Lo primero es comer

Lo primero es comer

Soplan malos tiempos alimentarios en el mundo entero.

18 de junio 2011 , 07:51 p.m.

Tras anotarse un histórico éxito con la aprobación de la ley de víctimas y reparación de tierras -en lo cual cabe destacar el trabajo serio y eficaz del Congreso-, el gobierno de Juan Manuel Santos debe enfrentar el problema más vergonzoso de Colombia: la pobreza, que trae a una enorme porción de compatriotas desnutrición, desigualdad, atraso educativo, marginación y, en suma, condiciones inhumanas.

Lo primero es comer. Más de 3,5 millones de colombianos no solo completan las tres comidas diarias unas pocas veces por semana; uno de cada de cinco bebés pobres padece retardo de crecimiento desde antes de nacer; 300 menores de edad mueren cada semana por desnutrición (Universidad Nacional, 2009); la obesidad entre niños de 5 a 17 años, síntoma de mala nutrición, aumentó 26 por ciento en el último lustro (Encuesta Nacional de Demografía y Salud, 2010).

Estas cifras muestran que el factor comida sigue siendo uno de los más agudos de Colombia, solo que sus víctimas no salen en la prensa ni existe una Andi de desnutridos que pueda presionar en pro de sus derechos. Lo más grave es que, de acuerdo con las entidades que manejan las cuestiones mundiales de comida, se avecina una crisis de escasez y carestía de alimentos.

Recientes estudios muestran que se han hecho esfuerzos por combatir el hambre. En el último quinquenio bajaron 37 por ciento los índices de desnutrición, pero Colombia es el quinto de los diez países con más hambre en el mundo, según la FAO (2011). Todo indica que no cumplirá en el 2015 la meta de reducir el hambre a la mitad que se fijó hace 20 años.

El último siglo marca un progreso casi continuo pero insuficiente en la nutrición de los colombianos. Una manera de medirlo es la estatura. Estudios de Antonio Ordóñez y Doris Polanía (1991) y Adolfo Meisel y Margarita Vega (2004), basados en las cédulas de ciudadanía, muestran que en el último siglo las mujeres crecieron, en promedio, 9 centímetros y los varones, 8. En 1910, el colombiano medía 163,5 cm y la colombiana, 150,8. Hoy miden, respectivamente, 171,4 y 159,6.

Los períodos de hambre y pobreza extremas se pagan caros incluso en la talla. Los nacidos durante las crisis sociales, económicas y políticas de 1957 a 1960 y de 1970 a 1975 midieron menos que los del lustro anterior. La pobreza también incide en la mala salud, el mal rendimiento en los estudios y el trabajo y hasta en la capacidad de engendrar hijos sanos.

Soplan malos tiempos alimentarios en el mundo entero. Lo logrado en veinte años puede desmoronarse en uno. Así ocurrió en el 2008, cuando el precio de la comida hundió en la miseria (por debajo de 1,25 dólares de ingreso diario) a millones de personas y propició protestas callejeras, inseguridad e inestabilidad social. Hoy volvimos a los precios de hace tres años. Las causas son varias: la mayor demanda de comida en China, India y otros países; el abandono del campo y de los progresos agrícolas; la destinación de maíz y otros cereales a producir combustibles; los desestimulantes precios bajos; el calentamiento climático y los desastres naturales. Colombia, por ejemplo, tardará años en recuperar las cosechas que perdió bajo las aguas invernales.

Estamos en crisis, y parece remota e ingenua la esperanza de que la ciencia invente una nueva revolución verde, como hace medio siglo. "La era de la comida barata llegó a su fin", augura de manera apocalíptica The Economist. "El alza de precios echa atrás varias décadas de lucha contra el hambre -informa Justin Gillis en The New York Times-. Cálculos del Banco Mundial señalan que al menos 100 millones de personas fueron empujadas hacia la pobreza extrema."

Cientos de miles de ellas son colombianas. En su discurso de posesión, Juan Manuel Santos prometió que no defraudaría a los pobres. La tarea no es solo suya, sino de todos. Nunca tendremos un país pacífico y democrático si no derrotamos la pobreza y la desigualdad.

ESQUIRLAS. La alcaldía de Clara López en Bogotá es justo premio a su carrera, no siempre reconocida.

cambalache@mail.ddnet.es

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