En la puerta del horno...

En la puerta del horno...

Aquel refrán que afirma que ‘en la puerta del horno se quema el pan’ casi se vuelve realidad ayer en el Congreso.

12 de diciembre 2012 , 11:10 p. m.

Justo el día en el cual el Gobierno aspiraba a que comenzara la votación de la reforma tributaria en las plenarias, la iniciativa estuvo a punto de hundirse y tan solo el salvavidas de los liberales impidió que se rompiera el quórum en el recinto del Senado, después de que la Cámara de Representantes hubiera levantado la sesión. No obstante, el tema había comenzado con el pie izquierdo. Un cúmulo de factores, en los que se mezclaron las circunstancias políticas con los intereses particulares y los errores de manejo del Ejecutivo, amenazó seriamente la propuesta. 

Tan solo la intervención directa de la Casa de Nariño y la presencia en el Capitolio de una buena parte del gabinete ministerial, impidieron la que habría sido una derrota descomunal para la administración Santos. Si bien el éxito no está asegurado, y habrá que esperar hasta la semana que viene para saber el desenlace de la votación, por ahora se evitó que un proyecto clave tuviera un entierro de tercera. Tal como lo anunciaban algunos observadores, el hecho de contar con tiempos tan estrechos se volvió un caldo de cultivo para el descontento. Reconociendo el argumento del Ministerio de Hacienda en el sentido de que, en los dos meses pasados se realizaron cerca de 100 foros sobre el tema, la verdad es que con, excepción de los parlamentarios de las comisiones terceras, eran pocos los que habían mirado el texto.

Como si eso fuera poco, la ponencia fue radicada el lunes pasado a las 10 de la noche, con variaciones fundamentales. Así, de los algo más de 100 artículos del proyecto original y de los 155 que llegaron a la primera vuelta, la versión que sería sometida a la ronda final tenía 192. Digerir las modificaciones en menos de 48 horas, en asuntos que requieren el apoyo de un tributarista experto, era una tarea casi imposible, lo cual dio origen a un explicable malestar.

Nadie quería repetir la debacle de la reforma a la justicia que fue aprobada a pupitrazos para después descubrir sorpresas que menoscabaron el ya menguado prestigio del legislativo. Dicha razón fue esgrimida por más de un congresista que pidió que la iniciativa se pospusiera para las sesiones que comienzan en marzo. Detrás de la petición sincera de quienes querían más tiempo de reflexión y análisis se ampararon los que tienen cuentas pendientes con el Gobierno por temas burocráticos, dentro de los cuales se encuentra la mayoría de los integrantes de la coalición de la Unidad Nacional. Y en medio del río revuelto también trataron de pescar quienes desean archivar la idea.

Al fin de cuentas, la reforma pisa una gran cantidad de callos, con lo cual sectores que normalmente son antagónicos preferirían que no salga. Esos ‘microintereses’ sumados han probado ser una fuerza descomunal, que todavía puede ganar la batalla. A todas estas, el Ministerio de Hacienda actuó con cierto exceso de confianza, que estuvo a punto de costarle caro.

Por su parte, tanto la Presidencia como la mayoría de los integrantes del Ejecutivo se limitaron a ver los toros desde la barrera, sin entender que este tema va mucho más allá de un problema de impuestos y tiene que ver con factores de gobernabilidad que no se pueden descuidar, sobre todo cuando se acerca el comienzo de la temporada electoral.

Sin embargo, las reacciones de última hora deberían evitar el naufragio de la tributaria. Ante la decisión de convocar a sesiones extras, es de esperar que tenga lugar un debate más profundo y que se corrijan los goles de última hora que se reciben por cuenta de la premura o de las ambiciones de la propia Dian. En resumen, el pan no se ha quemado, pero el panadero debe estar atento para que la masa no sepa a amargo, ni la hogaza quede cruda o demasiado cocinada.

RICARDO ÁVILA PINTO

RICAVI@PORTAFOLIO.CO   

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