El tinte político en la crisis de imagen de los empresarios de la floricultura

El tinte político en la crisis de imagen de los empresarios de la floricultura

Las informaciones de los medios de comunicación, los debates en el Congreso y el apoyo al exmingricu

20 de enero 2011 , 08:42 p.m.

Un lector, oyente o televidente desprevenido, podría ser confundido fácilmente por las tensiones políticas actuales y creerse de lleno, gracias a los medios de comunicación, que los floricultores son los nuevos ‘pasajeros’ del carrusel de la corrupción.
Aunque no se puede meter la mano a la candela por ninguna empresa o sector en particular, la crisis de imagen de los floricultores, quienes en el último mes pasaron de ser empresarios honestos a cuestionados exportadores, es una oportunidad para analizar el contexto en el que se mueven los intereses políticos del país.
En primer lugar, las generalizaciones de los medios han sido sorprendentes.
De cerca de 800 empresas de flores que hay en Colombia, aunque sólo han sido cuestionadas unas pocas por sus procedimientos supuestamente irregulares en la adjudicación de créditos por parte del Banco Agrario, con el agravante de que las investigaciones apenas se han iniciado, y más aún cuando se está hablando de préstamos a ocho años, todas, absolutamente todas, han sido crucificadas y el sector es en la actualidad la comidilla en pasillos, restaurantes y clubes de todo el país.
El segundo elemento lo aporta la cortina de humo extendida por el senador del Polo Democrático Jorge Enrique Robledo, al convocar recientemente un debate sobre el tema en la Comisión Quinta del Senado.
Razones de peso tiene el Senador para que en la coyuntura actual del Polo, duramente criticado por la ‘contratación’ en la Alcaldía de Bogotá (hermanos Moreno), busque reorientar la atención de los medios y de la opinión pública, y qué mejor plato que los floricultores.
Y hablando de Arias, es él quien precisamente aporta el tercer elemento en el presente análisis.
Por cuenta de los pocos floricultores que apoyaron con donaciones personales a quien se perfilaba en el 2009 como el más seguro sucesor de Álvaro Uribe Vélez, también salieron afectados.
Sin embargo, es interesante ver como ningún medio en el país ha cuestionado la financiación de las campañas y sólo se hayan concentrado en ellos.
¿Y es que el empresariado nacional no financiaría acaso a Rafael Pardo, a Germán Vargas o a la misma Noemí Sanín?
Y si de Noemí se trata, no se puede ocultar el odio que la ex candidata siente por Arias, a tal extremo que hay quienes señalan que es la persona detrás de la antipatía que el actual ministro Juan Camilo Restrepo siente hacia los floricultores.
Además, se debe considerar el sinsabor del Ministro hacia quienes frenaron sus aspiraciones de ser el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, léase el Gobierno de Álvaro Uribe.
Ahora, retomando el tema de la financiación de las campañas, no hay nada de deshonesto en el hecho de apoyar a quien los votantes consideran como su mejor opción.
Las cifras que argumentan los medios son ridículas.
Un grupo de floricultores aportó, a título personal, 103 millones a esta campaña en el 2009 (sólo el 4 por ciento de los ingresos reportados por Arias), y si se compara con la suma de los subsidios y los créditos que les facilitó el Gobierno de Uribe al sector para paliar su crisis económica y mantener más de 200.000 empleos, resulta insignificante.
Los floricultores, como reza una campaña publicitaria, están en el lugar equivocado.
La gratitud que sienten por Andrés Felipe Arias los está sacando del ruedo, y sin el apoyo del actual Gobierno no tienen como superar la crisis que les ha causado la volatilidad de la tasa de cambio.
Se debe considerar además que no han hecho lo suficiente para promover la simpatía de los colombianos hacia su actividad económica, como los cafeteros, que de paso, hay que decirlo, han recibido muchas más ayudas del gobierno durante toda su historia.
Para concluir, más allá de la crisis de imagen, los floricultores tienen encima la carga de la revaluación, la cual, si el Gobierno y el Banco de la República no toman medidas de fondo, serias y contundentes, los podría llevar a desaparecer, arrasando de paso la economía local de 48 municipios floricultores en el país.
Y lo peor, la debilidad del dólar generará paulatinamente la desaparición de muchos otros sectores exportadores y de aquellos que compiten con las importaciones.

 

GERMÁN CAICEDO PRADO
Gerente de Táctica y Estrategia

 


 

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