PENSANDO EN JUAN LUIS...Y LOS NIÑOS

PENSANDO EN JUAN LUIS...Y LOS NIÑOS

Si no tenemos la suerte de que Juan Luis esté por ahí entre unos matorrales, habrá muchas cosas para recordarlo.

11 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Si no tenemos la suerte de que Juan Luis esté por ahí entre unos matorrales, habrá muchas cosas para recordarlo.

Lo conocí a él y a Jota Uribe en una conferencia de economistas izquierdistas en Eafit, curiosamente, donde ellos dos estudiaban administración de empresas y leían a Nikos Poulantzas (creo que eso lo traían de la Universidad de Antioquia). Juan Luis presentó un artículo, no me acuerdo sobre qué tema, pero muy izquierdista, con ese entusiasmo arrollador que lo caracteriza. A mí me gustó y se lo publiqué en Estrategia, a escondidas de Rodrigo Botero. Esto fue muchísimo antes de que Juan Luis fuera la estrella que hoy tenemos presente. Todavía no había salido de Medellín, ni había estudiado en los Andes. No había pasado por Fedesarrollo donde hizo famosas las regresiones de ventana (estimando tendencias con un papel transparente contra un vidrio). No había trabajado con Chenery ni era doctor de Harvard. Pero ya brillaba con mucha fuerza. Conocía el poder de las ideas y hablaba en público con gran destreza. Lo principal ha sido que no se quedó ahí: De Poulanzas pasó a Kuznets y de este a Sen. Precisamente, el otro recuerdo que deseo destacar fue un día, poco antes o poco después de que al economista hindú le otorgaran el Nobel cuando me llamó y me dijo sin albergar duda alguna: "Hommes. Londoño. Te llamo porque vos no te has leído a Sen. Te lo presto para que le echés una mirada. Mandá por él. Me contás." Click. Y esto me lleva de pensar en Juan Luis a escribir de los niños que se mueren antes de haber cumplido un año de vida.

Colombia ha progresado silenciosamente en la reducción de la mortalidad infantil. Esto también lo han hecho muchos otros países, pero podemos estar orgullosos de estar adelante entre el montón. En los últimos veinte años hemos logrado reducir la tasa de mortalidad infantil en dos terceras partes, más que los países de ingreso medio. Colombia, en términos relativos logró mejores resultados que muchos otros países similares, comparables a los de Malasia, aunque no alcanzó a Chile que hizo pasar la tasa de mortalidad de 40 a 12 en 20 años. Hace 20 años, el panorama era otro. La mortalidad infantil que hoy es cercana a 20 por mil, era entonces de 60 por mil, muy encima de países de similar ingreso, como Costa Rica, que ya tenía la tasa en los 20s. Pero a partir de la mitad de los años 80, durante el cenit del supuesto neoliberalismo, se hizo la transición. Los mayores avances se obtuvieron entre 1989 y 1995. Juan Luis tiene que vanagloriarse de esto pues fueron Armando Montenegro y él los artífices intelectuales de la política social de Gaviria en el DNP, y Londoño fue el motor de la ley 100. El secreto ha sido invertir en educación, en servicios públicos, particularmente en alcantarillados, y en salud. Orientar el presupuesto hacia las necesidades de los pobres paga, y se ven resultados muy rápidamente.

Pero la mortalidad infantil de la población pobre todavía es 50 por ciento más alta que la de los ricos. Hemos logrado rebajar significativamente el nivel de mortalidad en todas las clases sociales pero no cerrar la brecha. Eso nos lleva a Sen, a Rawls, a Marta Nussbaum- a la ética y la justicia. En palabras de la joven Yadira Díaz que presentó su tesis de magíster en Economía esta semana en los Andes: "No existe ninguna justificación para que existan diferencias entre clases sociales en una variable como la mortalidad infantil". Todos los niños deberían tener el mismo chance de sobrevivir, independientemente del nivel socio económico de su mamá. Afortunadamente, la misma Yadira Díaz sugiere las soluciones en su tesis: La variable que mayor efectividad tiene para reducir la mortalidad infantil es el cuidado del niño, particularmente alimentarlo con leche materna. Y lo que más reduce la desigualdad es ese mismo factor, aunque las ricas cometen frecuentemente el error de no darles de mamar a sus niños. Hay que procurar entonces que las madres pobres, que sí lo hacen, estén bien alimentadas. Y educarlas. Eso evita la maternidad temprana, y contribuye a mejorar el cuidado infantil. Adicionalmente, se debe seguir invirtiendo en las otras variables claves como son la provisión de servicios públicos, salud y vivienda popular. En fin, Política Social 101: El presupuesto hay que volcarlo hacia los pobres en Educación, Nutrición, Servicios Públicos, Salud y Vivienda. O no, Juan Luis?

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