Añoranzas navideñas

Añoranzas navideñas

Quiero expresar la nostalgia que me produce recordar desde la distante y fría Houston las celebraciones de mi querida Colombia, así como también hacer un viaje a través del tiempo y ubicarme en mis bellas épocas de infancia vividas en el tradicional y aristocrático barrio bogotano de Las Cruces.

16 de diciembre 2015 , 07:59 p.m.

La Navidad es una tradición que fascina, básicamente es una fiesta infantil, en la cual muchos adultos volvemos a deleitarnos con la magia de sentirnos como niños.

Lo multicolor de sus noches genera sentimientos de mucha alegría y por supuesto que hay quienes se sienten tristes o nostálgicos por la pérdida de seres queridos.

Algunos dicen que las festividades de fin de año se inician el 7 de diciembre, otros que formalmente es cuando comienzan las novenas, independiente de la fecha, se trata de una celebración con mucho arraigo en nuestro país, pero que infortunadamente y en aras de la modernidad, ha venido perdiendo algunos detalles que al recordarlos, indudablemente que generan sentimientos de verdaderas añoranzas.

En las cuadras de los barrios las familias organizaban las novenas, consistentes en una ceremonia de oración amparada en los más solidarios y hermosos propósitos de salud, unión y prosperidad. Así mismo, para lucirse ante sus vecinos en dos elementos clave:

LAS VIANDAS

En muchísimos casos el resultado final era el haber participado en una verdadera comilona. En efecto, el acto o ceremonia lo asumían las familias como un reto y así se esforzaban en ofrecer a sus vecinos las mejores viandas: natillas, buñuelos, panes, galletas y toda clase de postres para el deleite de los más pequeños, éstos trataban de lograr la máxima hazaña de furtivamente digerir una copita de vino “el de los dos frailes en la etiqueta”.

La novena se rezaba, luego de las consabidas discusiones por no ponerse de acuerdo (qué número toca hoy?), acompañada de los villancicos al compás de una completa sinfonía de disonancias, gracias a cuanto instrumento musical o cualquier cacharro disponible para hacer ruido.

Finalmente, a algunos niños (y a mi especialmente) les generaba cómplices e inocentes risitas al escuchar la famosa frase: “padre putativo”, cada vez más reemplazada por la desabrida “padre adoptivo”.

EL PESEBRE

El otro elemento lo constituía la versatilidad del famoso pesebre. En el pretérito, cuando los niveles de violencia y/o inseguridad lo permitían, grupos de jóvenes y algunos adultos acostumbraban a explorar los cerros tutelares de la ciudad, a fin de recoger musgo o lama, como elemento básico para construirlo -tal costumbre desapareció afortunadamente para la ecología, al igual que la nefasta pólvora-.

Los lagos o ríos del pesebre se construían con sobrantes de espejos rotos, con algodón las cascadas y siempre era un lío mayúsculo colocar en el sitio exacto la famosa estrella que guía a los Reyes Magos. Y hablando del irregular tamaño de estos Absolutamente admirables resultaban las proporciones de diseño y construcción, pues pesebre que se respetara tenía las vacas y ovejas más grandes que las casas e iglesia.

Las familias se esmeraban en descrestar a toda la vecindad con los dos elementos mencionados, sin esperar nada diferente al reconocimiento de haber ofrecido la mejor novena de la cuadra.

LA NOCHEBUENA

Y finalmente la noche mágica, la deliciosa expectativa que genera el pedido (no siempre satisfactoria del todo) de los regalos del "Niño Dios", cada vez más suplantado por Santa Claus.

El ambiente previo y presente del 24 de diciembre es absolutamente genial. Observar las caras radiantes de los niños cuando reciben los regalos y a continuación, sin la más mínima hipocresía (no conocen de tales comportamientos) escogen de inmediato sus preferidos -que no siempre son los mejores o más caros- y hacen a un lado los que simplemente no les gustaron.

Es una fiesta insuperable que hace aflorar nuestros mejores sentimientos, dado que nos congrega en torno a la unión y fraternidad familiar.

Todo lo anterior para expresar la inmensa nostalgia y añoranza que me produce recordar desde la distante y fría Houston tan hermosas celebraciones de mi querida Colombia, así como también hacer un viaje a través del tiempo y ubicarme en mis bellas épocas de infancia vividas en el tradicional y aristocrático barrio bogotano de Las Cruces.

Miguel Celis García

Profesor universitario

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.