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La 'reformitis'

La 'reformitis'

Parecería que el 'reformismo' es un pretexto del establecimiento colombiano para no actuar y tomar l

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de noviembre 2010 , 07:28 p. m.

Por estos días, con el auspicio de la Corte Constitucional y su presidente, Mauricio González, y la Universidad Externado de Colombia, se adelanta en Cartagena un interesante seminario internacional de derecho constitucional, con la presencia de reputados profesores y líderes políticos como Felipe González y Belisario Betancourt sobre el llamativo tema de 'Independencias y constitucionalismo', a propósito del Bicentenario de la Independencia.


Allí mismo, se rindió un merecido homenaje al profesor Carlos Restrepo Piedrahita, serio académico e investigador y uno de los mejores cultores del derecho público en América Latina, honor que fue agradecido en su nombre con un excelente discurso de gran factura literaria y jurídica, pronunciado por el rector Fernando Hinestroza.


Ese recorrido histórico demostró que mientras, por ejemplo, las antiguas colonias británicas se dedicaron, como EE. UU., a construir nación y a crear las condiciones del desarrollo económico y social, los latinos, y particularmente los colombianos, nos dedicamos a hacer Constituciones. Cartagena, Tunja, Mariquita, Antioquia, para citar unos cuantos casos, tuvieron sus propias Constituciones.


Durante el siglo XIX, buena parte de las guerras civiles se originaron con la idea de cambiar o sostener una Constitución. Es clásica la anécdota, no comprobada históricamente, según la cual, cuando los liberales radicales le llevaron a Víctor Hugo, en París, la Constitución libertaria de 1863, el genial escritor les contestó que era una Constitución excelente, sólo que parecía redactada para ángeles.


La inicial Constitución de 1886 -la de Núñez y Caro-, cuando fue sustituida en 1991, ya casi nada tenía que ver con la original, autoritaria y conservadora, pues había sido reformada en el curso de un siglo en más de 80 ocasiones; y la del 91, producto de un consenso en su momento, en menos de 20 años ha sido reformada en más de 25 ocasiones, es decir, más de un cambio por año; eso sin contar los actuales proyectos de reforma constitucional que cursan en el Congreso, unos importantes como los de regalías, y otros de menor envergadura.


Pero la tendencia sigue en todos los órdenes, trátese de los códigos penal o de procedimiento penal, de la política criminal, del régimen de salud o de pensiones, o de las reformas agraria o urbana.


Seguimos creyendo que todo se soluciona con leyes y que gobernar es sinónimo de legislar. ¿Cuántas 'reformas políticas' hemos tenido en los últimos años? ¿En cuántas ocasiones hemos modificado el estatuto de la contratación pública? ¿Qué decir de las muchas comisiones de 'moralización' creadas en el pasado? ¿Cuántas reformas constitucionales o legales le hemos hecho al Congreso y a la Rama Judicial en los últimos 40 años? ¿Cuántos estatutos 'anticorrupción' hemos dictado o propuesto, cuando basta con aplicar uno solo, que es el Código Penal?


Ahora vuelve a hablarse de la 'ley de tierras'. Si Colombia hubiese aplicado plenamente las leyes 200 de 1936 -Gobierno de López Pumarejo- y la 135, de 1961 -Gobierno Lleras Camargo con la participación decisiva de Lleras Restrepo y Otto Morales Benítez-, desde hace muchos años tendríamos reforma agraria.


No se requieren nuevas leyes para arrebatarle las tierras a narcos, guerrilleros y paramilitares, y devolvérsela a sus dueños. Desde el Gobierno de Barco se concibieron los primeros decretos sobre extinción de bienes originados en la delincuencia organizada. En lugar de controlar la Dirección Nacional de Estupefacientes para que no pasara lo que ahora tardíamente se denuncia, nos dedicamos a reformar las normas. Si a esos decretos se suman las disposiciones de los códigos penal y de procedimiento penal, sería innecesario expedir más normas.


A veces parecería que el 'reformismo' es un pretexto del establecimiento colombiano para no actuar y tomar los correctivos que realmente se necesitan.

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