Las desventajas de comer frente a su escritorio

Las desventajas de comer frente a su escritorio

Es mejor almorzar en casa, en un restaurante u otro ambiente, pero que esté rodeado de naturaleza.

06 de junio 2013 , 06:57 p.m.

La baja productividad, la pereza, el adormecimiento y hasta la sensación de tristeza y depresión de algunos empleados, especialmente después del mediodía, tienen su origen en el lugar que escogieron para almorzar.

Quienes consideran que no hay tiempo para comer y simplemente prueban algún bocado o una comida rápida frente al computador, sufren más las consecuencias. En cambio, quienes salen de la oficina y comparten con sus amigos no solo se sienten mejor, sino que luego rinden más.

Así lo determinó un estudio comisionado por la marca Kingsmill a científicos de la Universidad de Sussex, en el Reino Unido, quienes midieron la felicidad de los trabajadores por medio de exámenes psicológicos en el lugar en el que comían y otras pruebas de atención. La conclusión: comer en un escritorio deprime; en la playa o rodeado de zonas verdes da felicidad. El nivel de satisfacción de los encuestados en el primer caso llegó a 1,42 puntos; en el segundo, a 17,04. Ir a casa o a un restaurante también mejora su bienestar emocional y la actitud hacia el trabajo.

Para Alicia Cleves, nutricionista dietista del Centro Integral de Nutrición y Medicina (Cinumed), en Bogotá, definitivamente, “el lugar en el que comemos impacta no solo nuestro estado de ánimo, sino el nutricional y de salud”. En el caso de quienes lo hacen pegados al computador, “el problema radica en que no se hace consciente el acto de comer, mientras otro entorno sí facilita que haya conciencia de la alimentación, las personas se sientan satisfechas y se envié un mensaje positivo al cerebro”, explica Cleves.

Coincide en esta apreciación Natalia Pérez Ortega, nutricionista dietista, del Hospital San Vicente Fundación, en Medellín, quien enfatiza en la necesidad de tener en cuenta que comer es un acto “sagrado”, que debe ser racional “con la cabeza, no con el estómago; sentado en el comedor, en un ambiente de relajación, donde esté conectado el cerebro con el plato de comida”. Hay que entender que el proceso de alimentación tiene tres fases: “la digestiva, la cerebral y la de absorción de nutrientes propiamente dicha. La cerebral es la que no nos han enseñado totalmente a manejar, y es muy importante”, precisa la experta.

Así, la clave está en ese “ser consciente” a la hora de comer, “disfrutar, ver y degustar los alimentos; lo que genera sensaciones agradables y lo desconecta de la rutina, permitiéndole fortalecer las relaciones interpersonales que actúan como factores protectores para un mejor afrontamiento de situaciones estresantes o de conflicto”, dice la psicóloga Marleny Rodríguez Hurtado. “Si no nos damos ese espacio, olvidamos el efecto que los hábitos inadecuados generan a largo plazo en nuestra salud física y emocional”, agrega.

Y no solo eso, a la falta de atención y el bajo rendimiento que surgen después de comer en ambientes no estimulantes, se suman otras consecuencias, como el riesgo de comer en exceso algunos alimentos, porque también le da más hambre rápidamente, y, por lo tanto, de tener sobrepeso y obesidad.

SABOREE CADA BOCADO, DISFRUTE CADA PLATO Y COMPARTA

- Hay muchos lugares para comer de manera excelente y refrescante. Si no alcanza a ir a casa, piense en salir con sus compañeros de trabajo a un lugar cercano para no estresarse por el factor tiempo; o en sentarse en un prado, entre otras opciones.

- Coma despacio, mastique, saboree cada bocado, dice Pérez Ortega. Se necesitan, en promedio, unos veinte minutos para que el umbral se llene, disfrute, sienta saciedad y hasta se acuerde qué comió y qué sabores descubrió.

- Sobre el plato debería tenerse siempre una convergencia de todos los sabores (como ácido, dulce, salado), incluyendo el amargo “que poco utilizamos los latinos”; esto facilita la digestión y ayuda a asimilar mejor los alimentos.

- “Si termina en cinco minutos, no se está alimentando sino calmando el hambre, es decir, una necesidad, pero no el apetito o deseo de comer y disfrutar hacerlo”.

Marisol Ortega Guerrero

Subeditora de Portafolio

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