Formación para el trabajo: vuelve y juega

Formación para el trabajo: vuelve y juega

El Plan de Formación para el Trabajo en el Distrito Capital, busca bajar la tasa de desempleo de la

26 de enero 2011 , 07:54 p.m.

En medio de la polémica pre-electoral por el desempeño de la presente Administración Distrital, ha pasado desapercibida la culminación de un valioso esfuerzo de la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico, que ha contado con el apoyo técnico de la Universidad del Rosario, y que busca dotar a la ciudad de un plan de formación para el trabajo, que responda a sus apuestas productivas.
Con frecuencia, los expertos enfatizan en la necesidad de producir altos niveles de crecimiento de la economía para mejorar los índices de ocupación de la ciudad. Sin embargo, las tendencias del mercado laboral de Bogotá durante los últimos veinte años señalan un hecho que no siempre resulta tan visible. Desde mediados de la década de los años 90, cada vez es más cierto que en Bogotá - y seguramente en el país - no basta con la dinámica propia de las actividades productivas para reducir la tasa de desempleo. Existe un componente del desempleo urbano, que en el caso de Bogotá es cercano al 41% de la tasa total de desocupación, y que se explica por problemas de ajuste entre la oferta y la demanda laboral. Se trata, en la práctica, de una tendencia asociada a problemas de información de los aspirantes o de dotación de destrezas y habilidades de la mano de obra, dados los cambios estructurales ocasionados por una mayor exposición a la economía mundial desde comienzos de los años 90.
La buena noticia es que si se actúa sobre estos componentes, Bogotá podría reducir y conservar en un dígito su tasa de desempleo durante los próximos años, para sacarse de encima el sambenito de tener una de las más altas de desocupación entre las grandes urbes de América Latina. Sin embargo, los desafíos en el frente de la formación para el empleo resultan todavía de grandes proporciones.
Si bien hoy la ciudad cuenta con una oferta amplia, de cerca de 4.824 programas de educación para el trabajo y el desarrollo humano, así como de educación informal, es bastante discutible su impacto en la inserción productiva de los jóvenes. De hecho, el 53% de los programas ofrecidos por el Sena en la ciudad y el 40% de los ofrecidos por instituciones privadas son cursos cortos sin incidencia comprobada en la inserción productiva de los participantes.
Pero tampoco la eficiencia en la relación costo- beneficio del gasto destinado a la formación para el trabajo en el ámbito local resulta auspiciosa. En los años 2008 - 2009, las Alcaldías Locales invirtieron recursos por valor de $11.082 millones de pesos, mientras que el Sena destinó a la ciudad un total de 196 mil 393 millones de pesos en el 2009, en programas de formación profesional. Sin embargo, no se tiene registro de la efectividad en la inserción productiva ni de la calidad de la formación recibida por las personas beneficiadas.
Por otra parte, aunque son evidentes los avances de la ciudad en cobertura educativa, principalmente en educación básica y media, persisten serios problemas de calidad. Subsisten las diferencias en la educación impartida entre colegios oficiales y privados, al tiempo que son cada vez más evidentes las brechas en competencias básicas y laborales generales de un segmento importante de la poblacional, principalmente en jóvenes de los estratos 1, 2 y 3. Las habilidades mínimas que deben tener los jóvenes aspirantes se convierten en un obstáculo de grandes dimensiones para garantizar una labor eficaz de las entidades que apoyan su inserción laboral.
Debe decirse, igualmente, que la ciudad no cuenta con una entidad orientadora del proceso de formación para el trabajo, que integre los esfuerzos de la cooperación púbico - privada y que permita garantizar la mayor pertinencia, innovación, y calidad.
Las experiencias internacionales muestran que la implantación exitosa de programas de formación para el trabajo requiere de un fuerte compromiso de los gobiernos locales, representado en suficientes recursos destinados a las iniciativas; una adecuada oferta de instituciones de educación para el trabajo con elevados estándares de calidad; y una capacidad técnica y de coordinación de las instancias públicas y privadas de la región.
Para enfrentar los desafíos mencionados, el Plan de Formación para el Trabajo en el Distrito Capital sugiere el fortalecimiento de la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico, para que en el marco de la cooperación público - privada coordine y direccione las intervenciones, de una manera eficaz para mejorar la pertinencia e innovación de los programas, a través de un ejercicio en el que la participación del sector productivo resulte fundamental.
De igual manera, ofrece una ruta para hacer más operativo y pertinente el esfuerzo que hoy adelantan las alcaldías locales en materia de formación para el trabajo, mediante la identificación de las competencias generales y laborales que requieren actualmente los empresarios y que necesitarán en un futuro, en aquellas apuestas productivas que ya han sido identificadas.
Así mismo, sugiere la creación o adaptación de una institución tecnológica de alto nivel en la que exista la rotación de, al menos, 50.000 jóvenes cada año en programas que atiendan las demandas productivas actuales y potenciales, con un enfoque orientado a la innovación y el desarrollo de los sectores estratégicos de la región; la consolidación de las Uldes como auténticas “ventanas” locales de orientación, formación e intermediación productiva; la puesta en marcha de un exigente sistema de medición y seguimiento de la calidad y la pertinencia de las instituciones de formación para el trabajo; así como el “aterrizaje” del Sistema Nacional de Formación para el Trabajo en la ciudad, con el fin de garantizar su gestión descentralizada por parte de las instituciones locales. Probablemente el carácter técnico del nuevo director nacional del Sena haga más propicio este propósito, que también tiene una sección especial en el nuevo plan nacional de desarrollo.
Si esta iniciativa de la Administración Distrital se abre paso, cuando Bogotá cumpla 483 años, podremos decir que la ciudad es más competitiva e incluyente porque habremos alcanzado la meta de ser una de las urbes latinoamericanas con menor tasa de desempleo, no sólo por las mejores condiciones macroeconómicas, sino además, por la acción decidida de la cooperación público - privada en la formación de su fuerza laboral.

 

483 años son los que necesita cumplir Bogotá para ser una ciudad competitiva e influyente.

56,5 por ciento de los bachilleres no tienen las competencias básicas para su grado de educación.

 

 

SAÚL PINEDA HOYOS

Director CEPEC - Universidad del Rosario
 

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