Dos 11 de septiembre

Dos 11 de septiembre

Dos 11-S cuyas causas, consecuencias y desarrollos, habidas proporciones, están definiendo el nuevo

13 de septiembre 2009 , 05:19 p. m.

El 11-S del 2001 señalará para siempre el 'antes' y el 'después' de la destrucción de las Torres Gemelas, y de parte muy significativa del Pentágono: tragedia con lo cual Occidente quedó notificado de su inmensa vulnerabilidad y del desplome de las ecuaciones tradicionales de la guerra convencional.


Y, 36 años atrás, para la democracia 'periférica' otro 11-S, en 1973 -teniendo como escenario el Palacio de la Moneda bombardeado y el suicidio del presidente Allende-, se tradujo en el derrumbe de una bella utopía: el acceso del socialismo real al poder por la vía eleccionaria.


Dos once de septiembre cuyas causas, consecuencias y desarrollos, habidas proporciones, están definiendo el nuevo orden mundial, la suerte de las ideologías y la lucha por una paz con equidad.


Ríos de tinta corren sobre uno y otro acontecimiento. Sus analistas coinciden en una misma deducción: la injusticia social y la violación de los Derechos Humanos conduce, ineluctablemente, a la ingobernabilidad y al caos institucional. Más todavía, tratándose del expansionismo matón y fascistoide predicado por Chávez. Sin embargo, el 'caso' chileno, por su cercanía, debe ser más difundido y dilucidado entre las nuevas generaciones. El Plan Cóndor ideado por Pinochet, por ejemplo, debemos tenerlo muy presente, por cuanto, olvidarlo es ignorar hasta dónde puede llegar una sociedad polarizada como ocurrió con la Alemania de Hitler y el Chile de 1973. Fue antecedido por la Caravana de la Muerte, consistente en la tortura de 75 allendistas que luego fueron desaparecidos: la mayoría lanzados al mar desde los aviones asignados a los sistemas de seguridad como la Dina, y a su siniestro coronel Contreras.


El Plan Cóndor conformó una especie de 'Mercosur del Terror', en la década de los setenta y los inicios de los ochenta, con el fin de derribar las fronteras geográficas y políticas para que el terrorismo de Estado circulase sin pasaporte, bajo la rectoría suprema de Pinochet. Su lema lo sintetizó el general Saint Jean: "primero mataremos a los subversivos, después a los colaboradores, luego a sus simpatizantes, enseguida a los que permanezcan indiferentes y, finalmente, a los tímidos".


Los socios del Plan Cóndor coincidieron en el mismo manual de tortura. Las técnicas para aniquilar cuerpos y mentes fueron similares. Lo que podía variar era la dosis de sadismo de cada verdugo. Según diversos libros del 'Nunca más' e informes de las iglesias de cada país miembro, los principales martirios fueron: dejar al prisionero por horas o por días de pie, encapuchado o desnudo, en los llamados plantones. Golpear con cachiporra, palmatorias de goma o barras de hierro, en cualquier parte del cuerpo. Sumergir a los presos en tanques de agua sucia o con excrementos (el llamado submarino). Aplicar choques eléctricos, principalmente en los órganos genitales y en las orejas. Colgar a la víctima, con las manos amarradas por detrás. Arrancar las uñas de las manos y de los pies. Asfixiar con sacos plásticos cubriendo la cabeza, en el submarino seco. Ubicar al preso en lugares insalubres, entre basura e insectos. Obligar al preso a asistir a las torturas de otros o a violaciones sexuales. Violar a hombres y mujeres. Quebrar brazos que ya estaban heridos. Simular fusilamiento o atropellamientos. Amenazar a familiares y amigos de los prisioneros.


El ex presidente Lagos, siendo candidato, sintetizó el drama de su país así: "el Caso Pinochet le ha demostrado a Chile que una democracia debe enfrentar todos sus asuntos pendientes por penosos que ellos sean, y no barrerlos debajo de la alfombra, ya que eventualmente resurgirían".

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