La mitad de la mitad

La mitad de la mitad

Las tareas pendientes del Gobierno no son pocas ni fáciles.

18 de julio 2012 , 08:21 p.m.

Resurrección de las relaciones con Venezuela y Ecuador; ratificación del Tratado de libre Comercio con Estados Unidos; firma de un documento similar con Corea del Sur y la Unión Europea; inicio de negociaciones con Japón, Panamá e Israel; otros, en proyecto con China, Costa Rica y Turquía; lanzamiento de la Alianza del Pacífico con México, Chile y Perú; Secretaría General de Unasur; Presidencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas; Cumbre de las Américas; participación activa en temas globales como el debate a la prohibición de las drogas psicoactivas; conflicto Israel-Palestina, y la cumbre de Río+20, todo ello al llegar a la mitad del (¿primer?) periodo presidencial de Santos.

En medio del clima político interno más adverso de estos dos años, el balance del manejo de la política exterior colombiana es un ejercicio que resulta todo, menos aburrido.

Desde el 7 de agosto del 2010, la política exterior de Santos ha estado marcada por una audacia calculada y visión cosmopolita, muy lejanas del provincialismo ovocéntrico de su antecesor.

Santos y la canciller Holguín saben que el mundo no comienza y termina en Colombia, que las Farc no son el principal problema global y que la microgerencia no solo opaca, sino desanima y limita a cualquier equipo de trabajo.

Este Gobierno ha entendido desde muy temprano que el éxito de la política exterior y de relaciones internacionales de un país no pasa necesariamente por coincidencias ideológicas, simpatías o antipatías personales, o miopes cálculos de costo/beneficio económico (cuántos recursos hay que invertir en ellas y cuántos negocios generan para el país).

De hecho, lo que hemos visto en los dos últimos años es la práctica de una visión de la integración que va más allá de lo comercial: energía, seguridad y oferta de cooperación internacional en la lucha contra el narcotráfico.

¿Quién podría haber imaginado que uno de los primeros columnistas colombianos en felicitar a la oposición venezolana tras el efímero golpe del 2002, que seis años más tarde fue el Ministro de Defensa que dirigió el ataque contra el campamento de ‘Raúl Reyes’, en Ecuador, se convertiría en gran mediador?

Santos, a quien hace poco más de dos años el presidente Correa calificó de ser “un peligro no solo para Ecuador, sino para toda la región”, y a quien el presidente Chávez señaló como una “clara amenaza para Venezuela y otros países de la región”, ha logrado hasta ahora aplicar a pie juntillas su principio de ‘respeto en la diferencia’ en lo que concierne a las relaciones con nuestros vecinos. Cuánto dure esta armonía depende no tanto de Colombia, sino del desarrollo de la política interna de estos países.

La opinión pública colombiana parece estar hasta ahora en sintonía con lo hecho desde el Palacio de San Carlos, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores: a juzgar por las encuestas, la Cancillería es la joya de la corona del actual Gobierno. Incluso, en el sondeo más reciente realizado por Gallup, en el que la popularidad del Presidente cayó a su nivel más bajo, no solo hay una mayoritaria aprobación al manejo de las relaciones internacionales (76 por ciento), sino que cuatro quintas partes de los consultados (81 por ciento), cree que las mismas están mejorando.

El mismo sonde muestra, incluso, que se mantiene un optimismo mayoritario frente a las relaciones con Venezuela (71 por ciento). Estos resultados contrastan con la percepción de la gente sobre temas con los que es tradicionalmente más sensible: corrupción (13 por ciento), economía (41 por ciento), desempleo (30 por ciento), guerrilla (22 por ciento), narcotráfico (29 por ciento), inseguridad (16 por ciento) y pobreza (35por ciento).

Por supuesto, no todo ha sido un camino de azahares.

La Cumbre de las Américas en Cartagena, evaluada desde la perspectiva que es tradicional en Colombia, de premiar la frugalidad y el ahorro, y castigar el gasto excesivo, es vista como el principal lunar en el desarrollo de la política exterior. Al gasto elevado ($62 mil millones) se sumó la falta de resultados visibles, especialmente la ausencia de una declaración política final.

Las tareas pendientes no son pocas ni fáciles: continuar el fortalecimiento de la carrera diplomática, ejecutar una inserción efectiva de Colombia en Asia, conseguir que la cooperación en seguridad con Venezuela acabe con un santuario de guerrilleros, llevar la discusión del manejo de las drogas a los foros regionales y mundiales en los que esta política pueda ser efectiva, entre muchos otras.

A juzgar por el ritmo de trabajo del equipo de la Cancillería y los resultados obtenidos hasta ahora, es posible que en los próximos dos años puedan cumplirse varias de ellas. De lo contrario, no sería del todo descabellado pensar en la reelección, esta vez, sin necesidad de modificar ningún ‘articulito’.

César Páez

Universidad Externado de Colombia - Redintercol.

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