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Los años maravillosos

Los años maravillosos

Ayer, como hoy, muchas voces se callaron a machete y a balazos.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
18 de abril 2011 , 07:47 p. m.

 

Cuando anunciaron un concierto de Piero con Ana y Jaime, pensé que sólo irían a verlos, con nostalgia, unos pocos  fans  próximos a entrar a la tercera edad, que cantaron sus canciones hace 40 años, y que aún conservan los viejos discos de acetato, que ya no pueden oír porque no tienen cómo conectar el vetusto tornamesa al moderno parlante del Ipod de sus hijos, pero que los guardan para, de vez en cuando, recordar cómo eran de jóvenes viendo esas carátulas de la pareja de adolescentes colombianos o el muchacho argentino con gafas más grandes que su cara. La primera sorpresa fue encontrar el teatro Jorge Isaacs lleno a reventar.

La otra fue ver que no estaban sólo cincuentonas o sesentones, sino muchos de la treintañez e inclusive sardinos, gente de todas las edades coreando las canciones con un entusiasmo pocas veces sentido en ese teatro.

Dicen que así se vivió en Medellín y Bogotá, y seguro será igual en Barranquilla y Cartagena, donde termina la gira. García Márquez escribió que la nostalgia siempre empieza por la música y nos tiende una trampa “que quita de su lugar a los momentos amargos y los pinta de otro color, y los vuelve a poner donde ya no duelen”. Por eso, volver a oír canciones de Piero como  Mi viejo ,  Los americanos  o  Juan Boliche , o de Ana y Jaime como  Café y petróleo ,  soy rebelde  o  estaciones en el sol , nos transporta a un tiempo de sueños e ideales, del mayo francés y la guerra del Vietnam, de Allende y los exilados chilenos o argentinos huyendo de los dictadores asesinos, del movimiento universitario y las luchas agrarias, y hoy pensamos que esos fueron los años maravillosos. Pero no todo es nostalgia. Si la canción protesta le llega a nuevas generaciones es porque sigue teniendo vigencia y actualidad en América Latina.  Oyendo “A desalambrar, a desalambrar… que esta tierra es de nosotros y no del que tenga más ”, cómo no pensar en la tragedia de los millones de desplazados y en el esfuerzo del Gobierno por devolverles los terrenos que les quitaron a sangre y fuego.

El Pedro Arado, el Pedro Terra, el Pedro Nadie, sigue siendo hoy campesino de campo ajeno. ¿Acaso ese Ricardo Semillas, al que mató hace 40 años una bala con sed de sangre emboscada mientras sembraba nuevos amaneceres, no es la misma valiente Yolanda asesinada por reclamar sus tierras a los paramilitares? Ayer, como hoy, muchas voces se callaron a machete y a balazos.

Ay país, país, país, tengo la bronca en la voz. Estas canciones siguen contando lo que pasa con mi gente y su pobreza: que todos los días la gente laburaba noche y día, mientras los diarios publicaban porquerías; y que los oportunistas que Victor Jara denunciaba por no ser “ni chicha ni limonada” siguen siendo los mismos políticos tránsfugas y voltiarepas de hoy que van de partido en partido buscando el mejor postor. Piero prefiere llamar a esta música “Canción Propuesta”, porque no sólo es denuncia, sino canto de esperanza y utopía, que debe servir para que de adentro nazcan cosas nuevas. Como dijo el director del Odin Teatret, que hoy se presenta en Cali, “se puede cabalgar quimeras toda la vida sin nunca vencer, pero sin ser derrotados. Lo que se pone en juego no es cambiar el mundo sino vivirlo dignamente”.

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