Van cuatro meses de zozobra en la frontera con Venezuela

Van cuatro meses de zozobra en la frontera con Venezuela

La falta de liquidez, por el cierre del vecino país, ya se empieza a notar en la ciudad. Algunos sectores afirman que será un fin de año austero. El contrabando ha caído sustancialmente.

22 de diciembre 2015 , 06:38 p.m.

Lo que era impensable para todos los habitantes de la frontera colombo-venezolana se convirtió en realidad: el cierre de la misma completó cuatro meses y su apertura se ve cada día más difícil por las circunstancias políticas, económicas y sociales que vive Venezuela.

A ambos lados de la línea limítrofe entre Norte de Santander y Táchira la suspensión del paso fronterizo se vive de manera diferente. Cúcuta, una urbe con 800.000 habitantes en su área metropolitana, resiste pero ha visto resentida su economía, mientras que las poblaciones de San Antonio y Ureña viven un drama social y económico pocas veces visto.

En la capital de Norte de Santander es innegable que la economía se ha afectado y lo hará aún más si no se establecen medidas para aumentar o mantener la liquidez de efectivo en el área metropolitana.

GOLPEADOS 

Los sectores golpeados siguen siendo el carbón, del cual se está exportando un poco menos de la tercera parte de lo que se hacía por Venezuela; las casas de cambio formales, que dependen enteramente del comercio bilateral y su actividad descendió hasta 95 por ciento, están planeando el cierre definitivo si la situación continúa; el sector de hoteles y restaurantes mantiene una baja de 10 por ciento en sus facturaciones desde antes de la crisis; el transporte de carga pesada ha decaído 60 por ciento, y las agencias de viajes, cuyo principal mercado era la isla de Margarita en el Caribe venezolano, vieron sus ventas disminuidas hasta 50 por ciento para la temporada navideña. En cambio, para las estaciones de servicio, supermercados, algunos productos del sector agropecuario como arroz y carne, y droguerías las ventas se mantienen en altos niveles al no tener que competir con productos de contrabando.

Debido a que cada vez llegan menos productos de manera ilegal desde Venezuela, el costo de vida en la ciudad aumentó 0,54 por ciento en noviembre, acorde con el nivel del país, en una zona donde la inflación solía ser incluso negativa.

Pero la situación es completamente dramática en las poblaciones fronterizas venezolanas de San Antonio y Ureña, en donde el cierre implementado por el presidente Nicolás Maduro ha incrementado el desabastecimiento de productos, el desempleo, la informalidad, el cierre del comercio y la industria.

Es tal la situación que los alcaldes de los municipios fronterizos con Colombia le piden a Maduro la reapertura de la frontera, con sus respectivas medidas de seguridad.

Domingo Teres, presidente de la Cámara de Comercio de Ureña, asegura que el mandatario venezolano está gobernando contra la población al crear más pobreza.

MILITARES Y POLICÍAS PRESOS EN EL VECINO PAÍS 

Un oficial de la policía colombiana apostado en la zona de frontera, y que pidió reserva de su nombre, asegura a Portafolio que el paso de contrabando a Colombia ha disminuido en parte por la lucha de las autoridades venezolanas contra la corrupción en sus propias filas.

El oficial asegura que desde el cierre de la frontera han sido apresados más de 100 militares venezolanos de todos los rangos por estar involucrados en contrabando. “En solo agosto y septiembre encerraron a 58”, asegura.

Hace unas semanas, un noticiero de televisión venezolano dio a conocer que el general encargado de la operación en la lucha contra el contrabando en la frontera pidió el cambio de todos los policías de los caserios El Palotal y Tienditas, ‘por ser un antro de corrupción’, y mermó el paso de contrabando.

El fenómeno continúa por trochas por la población de Puerto Santander, a las afueras de Cúcuta, aunque ya no en camiones pero sí en carros pequeños y lo que la gente pueda cargar a pie. El bachaqueo (contrabando por kilos) continúa a través del río Táchira entre San Antonio y Villa del Rosario, con pagos a la guardia y Ejército venezolanos y a los paras en territorio colombiano.

LOS INFORMALES DESAPARECIERON 

Como ciudad fronteriza con bonanzas y malos tiempos, la gente aparece y desaparece por oleadas.

Es esa ‘Hojarasca’, que describía Gabriel García Márquez en la novela del mismo nombre, en este caso compuesta por muchos de los que se dedicaban a vender gasolina en las calles y vías, los mototaxistas que pasaban personas de un lado a otro de la frontera y los cambistas de bolívares que se apostaban en los puentes internacionales.

Llegaron buscándose la vida y así como llegaron se fueron.

“Nadie sabe qué se hicieron. Dicen que algunos se fueron para otras partes del país, pero no volvimos a ver a ninguno”, comenta una persona que acostumbraba a verlos y hablar con ellos todos los días.

Pedro Vargas Núñez
Especial para Portafolio
Cúcuta
 

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