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¿Dónde están los 'expertos'?

¿Dónde están los 'expertos'?

La economía real es impura porque predomina lo financiero, intangi-<br />ble y virtual, pero seguimo

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
29 de noviembre 2010 , 08:08 p. m.

Alguien me dijo una vez: "Un economista es un experto que sabrá mañana por qué las cosas que predijo ayer no sucedieron hoy"; sin embargo, aún no hay respuestas solventes ante la crisis del 2008. ¿Qué puede estar ocurriendo?


Puede haber algo de parálisis y confusión, efecto Pigmalión, pues mientras algunos sugieren que la eficiencia económica está probada por su imprevisibilidad, y no por el ajuste a su propósito de bienestar; otros parecen esperar la magia de alguna mano invisible.


Claro, es difícil escapar a esta inercia si la vanidad impide distinguir entre criticar y pensar críticamente, como le ocurrió a Bernanke cuando era académico puro y calificaba las intervenciones de choque de sus colegas en el Banco del Japón como "confusas, incoherentes y demasiado cautas"; fácil es recetar, difícil es curar.


El hecho es que la economía real es impura porque predomina lo financiero, intangible y virtual, pero seguimos anclados en las mismas bases ortodoxas que se reparten adeptos y comparten pecados, dado que hay consenso al reconocer la desregulación como artificio de excesos y la intervención como adversa solución, pues, víctimas de nuestro propio invento, caímos en la trampa de liquidez: dilación de periodos de crecimiento bajo, frugalidad y deflación, elevado desempleo y subempleo estructural, informal y de baja productividad.


Medidas aisladas han hecho que la asignación de recursos no sea eficiente en conjunto, dado que las asimetrías persisten en los países en desarrollo, donde el crecimiento es coyuntural y no robusto, pues los excedentes de capital no se integran estructuralmente, limitando su capacidad de expansión y transformación, productiva y laboral.


La función cualitativa del modelo se perdió entonces en la cuantitativa: la paradoja de crecimiento sin desarrollo, donde la economía financiera predomina sobre la sociedad postindustrial, como sustituto y no complemento. Lo cierto es que no podemos resolver los problemas si seguimos pensando del mismo modo en que los creamos; parafraseando al doctor Rodolfo Llinás, creer que la única manera de hacer economía es aumentar de modo ilimitado el capital es un desperdicio social.


Requerimos controvertir aquellos supuestos aparentemente obvios e incuestionables, pues han sido décadas perdidas, de estandarización intelectual; ahora que soplan vientos a favor, es momento de diversificar generando respuestas propias, adecuadas a la realidad global, y aplicadas con pertinencia y oportunidad a nuestra necesidad local, pues no llegarán del G-20.


Después de una larga espera, el paquete de medidas dispuestas por el Gobierno y el banco ha demostrado visión sistémica, decisión y coordinación; los resultados son visibles, es un buen comienzo para reafirmar nuestra calidad institucional.


No nos dejemos contagiar del vicio que destacó Churchill: "La falla de nuestra época consiste en que nuestros mejores hombres quieren ser importantes, no útiles".

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