Los delincuentes virtuales se hacen ‘su agosto’ en diciembre

Los delincuentes virtuales se hacen ‘su agosto’ en diciembre

La suplantación de identidad se convierte por estos días en el delito predilecto de los inescrupulosos y vulgares hampones sin cara, cuya existencia es patrocinada por las enormes falencias en seguridad y la normatividad de las empresas prestadoras de servicios en el país.

20 de diciembre 2015 , 10:26 p. m.

Sólo con el número de cédula y un número de contacto falso, cualquier delincuente puede hacerse pasar por un consumidor decente para cancelar su plan de telefonía celular y activarlo indiscriminadamente en una línea cualquiera; todo esto con el fin de extraer información de la víctima y actualizar datos de tarjetas de crédito, débito u otros sistemas de servicios o crédito de una persona.

La Superintendencia de Industria y Comercio de forma decorosa viene adelantando desde hace varios años, fuertes sanciones y controles a la ley de habeas data; sin embargo, la burla delincuencial ha fomentado una organización delictiva, que por medio de las bases de datos obtenidas en cualquier tienda de frutas, se lucran de esa misma información y con cédula en mano falsa conseguida en 150.000 pesos en el mercado negro, logran modificar cientos de datos de los consumidores para obtener información privada y posteriormente atacar sus finanzas.

A pesar de los sistemas de seguridad bancarios como las tarjetas con chip, las segundas claves y las preguntas virtuales para evitar la suplantación, basta con que los delincuentes tengan unos pocos datos de la víctima, para realizar con toda la paciencia, ingreso de claves inválidas, que generan un dolor de cabeza peor a cada consumidor, porque su banco lo inhabilita de pleno para hacer cualquier consulta o retiro mientras no cambien el plástico y se asigne una nueva clave, proceso que lo dejará sin dinero durante 24 horas.

No es raro tampoco, que las actualizaciones de datos que estos bandidos hacen con otros números celulares desconocidos en su totalidad por las víctimas, salgan como nuevos contactos del consumidor inocente que al igual que usted y yo, mientras vemos que el Fiscal premia con total admiración a la señora Tocarruncho; no entendemos cuando nos llega un mensaje de bloqueo de nuestras cuentas, nos llaman a reportarnos transacciones simultaneas en varias ciudades del país, o peor aún, aseguran que nosotros mismos acabamos de hacer transacciones interbancarias a otras cuentas que nunca habíamos oído.

Recientemente y según un estudio de Fedesarrollo y la Cámara Colombiana de la Informática y las Telecomunicaciones, publicado en el diario El Tiempo el 8 de noviembre de este año, las ventas electrónicas en el país durante 2013, estuvieron cercanas a los 8,2 millones de dólares, cifra que equivale al 2,19 del PIB nacional. El documento que también informa que aún el 90 % de los pagos en el país se realiza en efectivo, muestra una clara intención por incentivar el uso del dinero plástico, el cual por obvias razones podría llegar a ser menos peligroso, pero lejos está, de ser un método más seguro.

Y es que en Colombia y sobre todo por esta época, los hampones parecieran querer arrasar con todo lo que encuentren a su paso. Bien sea en efectivo, en dinero plástico o con cualquier método de pago alternativo, los delincuentes están actualizados en cualquier tecnología para vulnerar de forma silenciosa los enormes vacíos que las plataformas bancarias dejan abiertos sin explicación suficiente.

Métodos tan sencillos como los incrementos de requerimientos para realizar cualquier solicitud, la huella digital electrónica, botones virtuales de bloqueos momentáneos de clave, procesos serios de reclutamiento en los bancos y empresas prestadoras de servicio y otras muchas ideas funcionales en otros países del mundo, parecieran extrañamente no tener cabida en nuestra sociedad maliciosa, la cual sorpresivamente, se demora más implementando procesos rigurosos de seguridad, en que las habilidosas manos delictivas ya tengan un procedimiento para vulnerar cada sistema.

Lo más decepcionante, es la respuesta de las empresas quienes amparadas en la simplicidad para realizar trámites de cancelaciones de líneas telefónicas por ejemplo, se limitan únicamente a pedir el número de cédula del titular y el número celular de la línea; mientras que a usted y a mí, cuando llamamos a realizar cualquier averiguación de nuestro plan, casi que nos hacen estudio crediticio y forense para avisarnos que nuestro corte es el primero de cada mes.

Mucho cuidado en esta época, usted se está enfrentando a un proceso diseñado para ser violado.

Andrés F. Hoyos E.

Periodista

@donandreshoyos

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