Empresas sienten presión de ser más amables con el ambiente

Empresas sienten presión de ser más amables con el ambiente

La creciente relevancia que los consumidores otorgan al tema ambiental desembocó en movimientos que coaccionan a las compañías a ser amigables con el medio ambiente.

07 de diciembre 2012 , 06:02 p. m.

Lo que empezó como una moda, hoy es una obligación.

Aunque hace unos años el hecho de que una compañía fuera amigable con el medio ambiente era considerado un valor agregado, factores como el aumento en la relevancia que dan los consumidores a la protección del mundo (especialmente los jóvenes), la creciente penetración de internet y el aumento en el número de usuarios que se conectan mediante redes sociales, han permitido que las personas se informen, se agrupen y presionen a las compañías para que se unan a la tendencia verde.

El ejemplo más reciente del fenómeno corre por cuenta de la experiencia de Zara, la cadena de tiendas de ropa más grande del mundo, que fue presionada hasta que se comprometió a eliminar las sustancias tóxicas de su cadena de distribución y producción, mediante una fuerte campaña que encabezó Greenpeace en su contra, todo en solo una semana.

“Más de 300 mil personas se sumaron a la campaña, y decenas de miles participaron vía Facebook y Twitter, mientras que más de 700 personas reclamaron en las calles frente a los comercios de Zara alrededor del mundo en señal de protesta”, reportó la organización.

Aunque por el citado caso podría pensarse que son las organizaciones ambientalistas las protagonistas de este movimiento, las cifras demuestran lo contrario.

El estudio Meaningful Brands, realizado por Havas Media, encontró que cerca del 86 por ciento de los consumidores en el mundo esperan que las empresas se involucren en la solución de los problemas ambientales, cifra que se incrementa al 96 por ciento cuando se trata de Colombia (16 por ciento más que en el 2010). Sin embargo, son pocos quienes creen que las compañías están haciendo un buen trabajo en este aspecto (28 por ciento en el mundo y 19 por ciento en nuestro país).

Al respecto, Henry Quintana, jefe de gestión ambiental del Politécnico Grancolombiano, explicó que “el consumidor se está informando y mediante las redes sociales se aglutina para generar presiones muy grandes sobre las industrias.

En un comienzo los compañías verdes eran solo retórica porque decían que eran amigables con el medio ambiente y no era cierto, entonces hubo una desilusión muy grande de las personas, quienes vieron que podían unirse para coercionar y lograr cambios”.

“A este consumidor proactivo no le interesa que las compañías cumplan con los requisitos legales, sino que buscan que vayan mucho más allá”, sentenció.

UN CASO COLOMBIANO

Hace un año, Comcel (ahora Claro) y LG se unieron en una promoción navideña en la cual se rifarían 200 cachorros entre quienes compraran celulares de esa marca en dicha compañía.

La actividad causó tanta indignación en internet (a la fecha hay más de 15 mil resultados que relacionan el tema) que, aunque ambas empresas defendieron la legalidad de la actividad, terminaron por ceder en menos de una semana y cancelarla para “reivindicarse” con los colombianos.

LARGO CAMINO POR RECORRER

Pese a los avances, el país está muy lejos de ser un ejemplo en el tema de la protección medioambiental.

En términos de “amistad con el planeta”, a Colombia le falta un largo camino por recorrer. Así lo asegura Manuel Rodríguez Becerra, exministro de ambiente, quien dice que “la verdad es que a las empresas colombianas se les está presionando muy poco porque la autoridad ambiental es muy débil.

Veo más retórica que cualquier otra cosa”.

Desde su perspectiva, “las empresas se están moviendo por el país sin mayor consideración ambiental”.

Sin embargo, este fenómeno no sería exclusivo del país ya que su análisis apunta a que la crisis económica mundial borró los temas medioambientales de la lista de prioridades.

“No estamos en una coyuntura muy favorable en este sentido, hay muchos factores en contra porque en medio de una situación económica actual las compañías cortan muchos gastos; además, si la gente no tiene qué comer, mucho menos cómo preocuparse por el medio ambiente”, sentenció Becerra.

Sin embargo, Sergio Rengifo, del Consejo Empresarial Colombiano para el Desarrollo Sostenible (Cecodes), sostiene que el dinero no puede sobreponerse ante la importancia de proteger el medio ambiente, aunque coincide con la posición de que el país debe esforzarse más en este aspecto.

“Es un tema de trabajo gradual, pero ya hoy en día la gente sabe lo que es el cambio climático.

Esto es algo que no se puede medir solo en plata.

El tema no es solo que una compañía invierta muchos millones, sino el impacto de esa inversión”, explicó el funcionario.

En este sentido, recomendó que las organizaciones evalúen sus impactos ambientales y comiencen a construir su reputación con base en prácticas sostenibles.

“No es un tema específico de un proyecto sino de toda la cadena de valor, desde que se idea el producto hasta que este ya ha sido utilizado y se debe disponer de sus desechos”, recordó Rengifo.

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