Tía, un almacén pionero

Tía, un almacén pionero

Fue el primer supermercado en Bogotá, fundado por inmigrantes europeos en 1940, y 75 años después funciona en Colombia, Ecuador y Uruguay.

18 de noviembre 2015 , 11:35 p.m.

Gran parte de los años de mi bachillerato, recorrí la carrera Séptima de Bogotá en la ruta del Colegio Mayor de San Bartolomé, en la Plaza de Bolívar, hasta el apartamento donde vivía en la calle 23 con carrera 16, una esquina del bello barrio Santa Fe, construido por Ospinas y Cía., y hoy travestido como Zona de Tolerancia.

Para efectos alimenticios, de mercado e incluso de adquisición de ropa, había tres lugares icónicos, los grandes almacenes de aquella década suspendida para mí entre 1965 y 1975. Eran ellos el Ley de la Plaza de Bolívar, el extenso Tía de la Calle 18 y el Ley aparcado entre las calles 22 y 23, frente al que entonces era el Teatro Colombia.

Yo me regodeaba más en la cafetería del Tía, la que asocio con la memoria del estómago, un recuerdo remiso al olvido.

Allí se comía rico y barato, una condición muy apreciada por los oficinistas del sector, que congestionaban la estancia para disfrutar de un sabroso antepasado de lo que hoy se llama ‘corrientazo’.

“El peto del Tía tiene fama. Recuerdo ver a muchos mensajeros almorzando con una dosis de este tradicional plato, acompañado con una empanada o con un marranito (salchicha bañada en harina de trigo)”, aseguraba Engelbert Stigmayr, alemán con 77 años de edad el 17 de noviembre de 2007, chef de aquella original cafetería del Tía.

Uno accedía por cualquiera de las dos o tres entradas dispuestas entre las vitrinas, y recorría los puestos de ropa, juguetes y tal vez licores y galletas, qué voy a recordar, para encontrarse al fondo con la solución al hambre, que en la adolescencia es tan poderosa como el ataque hormonal.

Hay más recuerdos de entonces, por supuesto, reminiscencias de almacenes y sabores, pero la vista de la fachada del Tía, con su pequeño aviso escandalosamente modesto, en una foto de la sección “Hace 25 años”, que aparece en El Tiempo, me devolvió a esa época feliz e itinerante.

TÍA: MEDIO SIGLO

“Durante la década de los años 30 -reseñaba la publicación del viernes 12 de octubre de 1990-, la ola migratoria de europeos trajo a Colombia a varias personas empeñadas en crear empresas. En 1940, la familia Steuer fundó en Colombia Tía, un almacén de renombre en Europa central”.

Aficionado como soy a la reconstrucción de la historia empresarial de este país, guardé ese día el recorte al mismo tiempo que la primera página de la sección ‘Debes Leer’, dedicada a don José Acevedo, el creador de Haceb.

De mi entrañable Tía, que hoy tiene su sede central en Guayaquil, Ecuador, supe que arraiga su origen en la cadena de supermercados checoslovaca ‘Te - Ta’ (Tía), fundada en Praga por Federico Deutsch y Kerel Steuer, en la década de 1920.

Un pogromo de la Segunda Guerra Mundial obligó a los fundadores a “hacer la América” y establecerse en Bogotá, en 1940, bajo la marca Tía S.A.

El almacén Tía de mis recuerdos, entre las calles 17 y 18 y sobre la Séptima, diagonal al bello edificio de Colseguros, fue abierto entre el 12 y el 14 de octubre de 1940, la primera fecha para no desairar a la sección de El Tiempo y la segunda para citar la reseña de Wikipedia. No importa. Tía fue el almacén más grande de la ciudad, extendiendo su vecindad hasta la carrera sexta, pionero en Bogotá del concepto de supermercado o lo que sería después una Gran Superficie, y promotor de sus propias marcas. Toda una innovación. En una parte de esta labor de minería encontré que su primer gerente fue Pedro López Michelsen, hermano del presidente Alfonso López Michelsen.

Señala la reseña que Tía S. A., una empresa multinacional de diferentes formatos, está hoy presente en Colombia, Ecuador y Uruguay. Sus principales accionistas son el político y empresario colombiano (nacionalizado argentino) Francisco de Narváez, su hermano Carlos, Gustavo Andrés Deutsch y otros inversionistas institucionales.

Mire lo que viene uno a saber por una sección del periódico que alborotó mis recuerdos de otra Bogotá y de una juventud lejana, que paró a comer muchas veces en el Tía.

Carlos Gustavo Álvarez G.
Especial para Portafolio
cgalvarezg@gmail.com
 

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