Por qué es tan difícil restituir el arte saqueado por nazis

Por qué es tan difícil restituir el arte saqueado por nazis

Conocidas como la colección Gurlitt, se encuentran en el centro de una controversia desde cuando fueron encontradas en el apartamento de un anciano pensionado.

17 de febrero 2016 , 11:58 p.m.

El caso de los 1.200 cuadros encontrados en un apartamento en Múnich, un multimillonario tesoro artístico que perteneciera a uno de los negociantes de arte de Hitler, ejemplifica como nunca antes lo que ocurre en Alemania con las obras de arte confiscadas a familias judías por los nazis.

Conocidos como la colección de arte Gurlitt, los cuadros están en el centro de una controversia internacional desde cuando fueran encontrados en el apartamento de un anciano pensionado, recluso y solitario en 2013, hasta ahora, cuando una comisión especial, nombrada por el gobierno federal del estado de Bavaria para establecer el origen de las obras, llegó a una conclusión sorprendente.

Después de dos años de trabajo los investigadores solo pudieron probar que cinco de las 1.500 valiosas piezas fueron producto del saqueo nazi, lo cual ha provocado fuertes críticas por parte de los herederos de las obras, coleccionistas de arte, periodistas que siguen el caso, abogados, grupos judíos y del mundo artístico en general.

Todo lo relacionado con el manejo de la notoria colección, que incluye obras de Beckmann, Chagall, Matisse, Courbet, Dix y muchos otros famosos artistas del modernismo, ha sido mantenido bajo un manto de secreto por las autoridades. La existencia de la colección solo se conoció meses después de que las autoridades la confiscaran cuando una revista reporó el hecho.

DÉCADAS ESCONDIDAS 

Antes de ser descubierta por casualidad y decomisada por el Gobierno, la multimillonaria colección llevaba décadas escondida en el apartamento de Cornelius Gurlitt, el hijo de Hildebrand Gurlitt, uno de los más influyentes comerciantes de arte durante el tercer Reich. Inicialmente Cornelius, quien ya tenía 80 años, peticionó por la restitución. En abril de 2014 el anciano firmó un acuerdo según el cual estaba dispuesto a devolver a los dueños originales las obras que el equipo especial de investigación probara que habían sido robadas o adquiridas bajo coerción por los nazis. A cambio, Gurlitt podía quedarse con el resto.

Un mes después los abogados del anciano anunciaron su muerte y la existencia de su testamento según el cual le legaba la colección al Kunstmuseum en Berna, Suiza. Un nuevo acuerdo fue firmado con gran discreción entre el gobierno de Bavaria y el museo de Berna para continuar la investigación sobre la procedencia de las obras y bajo las mismas condiciones, es decir, que el museo se compromete a devolver las obras que se pueda comprobar que fueron saqueadas y se queda con el resto.

El caso abre la puerta a toda clase de interrogantes sobre por qué las autoridades y gobiernos, incluyendo los aliados victoriosos después de la guerra hicieron tan poco esfuerzo o han sido tan ineficientes en la búsqueda de obras de arte que ilegalmente cambiaron de manos durante el Tercer Reich.

Era bien conocido en el mundo del arte internacional que Hildebrand Gurlitt tenía importantes responsabilidades “artísticas” durante los 12 años del partido nacionalsocialista tanto para reciclar miles del llamado ‘arte degenerado’, que por decreto permitió a los nazis purgar museos y colecciones privadas de obras de inmenso valor, como también para adquirir un número incalculable de obras y objetos de arte en subastas, de galerías y mediante intercambios con comerciantes, coleccionistas y artistas que vivían y trabajaban en los territorios ocupados por los alemanes. Así mismo, para decidir el destino de obras saqueadas de las casas de familias judías exterminadas en campos de concentración.

Para los ocupantes aliados de Alemania después de la Segunda Guerra Mundial, localizar obras de arte era una prioridad baja. El énfasis era regresar a la “normalidad” de la postguerra y tanto las autoridades alemanas como los museos tenían pocos incentivos para abrir esa caja de Pandora del pasado. Igualmente, como lo reveló una investigación el año pasado, tanto coleccionistas, como galerías y museos del mundo han tratado siempre de evadir la responsabilidad de investigar el origen de obras sospechosas y de restituirlas a sus dueños originales. En muchos casos interponiendo tácticas legales onerosas y demoradas. Esa tendencia ha sido también un obstáculo para las familias que reclaman las obras, quienes en muchos casos prefieren no proseguir largas luchas legales. La pelea por la colección Gurlitt se complicó aún más cuando un primo del anciano desafió la validez del testamento arguyendo que Gurlitt no estaba en plena posesión de sus facultades cuando le dejó las obras al museo, y reclama la propiedad de las mismas como heredero. También sin resolver es el hecho del estatuto de limitaciones referente al tiempo prescrito para que los propietarios legítimos puedan reclamar arte saqueado por los nazis. Hay una ley pendiente de aprobación en Alemania para rescindir tales límites.

Es bien sabido que el mundo del arte se nutre de la discreción y los secretos compartidos y que la ley del silencio reina entre comerciantes, coleccionistas, galeristas, intermediarios, compradores y vendedores del arte. Esa realidad dificulta aún más las investigaciones para comprobar la proveniencia de las obras.

Estos primeros resultados del grupo de trabajo a cargo de la colección Gurlitt han generado más preguntas que respuestas y al final resolvió menos del 1% de los casos bajo su responsabilidad. Cuatro de las cinco obras comprobadas de saqueo ya fueron devueltas a sus legítimos herederos, incluyendo Dos corredores en una playa de Max Libermann y Mujer Sentada de Henry Matisse. El resto tendrá que esperar probablemente por muy largo tiempo.

Cecilia Rodríguez
Especial para Portafolio
Luxemburgo
 

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