Vaso medio lleno y medio vacío

Vaso medio lleno y medio vacío

La economía colombiana no encuentra aún ni la ruta de crecimiento alto y sostenible, ni la drástica reducción de sus niveles de pobreza e indigencia, como tampoco el verdadero mejoramiento de sus índices de concentración de ingreso.

05 de diciembre 2015 , 09:14 p.m.

Un buen ejemplo de lo que es un vaso medio lleno o medio vacío, con respecto a la situación actual del país, se dio claramente en la ceremonia de los Premios Portafolio, la semana pasada. Los planteamientos del director de este periódico, Ricardo Ávila, aunque expresó al final, que él siempre prefería ver el vaso medio lleno, la verdad es que su diagnóstico sobre el estado actual de la economía colombiana, correspondió realmente a lo contrario. No dijo nada que no fuera cierto, entre otras, la grave situación del sistema de salud, y mencionó algo que para muchos de nosotros es una verdad de a puño, la necesidad de cambiar el modelo de salud actual. Es cierto que la economía está mejor que la de nuestros vecinos, pero esa noticia no es lo suficientemente alentadora, dado lo mal que ellos están: Brasil, en una severa crisis; Ecuador, sufriendo las consecuencias de la dolarización de la economía, para no hablar de Venezuela, a la que no le falta uno solo de los graves problemas que pueden afectar una nación.

A su vez, como era lógico, el presidente Santos presentó el vaso medio lleno. La mayoría de los logros que destacó son ciertos, y, como era de esperarse, planteó su certeza de que creceríamos mejor en el 2016 que este año, mientras Ricardo Ávila estuvo pesimista, con un crecimiento para el próximo año, probablemente, más cercano al 2 que al 3 por ciento. Interesante la importancia que le dio a os resultados de la Misión de Transformación del Campo, cuyo informe final fue presentado por su director José Antonio Ocampo. Obviamente, le dedicó un buen tiempo al tema de las conversaciones de La Habana, y precisamente por estar ante los empresarios del país, hizo todo lo posible por reducir sus temores y enfatizó sobre las ganancias de Colombia, de todos los colombianos, sin excepción, si se lograba acabar con el conflicto armado. Sin duda, era el escenario perfecto para aclarar temas como el del plebiscito, que ha encontrado rechazo en sectores políticos que todavía tienen gran influencia entre este ramo del país.

Al tratar de hacer un balance entre estas dos miradas, que son apenas uno de los reflejos que podríamos llamar ‘suaves’, de la polarización del país, se puede llegar a la situación real: no estamos ante una crisis severa, no por lo menos en este momento, pero tampoco en el mejor de los mundos.

Realmente, Colombia está en un punto crítico, porque se encuentra al borde de poder hacer un cambio trascendental en esta sociedad, donde ya la paz de todos los colombianos no recae solo en el fin del conflicto, sino en las soluciones a graves problemas como la inseguridad ciudadana, los altísimos niveles de corrupción, la injustificable intolerancia entre los ciudadanos, la falta de Estado en muchas regiones y sectores del país, y en una economía que no encuentra aún ni la ruta de crecimiento alto y sostenible, ni la drástica reducción de sus niveles de pobreza e indigencia, como tampoco el verdadero mejoramiento de sus índices de concentración de ingreso.

Es un punto en el cual puede comenzar un proceso de cambio hacia una sociedad civilizada, moderna, justa y sólida. Empezar a resolver sus temas recurrentes: violencia, crecimiento mediocre y alta concentración de los beneficios del desarrollo en unos pocos.

Por eso, es necesario repasar y entender bien las dos posiciones, la del vaso medio lleno y la del vaso medio vacío, porque esa es la realidad colombiana actualmente, y puede seguir siendo así o peor, según lo que decidamos los 48 millones de colombianos. Obviamente, el tema crucial es el de la guerra o la paz. Ya hemos visto todas las declaraciones, con pancartas incluidas en el Congreso de la República, invitando a votar no en el plebiscito, con el cual se espera refrendar o no los acuerdos en La Habana. Más guerra, o la larga y compleja búsqueda de una paz sostenible, que permita florecer los graves problemas de este país y empezar a resolverlos: la insolidaridad de amplios sectores de ingresos altos, la indiferencia de la población urbana del país con la vida paupérrima de millones de habitantes rurales, hombres, mujeres niños y ancianos.

Ahora bien, es necesario aclarar que la firma del acuerdo en La Habana solo es la primera parte de una larga tarea que debe llevar a un país distinto. Y la mayor responsabilidad de esos cambios le compete a todos aquellos a los que nos ha correspondido más. Esos sectores favorecidos, que gozan de más privilegios que muchos de los de mayores ingresos en los países industrializados –entre otras, porque tienen un ejército de pobres a su servicio que les hacen la vida mucho más fácil– son los primeros que deben estar dispuestos a llenar ese vaso de la realidad para que deje de ser verdad que el vaso del desarrollo colombiano está al mismo tiempo medio lleno o medio vacío.

Cecilia López Montaño

Exministra - Exsenadora

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