida, pero ha guardado el secreto.

La agencia.

Las tarifas son para estratos altos. A una mujer bonita normal le asignan un precio de 150 mil por hora. A una bastante bonita, una tarifa media de 180 mil la hora. Por una VIP, que es una mujer muy bonita o bonita y experimentada, cobran 220 mil pesos la hora. A mayor precio, mejor niña.

Yo empecé en media. Pero pronto pasé a VIP por experiencia. No es solo desnudarse en la cama. Algunas de las niñas bonitas no hacen nada y los clientes quedan defraudados. Yo aprovecho cada fortaleza de mi cuerpo.

La agencia me aclaró desde el principio que las ganancias se repartirían 50 y 50. Es un abuso lo que ganan, porque una es la que pone el pellejo. No me ofrecieron ni lencería, ni chequeos médicos ni preservativos. Me toca comprarlos a mí, los mejores, porque no me arriesgo a enfermarme.

Comencé a trabajar con horarios fijos entre semana, de miércoles a sábado, estudiando en la noche y trabajando en el día, y a veces después de clases. Sin darme cuenta, el trabajo me absorbió. Llegó un punto, en menos de cuatro meses, en que todo lo que hacía en mis ratos libres era trabajar para la agencia, esperar llamadas mientras estudiaba. Si nada sale, me pagan 8 mil pesos.

Aquí hay niñas on site (en el sitio) y otras que son per call (por llamada), que se contactan por celular. En promedio, cada agencia tiene 20, entre abogadas, contadoras, comunicadoras, sicólogas. Nos rotamos mucho. El problema no es conseguirnos, sino amañarnos.

El procedimiento es sencillo: el cliente llama y pregunta por las niñas. Si solo hay una en ese momento, lo convencemos de que contrate a la que hay. La describimos de varias formas hasta que acepta ir con ella. El cuento no es vender lo que el cliente quiere, sino lo que la agencia tiene.

La mayoría de los tipos que pagan por el servicio están entre los 28 y los 40 años y suelen ser gerentes, políticos, ejecutivos o estudiantes de universidades caras. Al inicio fui mucho como acompañante a cocteles, pero pagan poco por esa tarifa `zanahoria . Claro que es bueno porque uno habla de todo con gente interesante.

Luego, uno puede irse con el cliente, si él quiere. Como yo nunca sé qué tipo me va a tocar, llevo en la maleta, entre los libros, interiores negros, un baby doll y condones. La teleoperadora trata de sacarle al cliente la información para ver si quiere una mujer mansa, romántica o una fiera. Nos llama, nos avisa y a veces me toca cambiarme a toda en centros comerciales antes de llegar a casa del cliente para poder cumplir sus fantasías. Me baño rápido, corro todo el tiempo. Soy lo que él quiere que yo sea.

Hay clientes de todo tipo. Se pueden identificar por sus calzoncillos. Si son tangas, les gustan las cosas fuertes. Si son bóxer, son personas creativas. Algunos solo quieren que una los abrace. Otros, que los escuche. Hay clientes locos que llaman por adrenalina y te ponen a sufrir porque dicen que en media hora llegará su mujer a la casa.

Un tipo me dijo una vez que me le parecía a una hija suya. Luego le conté por qué hacía esto. El hombre lloró. Dijo: si mi familia estuviera en la misma ruina, mi hija haría lo mismo? Otra vez me tocó un ex compañero del trabajo. Fue un susto terrible. Pero él prometió guardar silencio. Si me encontrara a alguien de mi familia en esto, me muero.

Mi éxito consiste en entender a los clientes. A los hombres, los signos pesos los hacen actuar como son y yo los guío. Al pagar, se desfogan y actúan sin máscaras. Yo siempre beso. Sin beso no puedo empezar. Muchos clientes no me gustan, claro. Pero eso no importa, soy yo la que tengo que gustarles. No tengo voluntad en ese sentido. Es la de ellos la que se impone. Eso se llama tocar fondo.

Para vivir en este mundo no hay que pensar con el corazón. Yo pongo este cuerpo para sacrificio de los que quiero. Espero retirarme cuando me gradúe y consiga un buen trabajo . Esto no es vida: vivo borracha por todo el trago que me ofrecen, cansada, durmiendo poco, diciendo mentiras... Y qué tengo, aparte de la plata?.

Vida personal.

Mientras trabaje en esto, prefiero no tener novio. Porque tú quieres un novio que te acaricie, no uno que te exija hacer el amor después de un día de trabajo.

Es terrible el grado al que uno llega en ese punto. Se llega a pensar: mi novio no me paga nada y quiere que le haga lo mismo que a un cliente. Si llego a tener novio jamás le contaría que pasé por esto. El problema mío es que me acostumbré a las comodidades y ya no sé vivir sin ellas. O no quiero. Trabajando, me toca comer mierda. Como no me gusta aguantar, prefiero esto.

Muchos me proponen matrimonio. Pero si tienes una relación como resultado del trabajo, luego te van a decir que eres una puta. Algunos clientes me han gustado, pero no pueden enamorarse de esa que ven ahí. Ya he tenido dos abortos y nadie ha sabido nada. Como ves, he hecho mi vida sola. Ya hasta me acostumbré a que me dijeran puta, aunque no lo soy. Puta es la que se acuesta con cualquiera y no cobra. Pero si lo dicen, qué digo? Que no?.

El 25 de diciembre trabajé hasta las 3 a.m. y estuve con 11 clientes. Salí con mucha plata... y con una tristeza tremenda. No lloro. Me siento sola, sí, porque a nadie le importa que haga esto, nadie me pregunta nada. Algunos clientes a veces me tratan bien, pero son clientes. Aun así, prefiero esto a la soledad. Aunque esto también es soledad. Cómo no va a ser triste? Todo el tiempo digo mentiras. Ni siquiera en el amor soy de verdad.