'El esfuerzo tributario debe ser más alto': Moreno

'El esfuerzo tributario debe ser más alto': Moreno

El presidente del Banco Interamericano de Desarrollo habla de las necesidades para el desarrollo del país. Dice que la inversión pública en infraestructura debe doblarse y que aumentar los impuestos en necesario.

14 de febrero 2016 , 10:19 a.m.

A mediados de la semana, el Banco Interamericano de Desarrollo presentará en Bogotá el estudio ‘Colombia: hacia un país de altos ingresos con movilidad social’, que propone una senda de largo plazo, con acciones en múltiples frentes. El presidente de la entidad, Luis Alberto Moreno, habló con EL TIEMPO.

¿Cómo resumiría el estudio que el BID dará a conocer?

Es el resultado de un análisis juicioso que hicimos en el Banco, el cual muestra cómo podríamos llegar en 15 años a tener un ingreso por habitante cercano a los 30.000 dólares anuales, similar a los de las naciones del sur de Europa.

Semejante posibilidad se ve lejana en medio de la desaceleración actual...

Lo entiendo. El mensaje central es que si nos quedamos cruzados de brazos, seguiremos al ritmo de la corriente. Pero de lo que se trata es de impulsar las reformas que nos permitan andar mucho más rápido y apoyarnos en fuentes internas de crecimiento.

Pensar en una expansión del producto interno bruto del 6 por ciento anual es posible.

¿Qué proponen?

Lo primero es conseguir consensos sobre temas fundamentales. Me refiero a la necesidad de pagar más impuestos, de invertir más en educación o de dedicarle en forma sostenida recursos al desarrollo de la infraestructura, para solo citar unos temas.

Eso tiene que estar enmarcado en compromisos de transparencia en el manejo de los recursos, porque la percepción de corrupción es la que más daño le hace a la democracia colombiana. Por eso proponemos un pacto por la eficiencia.

¿Cómo se lograría ese consenso?

Convocando a diferentes sectores de la sociedad, comenzando por los partidos políticos, pero también incluyendo a los sindicatos, la sociedad civil o la academia. De lo que se trata es de acordar metas que sean independientes de las posturas ideológicas de cada uno.

¿Es decir?

¿Quién puede estar en desacuerdo en que hay que mejorar la calidad de la educación, que es la carta principal para que progresemos en la sociedad del conocimiento?

¿Quién puede discutir que nos hacen falta vías decentes o distritos de riego?

¿Quién puede discutir que la justicia tiene que ser rápida y efectiva?

¿Quién puede negar que la productividad de nuestros trabajadores es baja y que la informalidad nos hace daño?

El problema no es solo el qué, sino el cómo...

Sin duda, pero primero hay que tener objetivos. Uno debe definir a dónde quiere llegar y después busca la manera de hacerlo. Insisto, ninguna de esas metas se cumple en pocos años. Todas van más allá de lo que dura un período de gobierno.

Por eso hay que hacer un gran pacto por Colombia que comprometa a las administraciones que vengan.

No solo se trata de buenas intenciones, sino de tener el dinero. ¿De dónde sacarlo?

La respuesta es una sola: de los impuestos. El esfuerzo tributario de los colombianos tiene que ser más alto. Pretender que construir una sociedad mejor nos puede salir gratis es ilusorio.

Pero la verdad es que lo que proponemos es realmente una inversión rentable: asumir un sacrificio para tener un país mejor, que es el mejor negocio que podemos hacer.

Lo que planteamos es que, de manera gradual y en un escenario de siete años, los recaudos del Gobierno suban del equivalente del 15 al 20 por ciento del producto interno bruto y los de las regiones y municipios del 3 al 6 por ciento.

El clima no es el más propicio...

Lo tengo claro. Ninguno de los remedios de los que hablamos es sencillo.

En todos los casos hay que hacer una labor de convencimiento para demostrarle a la gente que el esfuerzo vale la pena.

Parte del trabajo que hay que hacer incluye decir la verdad, y lo cierto es que pagamos menos impuestos que el promedio de América Latina y que nuestras necesidades son inmensas.

¿Cuál sería el destino de esos recursos?

Hablamos de varios temas en concreto: transporte y logística, educación, agricultura, instituciones e innovación y mercado de trabajo y protección social.

