Titanic, una tragedia con 100 años en el fondo del mar

Titanic, una tragedia con 100 años en el fondo del mar

El buque de los sueños se hundió en la noche del 14 al 15 de abril de 1912.

13 de abril 2012 , 08:02 p.m.

No chocó. Rozó con un iceberg y, tan suavemente que nadie se percató. La mala suerte hizo que la parte más dura del inmenso y cortante bloque de hielo se deslizara por el flanco más débil del casco del Titanic.

La voz de alarma la dio el primer oficial, William Murdoch, cuando observó que las luces del barco se reflejaban en lo que parecía una pared negra. Era una noche sin luna.

Cada segundo entraban seis toneladas de agua, y aunque debiera haberse hundido en 20 ó 25 minutos, su excelente construcción permitió que aguantara casi tres horas frente a las inclemencias.

Estos detalles cambian algunas de las creencias sobre el hundimiento del Titanic, según detalla el presidente e impulsor de la Fundación Titanic, Jesús Ferreiro, en vísperas de los actos conmemorativos del primer centenario del trágico naufragio, que cambió para siempre las normas de seguridad marítima tras el triste balance: más de 1.500 muertos y 700 supervivientes.

La noche del 14 al 15 de abril será una fecha para recordar las sobrecogedoras historias en torno al llamado “barco de los sueños”, cuyo precio, hundido a cuatro kilómetros de profundidad en las frías aguas del Atlántico –al sur de Terranova–, podría desaparecer en 15 ó 20 años.

La chapa de 25 centímetros de grosor ha quedado reducida a 12 centímetros, y, según las conclusiones de la última expedición que descendió al lecho marino, los restos del naufragio acabarán cediendo sobre sí mismos.

Ya no quedan objetos que rescatar, aunque el área sigue fuertemente controlada por la Marina de Estados Unidos.

A pesar de que los restos de semejante obra de la ingeniería desaparezcan demostrando la frágil condición del hombre frente a la naturaleza, la historia del Titanic seguirá viva, pues, como recuerda Jesús Ferreiro, la fascinación por este buque nace con su misma botadura en la ciudad de Belfast: 60.000 personas acudieron a ver el segundo de los tres buques más grandiosos jamás construidos (sus hermanos gemelos eran el Olimpic y el Britannic).

Estos vapores superaban en lujo, capacidad y seguridad a cualquier otro barco del momento.

Eran el orgullo de sus constructores, una alianza entre Harland and Wolff, y White Star Line (la armadora y propietaria). Quizá por eso, algunas versiones apuntan a que en el viaje inaugural del Titanic, el capitán Edward Smith, navegaba demasiado rápido.

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