En Colombia, se nace con estrella o estrellado

En Colombia, se nace con estrella o estrellado

Es la educación pública de alto nivel la que nivela a las sociedades, en términos de oportunidades. Así lo ha demostrado Europa y, en América Latina, Argentina y Uruguay, a donde están migrando centenares de colombianos en búsqueda de una educación universitaria de buena calidad y gratis.

23 de noviembre 2015 , 08:45 p.m.

El título del este artículo alude a la dolorosa realidad de este país, que no logra reducir sus profundas desigualdades económicas, sociales, regionales y, en general, de toda índole. Lo importante es que no corresponde a una de esas frases de cajón que utilizan los sectores que no logran llegar a esos círculos de poder cerrados en el país. Aplica más bien a los resultados de un estudio publicado por el Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (Cede), de la Universidad de los Andes, titulado ‘La lotería de la cuna: la movilidad social a través de la educación en los municipios de Colombia’. Lo que concluye, palabras más palabras menos, es que la educación no es un canal de movilidad social en nuestro país, el cual describe este trabajo como ‘inmóvil’, refiriéndose a las posibilidades de ascenso social de los sectores pobres y de clase media, cuyos hijos no contaron con padres que accedieron a formación superior.

Demuestran cómo el futuro de los hijos está íntimamente correlacionado con la educación de sus progenitores, en particular de sus madres –Colombia, país de padres ausentes–, especialmente en los sectores más vulnerables. Si la madre solo ha cursado primaria, difícilmente sus hijos llegarán a secundaria, y ser profesional es realmente casi un imposible. Por el contrario, los hijos de padres muy ducados tienen todas las posibilidades de ascender y ocupar altísimas posiciones en la sociedad. De ahí el ingenioso título del trabajo. Identifican, a través de un índice de movilidad social, elaborado por sus autores, los lugares del país donde está la relación de la educación de los padres con los niveles de formación que alcanzarán sus hijos.

La educación en el país tan estratificada, en la cual los pobres solo reciben deficiente enseñanza y solo los ricos pueden educarse mucho mejor, confirma la gravedad de estas profundas diferencias, las cuales constituyen un factor determinante de las brechas sociales que se mantienen en el país. Se cae, entonces, en la realidad de que la educación no es un factor que permite igualar oportunidades, sino que reproduce las injustas diferencias sociales que terminan en una frase cruel: ‘en Colombia: se nace con estrella o se nace estrellado’.

El diagnóstico es impecable, pero lo que realmente sorprende es la propuesta de utilización de su índice de movilidad solo para “focalizar la acción educativa en los municipios donde el futuro educativo de los hijos está amarado al nivel alcanzado –especialmente por su madre–, lo que es más cierto en los sectores más vulnerables”. Parecería que se descarta de entrada una alternativa más estructural, la elevación de la calidad de la educación pública. Se sigue con las recomendaciones de fórmulas estilo ‘Ser Pilo Paga’, por ejemplo. Para ser realistas, es bueno mirar un comentario de Salomón Kalmanovitz, quien afirma lo siguiente: “programas como Ser Pilo Paga son buenos, pero cobijan a menos del 1 por cinto de la población”.

Pero resulta que el problema no es de miles de estudiantes, sino de millones de niños, niñas y adolescentes que no encuentran en la educación su canal de ascenso social. Por eso, parece increíble que no se considere la propuesta obvia, pero poco ortodoxa: es la educación pública de alto nivel la que nivela las sociedades en términos de oportunidades. Así lo ha demostrado Europa, y en América Latina Uruguay y Argentina, a donde están migrando centenares de colombianos en búsqueda de una educación universitaria de buena calidad y gratis.

Llama la atención que esta obvia alternativa siga ignorándose, cuando ya la Cepal afirma que la focalización no puede ser la única estrategia social, sino que debe ser un camino a la universalidad. Y es la educación pública de buena calidad, la que permita que los sectores pobres y de clase media baja, puedan romper, por lo menos, alguna de las innumerables barreras a las que tienen que enfrentarse, en un país donde se discrimina por sexo, raza, estrato, rural o urbano, etc.

La ortodoxia en economía nos está matando, entre otras, porque sigue en el poder. Pero, adicionalmente, ha resultado inmune a debates en los cuales se cuestionan estrategias que aquí se han adoptado como dogmas: los subsidios, las transferencias condicionadas. Una cosa es ver a los pobres como objetos de caridad, con alto potencial político, a los cuales hay que regalarles casas rústicas, escuelas decrépitas, o alimentos dañados, y otra, apoyarlos y dotarlos de los instrumentos básicos para que construyan su propio destino. No se trata solo de aliviar la pobreza, sino de dejar de producir pobres en una sociedad. Lo que el Estado debe hacer es entender qué y cómo los vuelve productivos, dueños de su propio destino. ¿Por qué para muchos es tan difícil entender esto que es tan obvio?

Mientras la política colombiana se limite a focalizar a los más pobres y darles limosnas, en Colombia nuestras futuras generaciones nacerán con estrella o estrellados.

Cecilia López Montaño

Exministra - Exsenadora

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