Por ejemplo, la inversión pública en infraestructura debería duplicarse del equivalente del 3,5 al 7 por ciento del PIB en forma sostenida.

Solo así vamos a poder romper los cuellos de botella que nos impiden crecer más rápido.

Nuestro gran desafío es la productividad, cuyo avance ha sido muy lento. Ahí está la clave del progreso.

¿Eso incluye los costos de la paz?

A mí parece equivocado decir que la paz cuesta. Lo que esta significa es una inmensa oportunidad para hacer una inversión que saque del atraso a esas zonas del territorio nacional donde dos terceras partes de sus habitantes son pobres, permitiendo que estos se integren a las corrientes de la modernidad.

El potencial que el país tiene para convertirse en una verdadera despensa del mundo es real.

Triplicar el área sembrada es factible porque contamos con la tierra y el agua, pero hay que hacerlo en forma ordenada y sostenible, cuidando que las comunidades mejoren su calidad de vida.

Hay que desarrollar vías de comunicación y distritos de riego, pero también llevar educación y justicia, mejorando la seguridad. Y el rural es solo uno de los sectores en donde se sentiría el cambio.

Precisamente, Colombia es un país de ciudades...

Por eso también les dedicamos parte del análisis a los temas urbanos.

Nosotros contamos con una ventaja inmensa frente a otras naciones, como es la distribución de la población en municipios de buen tamaño, en diferentes puntos de la geografía.

Pero las presiones en materia de vivienda, medioambiente, seguridad o movilidad son inmensas. Aquí también hay mucho por hacer.

¿Qué conseguiríamos a cambio?

Eliminar la miseria que hoy golpea a uno de cada 12 colombianos, aumentar el tamaño de la clase media, hacer sostenible la seguridad social y ampliar la cobertura de las pensiones, aparte de disminuir la desigualdad que es uno de nuestros peores defectos.

Nuestra población se está envejeciendo, y eso va a significar más cargas.

Nuestra población joven tiene que ser competitiva en materia de capacidades y conocimiento, y adaptarse a los desafíos de la revolución tecnológica.

Dicho de manera coloquial, estamos obligados a pellizcarnos para que no nos deje el tren.

Pasemos a los temas de la coyuntura, ¿cómo nos ve?

Mejor de lo que se ven en Colombia. Siempre me impresiona ese contraste entre la buena opinión que hay del país por fuera y la que existe internamente, en donde el pesimismo va otra vez al alza.

Eso lo pude comprobar hace pocos días cuando tuvieron lugar los actos de celebración en Washington por los 15 años del Plan Colombia. Aquí somos una historia de éxito. Allá pensamos otra cosa.

Las cosas no son fáciles. ¿No lo cree?

Las cosas no son fáciles para nadie por estos días. Uno mira el nerviosismo que hay en los mercados internacionales o las dudas con respecto a China y las inquietudes sobre la salud de los bancos más grandes, y encuentra motivos de sobra para preocuparse.

América Latina no va bien tampoco. Pero, en medio de esas circunstancias, Colombia anda mejor que la mayoría, a pesar de sufrir un impacto descomunal causado por los precios del petróleo.

¿Qué le preocupa?

Lo de siempre: la polarización. En vez de tirar para el mismo lado, nuestra clase dirigente está dividida, y una actitud en la que priman los intereses individuales sobre los colectivos es la más equivocada de todas. La energía que nos gastamos en pelear debería ser usada en construir propósitos colectivos como los que sugerimos en el estudio que daremos a conocer la semana que viene. La única confrontación que nos sirve es la de las ideas.

¿Hay algún motivo para ser optimista?

Muchos. Seguimos mejorando en las cifras de empleo, contamos con buenas instituciones económicas y mantenemos la credibilidad externa.

No me cabe duda de que la tasa de cambio va a llevar a un reverdecer de la industria y la agricultura, como tampoco cuestiono que la inflación va a bajar en el segundo trimestre una vez se normalice el clima.

Los planes de infraestructura empiezan a ser realidades. y eso nos va a ayudar mucho.

Por último, no puede haber duda de que la paz va a resultar en más inversiones y mayores oportunidades de empleo y crecimiento, por más desafíos que tenga.

Reitero que tenemos mucho trabajo por delante y que nada será sencillo.

Pero tenemos cómo ser mucho mejores que ahora.

RICARDO ÁVILA
Director de Portafolio

 

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