'Que Uribe deje gobernar al Presidente': Germán Vargas Lleras

'Que Uribe deje gobernar al Presidente': Germán Vargas Lleras

Pulso entre el ministro y el ex mandatario, el reciente capítulo de una historia de amores y odios.

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25 de junio 2011 , 09:21 p.m.

"No puedo decir nada distinto de lo que expresé hace varios días... Venimos cumpliendo una tarea de gran relevancia para el país y lo único que yo reclamaría es que dejen gobernar al Presidente".

Antes de hacer esa confesión, el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, tuvo palabras de reconocimiento para el ex presidente Álvaro Uribe, con quien llegó a tener no solo una gran afinidad ideológica y una enorme simpatía política, sino una buena relación personal.

"Uribe hizo buenas cosas, sobre todo en el primer gobierno", le dijo a EL TIEMPO con cierto dejo de nostalgia.

El tema era obligado. Esta semana, Vargas reprochó que funcionarios del anterior gobierno fueran al sector privado a decidir sobre asuntos en los que tenían información privilegiada, lo que llamó "puerta giratoria".

Por su parte, Uribe lo acusó, entre otras cosas, de haber ido de "cacería con Salvatore Mancuso, en Córdoba", hecho que el ex paramilitar rectificó de inmediato desde su prisión, diciendo que nunca se había reunido con Vargas.

El ministro no quería ir más allá de lo que había dicho en su comunicado del jueves, cuando observó que, en razón del cargo que desempeña, no va a participar en "un debate de esta naturaleza".

Las tempestades que esta semana llegaron al punto más alto entre Uribe y Vargas comenzaron con lo que podría ser una 'historia de amor' en el 2001.

Siendo un connotado senador del Partido Liberal (tenía la segunda votación más alta del país), Vargas dejó al candidato liberal a la Presidencia, Horacio Serpa, a finales del 2001, para adherir a la candidatura de Uribe, hecho que disparó las posibilidades del ex mandatario.

La luna de miel se prolongó sin tacha hasta finales del 2003, cuando, siendo presidente del Senado, Vargas sepultó el primer proyecto de reelección de Uribe, que había presentado el conservador Ciro Ramírez. Algunos de quienes conocieron esa relación aseguran que "nada volvió a ser igual después de ese hecho".

Uribe y Vargas, sin embargo, seguían como aliados ante la opinión pública. El día de la reelección de aquel, Vargas estuvo en tarima a su lado.

A mediados del 2006, con la elección de directivas del Congreso y Contralor, de nuevo hubo desavenencias. En octubre del 2008, Cambio Radical (el partido de Vargas) anunció en el Congreso que no apoyaría una segunda reelección de Uribe, situación que dio inicio al distanciamiento final.

Poco a poco, Vargas se fue quedando sin representación en el Gobierno y Uribe le quitó a muchos de los legisladores elegidos al amparo de Cambio Radical. El hecho era tan evidente que Gustavo Petro (contradictor del hoy Ministro del Interior) llegó a afirmar: "Uribe le robó el partido a Vargas".

Algo que Uribe no perdona es que Cambio Radical haya liderado la estrategia para oponerse al referendo mediante el cual pretendía hacerse reelegir por segunda vez, en el 2010, al punto de señalarle todo tipo de vicios, que facilitaron la posterior declaración de inexequibilidad en la Corte Constitucional.

La gota que rebosó la copa de Uribe fue que el presidente Juan Manuel Santos nombrara en el gabinete a uno de sus mayores contradictores, y que sea este quien en los últimos meses haya cuestionado de manera pública actos de corrupción en diversas entidades del gobierno anterior.

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