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LA MAGIA DE LAS CANTAORAS

LA MAGIA DE LAS CANTAORAS

Terminó la corta gira, y quizás la única, que realizarán las cantaoras del proyecto Alé Kumá. La única porque reunir a Benigna Solís, Etelvina Maldonado y Martina Camargo para las presentaciones realizadas en Medellín, Cartagena y Bogotá, entre otras ciudades, no fue fácil. De hecho, de las cuatro cantaoras que participaron en el disco que grabaron juntas, una de ellas -Gloria Perea- no pudo participar.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de junio 2003 , 12:00 a. m.

Terminó la corta gira, y quizás la única, que realizarán las cantaoras del proyecto Alé Kumá. La única porque reunir a Benigna Solís, Etelvina Maldonado y Martina Camargo para las presentaciones realizadas en Medellín, Cartagena y Bogotá, entre otras ciudades, no fue fácil. De hecho, de las cuatro cantaoras que participaron en el disco que grabaron juntas, una de ellas -Gloria Perea- no pudo participar.

El público que asistió al Teatro Jorge Eliécer Gaitán la semana pasada, para el concierto en Bogotá, quedó encantado. Es más, las manos debieron dolerle a más de uno pues, desde la primera canción, interpretada por Martina, cantaora de tamboras, hasta la última, los asistentes acompañaron con palmas a las cantaoras.

Con su música, las cantaoras resaltaron la ternura femenina. Muchas de las canciones de Benigna Solís, cantaora del Pacífico, fueron arrullos a niños nacidos o por nacer. Etelvina Maldonado, bullerenguera cuyo encanto es esa potente voz de abuela que canta a sus nietos, tampoco se quedó atrás. Fue precisamente Maldonado quien se robó el show, por su desparpajo en escena y su capacidad de conmover a los asistentes hasta las lágrimas cuando interpretó Por qué me pega, mamá. Tanto impactó que uno de los jóvenes del público se le acercó para besarle la mano. A pesar de hallarse enferma, la mayor de las cantaoras casi no se baja del escenario.

Entre lo positivo estuvo la calidad de las intérpretes y sus canciones, el realce sutil que instrumentos como el piano y el contrabajo dieron a los sonidos de las tamboras folclóricas, en lugar de opacarlas; la emotividad que compartían las tres mujeres al acompañarse en los coros y la presencia de muchos jóvenes de pinta universitaria que no se resignaron a quedarse acomodados en las sillas y bailaron en los pasillos del Jorge Eliécer.

Fue un concierto bueno, buenísimo, pero para ser excelente pudo evitar un par de lunares: el nerviosimo de algunos de los músicos, el intento fallido de hacer que Etelvina se acomodara a una tonalidad del piano con la que, al parecer, no estaba muy de acuerdo. Y que, a pesar de estar anunciada, la presencia de Paulino SalgadoBatatai , el legendario percusionista, pareció perdida en el espacio de la tarima.

Foto: Etelvina Maldonado (adelante) se robó el show en el concierto. Atrás, la cantaora Benigna Solís.

Mauricio Moreno

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