'La tierra enfermiza'

'La tierra enfermiza'

Colombia es cada vez más desigual. En la medida en que paralelo al crecimiento económico no haya un

17 de agosto 2010 , 08:30 p. m.

Tony Judt es un historiador inglés, profesor de New York University, que dirige el Instituto Remarque, dedicado al estudio de Europa. En su último libro, cuyo título traduciría como La tierra enfermiza, Judt hace un análisis del impacto que, como consecuencia de la crisis del 2008, sufre el contrato social. Habla de que las garantías que definieron la Europa de la posguerra (seguridad, estabilidad y justicia), no se puedan ya tomar por dadas.


Son particularmente relevantes, para los lectores colombianos, los capítulos en que analiza las consecuencias que sobre el crecimiento económico tiene la concentración del ingreso. En el inicio de un cambio de gobierno es importante que hagamos una reflexión sobre este y otros temas afines.


En casi todas las actividades de ocurrencia diaria en Colombia, se evidencia el nivel creciente de riqueza en las ciudades. Los restaurantes, las discotecas y otros sitios de entretenimiento afloran por doquier, y mantienen altos índices de ocupación. Es tal la demanda por entretenimiento, que los empresarios que traen espectáculos de alto nivel han tenido que prolongar las temporadas. Aun así los llenos son visibles.


Es evidente que Colombia es cada vez más desigual. En la medida en que paralelo al crecimiento económico no haya un efecto distributivo de riqueza, nos tendremos que enfrentar a una sociedad más insatisfecha. La consecuencia es un desbarajuste social con un incremento en la inseguridad y el crimen común. Tiene la sociedad civil que diseñar mecanismos que hagan más dinámica la movilidad social. El primer paso a dar en busca de la igualdad de oportunidades es el de la mejora en la nutrición infantil, y seguidamente en los niveles educativos.


En un extremo de rápido crecimiento económico como el que podemos prever para un futuro cercano, se hace aún más tensa la situación. Si únicamente unos pocos nos beneficiamos de este crecimiento, los contrastes harán que surjan cada vez más manifestaciones de inconformidad por parte de los que no perciben ventaja alguna en el cambio, y el resultado será un enfrentamiento frontal entre los que tienen y los que carecen.


Nosotros mismos debemos pellizcarnos y despertar al hecho de que tenemos que confrontar y asumir la responsabilidad de buscar un modelo de desarrollo que permita que, en paralelo, crezca la economía y la desigualdad disminuya.


Tenemos que analizar los índices de pobreza con relación a los logros de países como Brasil y Chile. Si sólo comparamos a partir de una base histórica, dado que partimos de un punto muy bajo, en apariencia estamos mejorando sustancialmente.


El modelo asistencial tiene que revisarse para reemplazarlo por uno donde los recursos del Estado sirvan como catalizadores de mayor empleo, lo cual tiene un efecto directo en la dignidad de los ciudadanos. Tenemos que aplaudir las iniciativas que el Gobierno del presidente Santos viene demostrando, como la orientación de incentivos fiscales a la creación de empleo. Los ministros y otros dignatarios entrantes han dado mensajes que dan la esperanza de estar entrando a un periodo donde lo social se convierte en prioridad para la política gubernamental.


Todos debemos reflexionar en nuestra responsabilidad individual de apoyar y coadyuvar en este campo al tiempo que auguramos con optimismo un futuro mejor para todos los colombianos.

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