Sobre héroes y Sábato

Sobre héroes y Sábato

Leer a Ernesto Sábato y celebrar su centenario de vida es hacer un homenaje a aquellos gladiadores q

05 de enero 2011 , 08:38 p.m.

El próximo 24 de Junio, Ernesto Sábato, uno de los grandes héroes de la literatura latinoamericana, cumplirá cien años. Su obra, que atraviesa los complejos laberintos de la novela, los exigentes caminos del ensayo y las turbulentas aguas del manifiesto político, siguen siendo un deleite alucinante en el que no se agotan las sabias palabras para juzgar el comportamiento humano.
Nacido en Rojas, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, en el corazón de una familia dedicada a la agricultura, rodeado de 10 hermanos varones, Sábato desde niño se deslumbró por la ciencia. A los 18 años inició en paralelo las carreras de física y matemática en la Universidad de la Plata, donde también tuvo la oportunidad de iniciar la militancia activa en el Partido Comunista. En 1938 se doctoró en Física y viajó como becario del Instituto Curie en París, donde compartió con las grandes mentes de la época.
Regresó a las tierras gauchas en 1941 y en un acto de heroísmo intelectual inicia una transformación radical en su vida, motivado por una incontenible pasión creadora. Decide dejar el camino especulativo y anhelante de respuestas, por el incierto mundo de las letras. Inició una metamorfosis ideológica activada por el rechazo contra el autoritarismo y la limitación de las libertades individuales que lo condujo a cuestionar para siempre el Comunismo.
Cuatro años después, publicó un libro de ensayos conocido como Uno y el Universo, que lo catapultó como un escritor profundo e intimista. Durante 1948, a los 37 años de edad, publica El Túnel, su primera novela. En ella las memorias del pintor Juan Pablo Castel, quien mató a su amada María Iribarne Hunter, desmenuzan las confrontaciones emocionales de un frenesí dominado cruelmente por la paranoia.
Trece años más tarde, es publicado Sobre Héroes y Tumbas, otra obra de arte que lo ubica en el podio de Borges, García Márquez, Roa Bastos, Onetti, Neruda y Vargas Llosa. El camino de la novela lo cerró en 1974 con Abaddón el Exterminador, completando una trilogía inigualable donde el mundo y sus circunstancias son narrados sin limitaciones.
Pero el heroísmo de Sábato no está sólo en su ficción, se encuentra en ensayos y entrevistas donde preconiza la libertad, la justicia social y la necesidad de revelarse contra el totalitarismo. En un reportaje para la Revista Tarea Universitaria en 1960, sentenció que “la demagogia es a la Democracia, como la prostituta es al amor”, cuestionando aquellos líderes que ilusionan al pueblo, mientras los conducen lentamente a la tragedia. Para Sábato, su verdadero ideal es “la libertad con justicia social” donde “no gobierne ni la tiranía del dinero, ni la tiranía burocrática”.
Tampoco ha tenido reparos en condenar el terrorismo ni en defender la seguridad con valores democráticos, sentenciando que “si al terrorismo se responde con terrorismo de Estado, ha triunfado el terrorismo”. Con la misma firmeza se ha levantado para indicar que “sin libertad nada vale” y se ha preocupado por enaltecer los valores que en la región algunos regímenes desean erradicar.
Leer a Ernesto Sábato y celebrar su centenario de vida es hacer un homenaje a aquellos gladiadores que defienden los principios con la vehemencia invencible de la pluma y la ideología vigorosa de la libertad. Esa misma que ha sabido derrumbar los muros impuestos brutalmente por la tiranía.
 

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