Análisis / El señor descaro

Análisis / El señor descaro

Colombia tiene grandes brechas digitales que se han agudizado con el duopolio existente, ya que los dos mayores operadores concentran no menos del 85 por ciento del mercado de voz, datos y TV, sin contribuir al desarrollo tecnológico del país.

23 de junio 2013 , 04:38 p.m.

El anuncio de Telefónica (El Tiempo 12/ 06/13) de que requiere otra capitalización del Estado colombiano para poder participar en la subasta de espectro del 4G nos suena a que no quiere pagar para tener acceso a la licencia de LTE a la que, supuestamente, está aspirando.

El país no puede seguir a espaldas de una realidad que mostró, con lujo de detalles, la tesis doctoral del Ph. D. Sergio Matías Camargo, que mencionamos en un artículo pasado, y que demuestra que la venta de Telecom a Telefónica fue un mal negocio para el país (http://bit.ly/ZDNqqx).

No podemos los colombianos seguir pagando los platos rotos de los problemas financieros de la casa matriz de Telefónica.

Ni más faltaba. Mucho menos ahora, cuando hay rumores de que ATT estaría interesado en comprar a Telefónica.

Cuando Telefónica se asoció con la Nación nos hicimos muchas ilusiones y pensamos que, rápidamente, íbamos a superar nuestro rezago tecnológico.

Hoy, hay ADSL en menos de un tercio de los municipios del país. Y en Colombia tenemos velocidades de Internet que son, en promedio, cinco veces menores que el promedio general de los países de la Ocde.

Colombia tiene grandes brechas digitales que se han agudizado con el duopolio existente, ya que los dos mayores operadores concentran no menos del 85 por ciento del mercado de voz, datos y TV, sin contribuir al desarrollo tecnológico del país.

La Nación tuvo que abrir una licitación para llevar la fibra óptica a más de 700 municipios, pero cometió el error de no incluir la posibilidad de que el contratista lleve Internet a cada localidad. La fibra óptica está llegando, pero no hay banda ancha en los pueblos.

Queremos mostrar unas realidades que están ahí, a la vista de todos, y que han permitido la consolidación de una empresa que le ha fallado al país, y le sigue fallando.

Desde que aterrizó en Colombia, Telefónica ha gozado de privilegios. Por la época de la llegada de la telefonía móvil (TM), en 1994 (con 15 años de retraso), el país fue repartido en seis subregiones, creando un galimatías técnico, y Celumovil, el operador controlado por Telefónica, fue el que más subregiones obtuvo.

Años después, en el 2006, el Estado decidió liquidar Telecom y buscar un socio.

En una extraña decisión, el presidente Uribe prefirió a quien ofreció 100 millones de dólares menos por la empresa nacional de telecomunicaciones, comprometiéndose a asumir el pasivo pensional y a no abandonar la operación en los municipios alejados de la periferia.

Esa empresa favorecida fue Telefónica de España.

En el 2012, Colombiana Telecomunicaciones (Coltel), la compañía que nació de la unión de Telefónica y la antigua Telecom, anunció su imposibilidad de asumir el pasivo pensional heredado de Telecom, ante lo cual logró la aprobación en el Congreso de una capitalización por 3,5 billones de pesos, que salió del bolsillo de todos los colombianos.

La empresa se fusionó con Telefónica Móviles-Movistar, con lo cual la participación del Estado pasa del 48 al 30 por ciento.

El Presidente de la República se queja de la calidad de la telefonía celular en Colombia, pero solo algunos periodistas revelan quién es el operador de todos los celulares de la Presidencia.

El MinTIC no le cuenta al Presidente sobre el atraso en la repartición de espectro y sobre la realidad de un país con el menor espectro per cápita del mundo (datos de Merryl Linch y el profesor José Fernando Restrepo Piedrahíta, de la UN), lo cual causa la constante caída de llamadas y la lentitud en el acceso a datos (redes 2G y 3G).

Telefónica no ha sido el socio ideal para el Estado.

Estoy absolutamente convencido de que si los paisas hubieran visto un accionar ético y realmente preocupado por el desarrollo tecnológico del país en Telefónica, no se habrían asociado con Millicom, sino con los españoles, que son los socios del Estado colombiano. Y no crean que Telefónica no buscó poder participar en UNE.

Telefónica-Movistar vendió su infraestructura de antenas a American Towers Corporation (ATC), para luego alquilar las de ese tercero, generando un gasto versus depreciación de un activo, con lo que logró reflejar enormes pérdidas en su operación, con la consecuente economía en pago de impuestos al Estado colombiano.

Telefónica viene dando pérdidas hace rato, y es lo que no se entiende, si hace menos inversiones, incluso que el tercer operador en número de usuarios. Y así tiene el descaro de pedir una dilución del porcentaje de la Nación en Coltel, buscando no pagar por la licencia del 4G. ¿O qué otra cosa quiso decir Santiago Fernández Valbuena, presidente de Telefónica para Latinoamérica, citado por la agencia Bloomberg?

Que no nos vengan con el cuento de que el señor Fernández se equivocó.

Y que el MinTIC no atrase la subasta otra vez, por culpa de defender la participación en una compañía mixta que jamás le ha reportado utilidades al Estado y que, por el contrario, ya nos tocó capitalizar por 3,5 billones de pesos.

Nicola Stornelli García

Gestor del Puerto Digital y de Cesar Digital

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