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Manuel Carvajal Sinisterra: una vida dedicada al progreso

Manuel Carvajal Sinisterra: una vida dedicada al progreso

Para conmemorar su centenario, el lunes 15 de febrero se realizará en Cali el conversatorio ‘La transformación de Colombia: una oportunidad para la empresa’, moderado por Luis Alberto Moreno, presidente del BID, y se lanzará una biografía escrita por el periodista Julio César Londoño.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de febrero 2016 , 08:06 p. m.

Esta semana se conmemoran cien años del nacimiento de Manuel Carvajal Sinisterra ((1916-1971), colombiano autodidacta, quien se distinguió por su sorprendente capacidad para adelantarse a sus tiempos en cuatro campos pocas veces abarcados por una misma persona: empresario, líder cívico, ministro y filántropo.

Comenzó a trabajar a los 16 años, y en 1939, tras la muerte de su padre, con tan solo 23 años y sin haber terminado sus estudios de secundaria, asumió la gerencia de compañía Carvajal, la cual, bajo su liderazgo, pasó de ser una empresa netamente caleña a dar los primeros pasos para convertirse en la primera multilatina colombiana –cuando el término ni siquiera existía– y a ser reconocida por su capacidad de innovación en procesos, productos y gestión. Adicionalmente, construyó una cultura empresarial sólida que reforzaba y complementaba la estrategia, manteniendo excelentes relaciones con sus colaboradores.

Como líder y gestor cívico impulsó la creación de varias entidades que se pueden agrupar en dos grandes campos: 1) la electrificación del Valle del Cauca, en el cual ayudó a crear la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, así como a construir las hidroeléctricas del Bajo y Alto Anchicayá, y Calima; 2) la educación y el conocimiento, participando en la creación de la Fundación para la Educación Superior (FES), de Fedesarrollo, y del Magíster en Administración, de la Universidad del Valle, el primero en el país que contó con la presencia de profesores de la talla de Peter Drucker, con quien tuvo una entrañable amistad.

A sus 33 años, como Ministro de Minas y Petróleos, negoció la reversión de la Concesión de Mares y fundó Ecopetrol, cuando muchas personas creían que Colombia no estaba en condiciones de recibir la concesión, ni manejar la petrolera.

En 1960 le propuso a su familia la creación de la Fundación Carvajal, la cual dotó de tres elementos indispensables para cumplir su misión: un patrimonio (el 23 por ciento de las acciones de la empresa); un norte, trabajar en favor de las clases más necesitadas, y un esquema de gobierno propio, contando con personas especializadas para desarrollar esta labor. Esto es lo que un empresario hace cuando crea una nueva compañía, pero, en este caso, el objetivo no era generar utilidades económicas, sino beneficios sociales.

Desde sus inicios, la Fundación ha trabajado generando desarrollo local, y el pensamiento de Manuel en este tema lo sintetiza Drucker: “De Manuel aprendí que el desarrollo solo puede tener éxito cuando es local, basado en la comunidad local y, sobre todo, que lo importante no es ‘hacer el bien’, sino desarrollar y liberar las energías de la comunidad y estimular el surgimiento y promoción de líderes comunitarios locales. Muchos años más tarde, en 1990, y bastante después de la muerte de Manuel, apliqué en mi propia fundación, los principios que había aprendido de Manuel”.

Manuel consideraba que el éxito de Carvajal se debía a cuatro factores:

* Su espíritu creador y de progreso se refería a la constante innovación en sistemas de producción y administración, a vivir sintonizado con la época y mejorar continuamente la calidad de los productos o servicios, conceptos que después se conocieron como Kaizen.

* Orientación hacia el futuro y fe en él, a crecer apoyado en una tasa alta de reinversión de las utilidades, y conseguir y conservar el personal idóneo para progresar.

* Espíritu de justicia, a guardar un justo equilibrio entre los intereses de la empresa, los de los empleados y sus familias, los de sus socios, clientes, proveedores y financiadores, que hoy se conoce como ‘responsabilidad global’.

* Sentido de responsabilidad hacia la sociedad, que se refleja en dos frases que sintetizan el papel que debía tener la organización y el empresario en una sociedad: “no puede haber una empresa sana en un medio social enfermo porque, tarde o temprano, los males del medio afectarán su desempeño” y “la empresa no puede ser un fin en sí misma, ni existir únicamente para el enriquecimiento individual, sino que debe ser motor de progreso para la sociedad”.

En 1966, influenciado por las enseñanzas de Drucker, Manuel se preguntaba: “¿cuál es nuestro negocio?, ¿quién es nuestro cliente, y qué es valor para él? Las respuestas a estos interrogantes no pueden improvisarse ni ser contestadas sin ir hacia ellos y estudiar cuidadosamente qué es lo que representa valor para ellos”, y él mismo clasificaba los negocios de Carvajal en dos: la industria del empaque y la del conocimiento e información.

Manuel creció en un ambiente en el cual se consideraba a los colaboradores como parte de una ‘familia’, esto se reflejó en una cultura organizacional alineada con la justicia, el compromiso con su bienestar y el de sus familias; valores plasmados en prácticas como la capacitación de las esposas de los trabajadores en artes y oficios para mejorar los ingresos familiares, el pago de intereses por las cesantías mucho antes de que la ley lo exigiera, porque “esa plata era de los empleados y no de la empresa”, y la creación de un servicio pionero de medicina prepagada.

Una idea central de la filosofía de Manuel era su preferencia por el “mejoramiento sobre el crecimiento”. Quería crear una gran empresa más que una empresa grande, ya que la grandeza permite crecer sanamente, y el tamaño sin grandeza, entraña riesgos.

Para conmemorar su centenario, el lunes 15 de febrero se realizará en Cali un conversatorio titulado ‘La transformación de Colombia: una oportunidad para la empresa, moderado por el doctor Luis Alberto Moreno, presidente del BID. Igualmente, se lanzará una biografía escrita por el periodista Julio César Londoño.

Manuel José Carvajal de Roux

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