Miriam, una trabajadora sexual 'enrejada' en el centro de Bogotá

Miriam, una trabajadora sexual 'enrejada' en el centro de Bogotá

Ella forma parte de las trabajadoras sexuales que ejercen la prostitución en la calle 13 con 19.

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24 de junio 2011 , 07:39 p.m.

La vida de Miriam está marcada por el número cinco: son cinco sus hijos, cinco los clientes que atiende a diario y cinco la hora de la mañana en la que empieza a trabajar.

A sus 44 años, hace parte de ese grupo de trabajadoras sexuales conocidas con el humillante nombre de 'las enrejadas', mujeres que ejercen la prostitución bajo la sombra y la sensación de encierro que producen las rejas.

Ellas, a diferencia de sus colegas del Santa Fe -la conocida zona de tolerancia de Bogotá-, prefieren esperar a los hombres en los zaguanes de antiguas casas de la carrera 13A con calle 19, en pleno centro de Bogotá.

Una vida que la conmueve

Miriam cuenta que llegó al negocio del 'amor pago' hace 26 años. Una amiga la fue enganchando en este oficio hasta el punto de que hoy en día no entiende cómo ha durado tanto. Sin embargo, estar detrás de los barrotes, sin condena alguna, es algo que la conmueve.

Al preguntarle por qué no trabaja en las esquinas, dice que le da pena salir vestida así, con sus medias de malla que envuelven un par de piernas regordetas o sus senos marchitos que, antaño, seguramente eran su bien más preciado.

Pero a pesar de los años y de la vida encima, Miriam sigue siendo vanidosa y "atractiva para los más jóvenes", dice con una sonrisota vestida de labial púrpura.

Cuando habla, un chicle le baila en la boca. Una hora de travesuras con Miriam cuesta 15.000 pesos, la tarifa más barata de Bogotá, si se tiene en cuenta que, por el mismo tiempo, una trabajadora sexual del barrio Santa Fe cobra 150 mil pesos y una de un club nocturno del norte unos 500 mil pesos.

En el mundo de 'las enrejadas' cualquier hombre es cliente, no importa que llegue harapiento, borracho o con 'ríos' de bazuco en la sangre. Lo que vale es que tenga la plata.

A la calle de 'las enjauladas' van a parar las trabajadoras sexuales de más años.

Es como un segundo respiro cuando la belleza se empieza a borrar. Cuando las patas de gallina aparecen sin remedio y cuando ya no se consigue tintura en el mercado que logre ocultar las canas.

Un ambiente tradicional

Para miles de bogotanos, se ha vuelto familiar este sector, donde las sombras de las rejas se clavan en el rostro de estas mujeres, que superan los 40 años.

Entonces, el ciudadano de a pie se encuentra con señoras robustas y pintoreteadas. De gordos al aire y de una sordidez parecida a la que describió 'Ximénez', el famoso cronista bogotano de EL TIEMPO de los años 30, en su crónica La calle de las esmeraldas.

A las cinco de la mañana, ya se ve a Miriam detrás de los barrotes.
Ella trabaja hasta las 12 del día, pues, a partir de esa hora, encarna el papel de mamá de cinco hijos.

Entonces, debe preparar el almuerzo, revisar las tareas y, por unos instantes, debe tratar de olvidar las caras de placer de sus cinco clientes de la jornada.

Fabián Forero Barón
Redactor de EL TIEMPO
albfor@eltiempo.com

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