'Colombia debe vender mucho más que café, carbón o petroleo'

'Colombia debe vender mucho más que café, carbón o petroleo'

Así lo dijo el economista Jeffrey Sachs, que a su vez aclaró que parte del problema de Europa y EE. UU. es que en materia tecnológica el resto del mundo los está alcanzando.

21 de noviembre 2011 , 09:13 p. m.

Desde hace tres décadas, cuando fue designado profesor de economía en la Universidad de Harvard poco tiempo después de graduarse, Jeffrey Sachs se ha destacado como uno de los analistas más brillantes del hemisferio occidental. 

Con una larga experiencia que incluye el trabajar con gobiernos de América Latina, Asia, África y Europa Oriental, tiene una visión de las cosas que difiere de la de muchos de sus colegas.

Vinculado actualmente a la Universidad de Columbia en Nueva York y cercano a las Naciones Unidas, en donde ha estudiado temas ambientales, Sachs viene de publicar el libro El precio de la civilización, que ha llegado al lugar de los más vendidos en Estados Unidos.

Conocedor de Colombia, el economista norteamericano estuvo la semana pasada en el ‘Congreso de Infraestructura’, que tuvo lugar en Cartagena, invitado por Corficolombiana. En esa ocasión, habló con Portafolio.

¿Cuál es su análisis sobre la situación de la economía mundial?

Depende del lugar. En el hemisferio norte, Europa podría estar en recesión y Estados Unidos enfrenta un crecimiento lento.

Ambos tienen problemas estructurales en materia política, social, fiscal y económica que no se han resuelto y tomarán mucho tiempo para solucionar.

¿A qué se debe eso?

Una parte del problema es que en materia tecnológica el resto del mundo los está alcanzando, pues la competencia se está haciendo mucho más fuerte. Pero lo principal es que la mayoría de las instituciones ya no están funcionando y los efectos de la burbuja que explotó la década pasada no se han resuelto, como lo muestran las dificultades en los mercados de deuda e inmobiliario. Además, hay crisis fiscales enormes y división política.

¿Y quiénes van bien?

Asia sigue creciendo rápidamente, lo cual comprueba que el llamado desacoplamiento ha funcionado.

Sin embargo, hay temor de que el lento crecimiento en los países de alto ingreso le reste dinámica a las economías emergentes. Por eso la gran pregunta es si China se va a mantener fuerte o no.

¿Usted qué cree?

Tiendo a ser optimista, porque mi visión es que el rápido crecimiento de China, India y otros países del sureste asiático está basado en un acelerado avance tecnológico, en el que ha habido mucha inversión y un gran aumento en productividad.

Eso es fundamental, no es un tema cíclico. Cuando Asia cayó en crisis en 1998 dije que ese no iba a ser el fin del milagro y que era sólo un obstáculo en el camino, y estaba en lo correcto.

¿Eso qué implica?

Que detrás del crecimiento de Asia hay una tendencia fundamental de largo plazo. Y si ese es el caso, países como Colombia serán grandes beneficiarios porque hay una demanda creciente para todo lo que ustedes tienen para vender: recursos energéticos, metales, productos agrícolas o carbón.

¿Quiénes saldrán ganadores en ese escenario?

América Latina, porque es una región exportadora de productos básicos. Esta situación puede generar grandes ingresos, ayudar a mejorar el balance fiscal y ser usada para invertir en necesidades fundamentales, como educación, ciencia, tecnología e infraestructura.

Suena optimista…

Tiendo a serlo, a pesar de que mi país se ha visto afectado. Pero en un montón de partes del mundo se preguntan cuál crisis. Muchos no la sienten, pues ven dinamismo y oportunidades de mejorar.

Pero la situación es difícil…

Sin duda, aunque espero que en el mediano plazo el crecimiento en los países desarrollados vuelva.

Usted se describe como un economista clínico. ¿Qué le recetaría a un paciente como Europa?

Reposo y que no haga nada dramático como sacar a Grecia de la zona euro. Alemania no ha jugado el papel de liderazgo que debería tener en la economía europea, como tampoco lo ha hecho el Banco Central Europeo (BCE).

¿Por qué?

Porque en Berlín pesa mucho el recuerdo de lo ocurrido en 1923, cuando los manejos en la República de Weimar, después de la Primera Guerra, la llevaron a una hiperinflación.

Eso los hace limitar el papel del BCE, pero en mi opinión parece que no han comprendido cómo es que el banco central debería operar.

No obstante, insisto en que Europa no está en un colapso fundamental. Está en una especie de shock ante el cual necesita ayuda, para calmarse y lograr que haya estabilidad. Eso exige que el banco central provea la liquidez necesaria.

¿Qué más recomienda?

Le recomiendo al Fondo Monetario Internacional que juegue un papel mayor porque debido a las discrepancias políticas de los países de la zona euro es imposible hacer un plan juntos. Hay mucha política, poco profesionalismo y poco pensamiento de medio plazo.

