Hay que invertir en el futuro digital

Hay que invertir en el futuro digital

En los últimos años se ha tratado de resolver la crisis con fórmulas propias de la vieja economía, pero ha llegado la hora de mirar hacia delante y mejorar la productividad, haciendo las cosas de otra manera. Y uno de los aspectos que puede ayudar en esta redefinición es la ‘revolución digital’.

01 de febrero 2016 , 09:32 p.m.

La economía mundial está estancada y solo ha tenido un débil crecimiento desde la crisis del 2008. El comercio internacional se mantiene muy por debajo de los niveles del 2007 y la mayoría de la población global continúa siendo de bajos ingresos (56 por ciento), en comparación con solo el 13 por ciento, que se podría considerar de ingreso medio. De esta realidad no ha sido ajena Colombia. Por el contrario, la situación se ha agravado en el 2015 con la caída de los precios de las materias primas y la devaluación.

La incapacidad para superar esta situación se debe, como lo destacaba el presidente Barack Obama, en su reciente discurso al Congreso norteamericano sobre el Estado de la Unión, a que en los últimos años se ha tratado de resolver la crisis con fórmulas propias de la vieja economía, y ha llegado el momento de mirar hacia delante y mejorar la productividad, haciendo las cosas de otra manera. Y uno de los aspectos que puede ayudar en esta redefinición es la ‘revolución digital’, basada en la nueva economía. Hay que tener en cuenta que durante estos años de crisis se han consolidado tecnologías digitales disruptivas: internet móvil y la nube, que en el fondo son las dos caras de la misma moneda, así como las redes sociales, permitiendo conectar y dar voz a todo el mundo.

Estas preocupaciones son particularmente válidas en el caso colombiano, donde la productividad de las empresas ha mejorado básicamente por recorte de personal y aumento de las exportaciones petroleras. Pero en general, se ha invertido poco en renovar los procesos y la oferta, así como en modernizar los modelos de negocio.

El mundo necesita una nueva agenda política para fortalecer le economía digital y reducir el proteccionismo digital y las brechas digitales, que limitan el potencial de cientos de millones de personas para beneficiarse plenamente de estas tecnologías de vanguardia. Si bien parece que el internet es ubicuo, las brechas digitales se están profundizando. Menos de la mitad de la población mundial utiliza internet.

A nivel interno, los países, particularmente los que se encuentran en desarrollo, deben fortalecer sus políticas nacionales e internacionales. Es necesario que integren el componente digital como parte explícita en su agenda de desarrollo nacional y vigilen su participación en el Índice de Densidad Digital, elaborado por Accenture, reforzando más de 50 indicadores en cuatro áreas de actividad de una empresa o economía.

En el caso colombiano, sería oportuno hacer una evaluación del Plan Vive Digital 2014-2018 para ver si cumple con estas exigencias, y en caso negativo, hacerle los ajustes del caso.

A nivel internacional hay que acabar con el proteccionismo digital. Varios gobiernos están limitando la transferencia transfronteriza de datos, insumo que es crítico hoy para la industria, la minería, la agricultura, los servicios y otros negocios en todo el mundo. Algunos están obligando a las empresas extranjeras a invertir en servidores duplicados, innecesarios en el país, como condición para el acceso al mercado. Barreras proteccionistas están siendo creadas en diseños 3D imprimibles. Normas de contratación complican las compras de software y otros productos de TI. El mosaico emergente de las normas nacionales sobre las monedas virtuales tiende a atemorizar lo que podría convertirse en una divisa única mundial.

Ante estas medidas proteccionistas, Kati Suominen, fundadora y CEO de TradeUp Capital Fund y de Nextrade Group, propone que a semejanza del Consenso de Washington, que generó en los años noventa del siglo pasado una profunda liberalización del comercio y la inversión en el mundo en desarrollo, provocando la globalización de la economía, se estructure un Consenso de Washington II para guiar a las naciones sobre cómo deben comportarse en la economía digital, y allanar el camino a la próxima era de la globalización. Dado el estigma persistente alrededor del ‘Consenso de Washington’ –un término a menudo asociado con la reducción extrema del Estado–, el nuevo marco podría ser llamado el ‘Consenso de Seúl’, para celebrar el rápido ascenso de Corea a una economía digital líder. En lugar de un proceso de arriba hacia abajo, dirigido por organizaciones con sede en Washington, el nuevo Consenso debería ser forjado por un amplio grupo de líderes de opinión de todo el mundo: gobiernos del G-20, organizaciones internacionales, bancos multilaterales de desarrollo y grupos de reflexión.

El ‘Consenso de Seúl’ debería contener los principios básicos para garantizar la globalización de los productos digitales, para lo cual se propone, a semejanza de la Organización Mundial del Comercio, crear una ‘Organización de Comercio Digital, que apoye sus actividades.

Manuel José Cárdenas

Consultor internacional

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