Lo importante y lo intrascendente

Lo importante y lo intrascendente

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20 de junio 2011 , 01:50 p.m.

    Porque son un espejo pequeño de la vida -de lo cotidiano, de esa suma inevitable de lo importante y lo intrascendente, de lo que quizás perdurará y lo que a todas luces parece efimero-, los diarios están llenos de contradicciones. Desde las más obvias, como los obituarios, que surgen una página más allá de aquella en la que se informaba sobre el descubrimiento de una sustancia que prolonga la vida, hasta algunas menos evidentes.

    Una de esas contradicciones me puso a pensar durante un vuelo de esos en los que siempre conviene ponerle trabajo a la cabeza. Estaba en el ejemplar de un diario vasco que me entregaron en la puerta del avión, y supongo que debió aparecer en casi todos los diarios del planeta ese mismo día. Luego de un par de páginas en las que se informaba con gran despliegue sobre los últimos acontecimientos en relación con los indignados (me refiero a aquellos del llamado movimiento 15-M), la página que cerraba el cuadernillo estaba dedicada en su totalidad a la subasta del vestido que llevaba Marilyn Monroe en aquella escena inolvidable de la película La tentación vive arribe, que se levanta al pasar sobre una rejilla de ventilación en las calles de Manhattan y deja ver esas piernas que a tantos desvelaban.

    ¿Saben en cuánto se subastó finalmente el vestido? En 4,6 millones de dólares.

    No sé a ustedes, pero a mí esa noticia me produjo indignación. Indignación, sí, como la de aquellos que protagonizaban las noticias de unas páginas atrás, y que reclaman, en últimas, un sistema menos desigual, un mundo más justo.

    ¿Quién quiere pagar una suma tan absurda por ese vestido? Seguramente alguno de los que han entrado en la competencia desaforada de los que más tienen, de los que más pueden derrochar. Es un trofeo que exhibirán para la envidia de sus competidores. Y que moverá a otros a actos tan absurdos y desmesurados como ese: es una peligrosa y desalmada carrera en la que todo se vale.

    ¿Quién puede pagar esa suma? Probablemente alguno de esos banqueros o de esos políticos o de esos contratistas que poco a poco -exhibiendo utilidades astronómicas mientras los demás, como el coronel de Gabo, comen mierda- han ido despertando la indignación de muchos que ahora han decidido levantar la mano.
Seguía pensando en Marilyn y en los indignados cuando aterrizó el avión que me llevaba, y el periódico quedó en el bolsillo del asiento delantero. Pero aquellas contradicciones se quedaron dando vueltas en mi cabeza.

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