Los resultados son muy pobres y hasta este punto los europeos son los causantes del pánico. Si ellos siguen mejores procedimientos para manejar la crisis, el mundo va a sentir alivio.

¿Y Estados Unidos?

Tengo la frustración, como ciudadano, de estar viendo la economía de mi país en declive. La razón es que la sociedad americana perdió su clase media, en el sentido que tenemos muy pocos en esa categoría.

Hay unos muy ricos en la clase alta y muchísimas personas que tienen inseguridad económica porque hay baja estabilidad laboral.

¿Cuál es la solución?

Hay una visión que dice que el gran déficit debe solucionarse con cortar más gastos del Gobierno, incluyendo seguridad social, educación e infraestructura.

Pero mi opinión es que tenemos que aumentar impuestos a las compañías y a los más ricos.

Los republicanos quieren mantener impuestos bajos y los demócratas, estímulos de corto plazo, que es tolerar el déficit. Con ambos estoy en desacuerdo. Mi aproximación es aumentar impuestos, pero en la cima de la pirámide, cerrar el déficit del presupuesto y conservar los servicios del Gobierno.

¿Está decepcionado de Barack Obama?

Mucho. Yo lo apoyé fuertemente. Creí en su idea sobre invertir en el futuro que fue repetida en docenas de discursos: aumentar la educación, invertir en energías renovables, controlar el cambio climático, renovar la infraestructura e impulsar la tecnología.

Esos temas formaban parte de la agenda correcta, pero no dijo cómo iban a pagar por ello. He encontrado sus políticas desarticuladas. Hay una visión de lo que debe ser el futuro pero lo otro es el presupuesto existente.

¿Qué está viendo en América Latina?

Es un periodo maravilloso. Trabajé en la región especialmente en la década de los 80. Los países en ese entonces estaban volviendo a la democracia, pero había hiperinflación en Brasil, Argentina, Bolivia y Perú, entre otros.

El ambiente era muy inestable e incluso peligroso, pero, junto con el fin de las dictaduras militares, las cosas empezaron a mejorar, aunque el tránsito no fue fácil. Ahora que vuelvo veo fortalezas y posibilidades para la próxima década.

La democracia es robusta, las sociedades son más abiertas, hay menos corrupción y los gobiernos han mejorado.

¿Qué más encuentra?

La región tiene muchas ventajas naturales. Es rica en bienes primarios en momentos en que los precios están altos. Además tiene tasas altas de urbanización, lo cual es una ventaja inmensa.

Y por supuesto, lo que más me sorprende, es que los gobiernos están invirtiendo en la gente.

Quizá el mayor ejemplo sea Brasil, que ha tenido dos muy buenos presidentes que han invertido en reducir la desigualdad. Pero eso es sólo el comienzo, porque se necesita más calidad.

Va más gente a los colegios, pero aprende poco. Veo entonces una gran oportunidad para fortalecer el conocimiento y la calidad de la educación, porque se puede usar como la llave para la movilidad social.

En un plazo más largo, ¿qué le preocupa?

Hay dos riesgos que pocos analizan. El primero es la demografía. Ya hay 7.000 millones de habitantes en el planeta y en 14 años serán 8.000 millones.

Para el 2045 llegaremos a 9.000 millones y en el 2085 la suma podría llegar a 10.000 millones de personas, según la ONU.

El otro es el cambio climático, que es una realidad cada vez más evidente y que, si no se avanza en la toma de soluciones, puede ser verdaderamente catastrófico. La responsabilidad debe tomarse de manera más seria.

‘COLOMBIA DEBE VENDER COSAS MÁS ALLÁ DE CAFÉ, CARBÓN O PETRÓLEO’

¿Cuál es su perspectiva frente a Colombia?

Colombia viene saliendo de muchos problemas y de una sociedad afectada por la violencia y muchas otras crisis, pero tiene institucionalidad fuerte, de cumplimiento de las normas.

Ha atravesado un gran periodo de manejo macroeconómico y el país crece pero tiene retos grandes.

El sistema educativo es pobre, los avances en innovación, ciencia, o tecnología, tienen que crearse. Hay una economía basada en exportaciones de recursos naturales. Ahora es tiempo para vender cosas más allá de café, carbón o petróleo.

Entonces es el momento de tomar el progreso que se ha hecho y utilizar esta década para invertir en formalización, infraestructura, educación, salud y la base del conocimiento. Es hora de hacer la tarea.

¿Cómo evitar la maldición de los recursos naturales?

Hay que explotar esos recursos en una forma en que sea ambientalmente amigable. Segundo, hay que reconocer los límites de ese capital. Y tercero, convertirlo en capital humano.

Eso es lo básico: tomar los metales, el petróleo o el carbón y convertirlos en más educación, salud y científicos para el país.

Ricardo Ávila Pinto

Director de Portafolio

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