‘Datos sobre desigualdad son escalofriantes’: Ocampo

‘Datos sobre desigualdad son escalofriantes’: Ocampo

La economía del cuidado ha jugado un papel central, pero solo vinimos a ser conscientes de ella gracias a los movimientos feministas, afirmó José Antonio Ocampo.

19 de junio 2012 , 08:20 p.m.

Hace una semana, en su conferencia en el Primer seminario del CISOE (Centro Internacional de Pensamiento Social y Económico) sobre “Bases para un Modelo de Desarrollo con Equidad”, el exministro de Hacienda José Antonio Ocampo hizo referencia a una propuesta concreta para un modelo económico incluyente y sostenible.

Sobre este tema, Portafolio, habló con el excandidato a la dirección del Banco Mundial y uno de los economistas colombianos más reconocidos en el mundo.

Usted ha dicho que la desigualdad es una pandemia. ¿Esa realidad se relaciona con la actual crisis mundial?

Los datos sobre desigualdad en el mundo son escalofriantes.

Por eso digo que es una verdadera pandemia.

Según estudios de la Universidad de las Naciones Unidas, el 76 por ciento de la población del mundo vive en países donde la desigualdad aumentó en las tres últimas décadas del siglo XX y el 60 por ciento en países donde continuó aumentando.

En Latinoamérica mejoró en la última década, pero apenas para regresar a los niveles ya malos de 1980 o 1990.

Muchos analistas consideran que la desigualdad es una de las causas de la crisis actual en el mundo desarrollado.

Esto obligó a los hogares a endeudarse para enfrentar el doble desafío de asumir los costos crecientes de la finca raíz en un contexto de estancamiento o reducción de los salarios reales.

En términos de equidad, ¿han fracasado los modelos de desarrollo de las últimas décadas?

Lo que queda claro es que la tendencia a la desigualdad es endémica, tanto en el mundo desarrollado como en desarrollo. No sorprenderse que la cohesión social esté a prueba en el mundo.

Usted también cuestiona la política social actual. ¿Cuál es su propuesta?

La solución a la crisis mundial de los años treinta del siglo pasado y a la doble amenaza del fascismo y el comunismo fue la extensión del Estado de bienestar. Esa fue la base para el periodo de mayor prosperidad de la historia económica de los países ricos.

Bajo modalidades que sean apropiadas para el mundo de hoy (en particular, que reconozca el papel mucho más central de la mujer en el mercado de trabajo y el papel central de la economía del cuidado) debería ser la respuesta a la crisis actual.

Usted enfatiza en la necesidad de hacer visible la economía del cuidado. ¿En qué consiste?

La economía del cuidado ha jugado siempre un papel central en el sistema económico, pero solo vinimos a ser conscientes de ella gracias a los movimientos feministas.

La propuesta consiste, en primer término, en hacer visible cuál es la contribución económica de la mujer que se realiza en el hogar.

Este debe ser el punto de partida para repensar a fondo la forma cómo se organizan dichas tareas y, en particular, cómo el Estado puede reemplazar algunas de ellas, generando de paso oportunidades de empleo, y cómo se facilitan aquellas que continúen realizándose en el hogar, con una contribución más igualitaria de hombres y mujeres.

¿El modelo económico de Colombia es sesgado contra la equidad de género?

No solo el colombiano, incluso el del grueso de los países desarrollados, donde hay mucho mayor avance en esta materia.

Las tareas del hogar no remuneradas continúan recayendo de manera abrumadora sobre las mujeres, su participación laboral se ve restringida por ese motivo, su inserción tiende a recaer en mayor proporción en actividades informales y mal remuneradas, y hay un contraste entre la mayor calificación educativa de las mujeres y su discriminación en términos de ingresos laborales y de acceso a los cargos de mayor responsabilidad.

¿Su propuesta de valorizar el trabajo de la mujer en el hogar significa ponerles salario a las amas de casa?

No, esa no es la propuesta.

No solo no tendría viabilidad económica alguna, sino que introduciría criterios que son a mi juicio antagónicos con la lógica de la solidaridad que debe regir la vida doméstica. Lo que hay que hacer es redistribuir mejor dichas tareas, entre hombres y mujeres, y entre el Estado y el hogar.

Ello debe partir de hacerlas visibles, de calcular cuánto tiempo de las mujeres se destinan a esas actividades y cuál es su contribución económica por esta vía.

¿Los subsidios a los más pobres generan equidad?

Claro que mejoran la situación de los pobres y en ese sentido generan equidad.

Pero hay una amplia literatura que indica que los sistemas universales de protección social generan más equidad que los estrictamente focalizados, o mejor, que estos últimos deben hacer parte de sistemas universales.

Además, algunos subsidios pueden generar efectos negativos.

¿En qué consisten los regímenes de bienestar y cuál es su aplicación?

Nuestra Constitución es la mejor guía cuando se inicia con la frase “Colombia es un Estado social de derecho”.

Lo que esto implica es que su base es el reconocimiento de que los derechos económicos y sociales, así como los civiles y políticos son inherentes a la ciudadanía, o como lo dice el Preámbulo de la Carta de la ONU, son la esencia de “un concepto más amplio de libertad”.

¿En cuánto tiempo podrían verse los primeros resultados?

Hay resultados inmediatos. Por ejemplo, en términos de acceso a ciertos beneficios, o la asunción por parte del Estado de responsabilidades domésticas que recaen sobre el trabajo no remunerado de las mujeres.

Pero otros toman más tiempo, como el cambio en los patrones culturales, como superar las desigualdades de género.

Usted es uno de los fundadores del Cisoe, con Cecilia López Montaño y Nohra Rey de Marulanda. ¿Cuál es su objetivo?

Tomamos como punto de partida el Preámbulo de Carta de las Naciones Unidas cuando habla de “promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de un concepto amplio de libertad”.

Nuestro compromiso es con un crecimiento compartido e incluyente. Esperamos lograrlo con la investigación, nuestra opinión y un amplio diálogo social.

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