¿Estamos en manos de un tahúr?

¿Estamos en manos de un tahúr?

04 de junio 2011 , 08:04 p.m.

Uno de los rasgos de Juan Manuel Santos que más reconoce la prensa es que se trata de un consumado jugador de póquer. Así lo destacan, por ejemplo, el semanario francés Le Point, que en un titular lo llama 'Jugador de póquer y hombre de grandes retos', y El País, de España, en una entrevista con Plinio Mendoza ("Es un gran jugador de póquer y esa habilidad la traslada a la política"). Por supuesto, no hay medio de información nacional que no destaque este faceta. EL TIEMPO dice que "es muy bueno repartiendo juego"; Dinero afirma que "casi siempre deja 'pelados' a sus oponentes", y RCN entrevistó a un jugador profesional que elogió al póquer "como práctica que permite conocer las emociones y a los demás".

Hasta las Farc se ocupan de la afición presidencial por este juego de naipes, mezcla de suerte y habilidad, donde a veces se sortean fortunas. "La realidad nacional no es un juego de póquer donde la oligarquía, contagiada de la mentalidad de tahúr del Presidente, retoza con ases bajo la manga con cartas marcadas". Así escribió hace tres meses "desde las montañas de Colombia" un jefe guerrillero. El propio Santos acepta que le gusta el póquer y que su ejercicio permite calcular riesgos, aprovechar ocasiones y valorar las manos de los rivales.

El asunto es si la destreza para el juego obra a favor o en contra de un gobernante. Quizás con el póquer ocurra lo que dice el filósofo brasileño Milhor Fernandes: "El ajedrez es un juego que desarrolla la inteligencia para jugar ajedrez". A lo mejor el póquer desarrolla el talento para jugar al póquer, pero no para vivir mejor o gobernar con más acierto.

A muchos les atrae que el jefe del Estado se comporte con la audacia que es admirable en una mesa de casino. No falta, incluso, quien atribuye a sus dotes ciertas apuestas positivas, sobre todo en materia internacional. A mí, personalmente, me asustan un poco los jugadores avezados. Pienso que cualquier padre de familia sufriría un infarto si el hijo le confesara que piensa dedicarse al póquer, o si una hija tiene amores con un "gambler" profesional.

Como no domino la sicología ni la estrategia del póquer, soy incapaz de decir qué decisiones de Santos pueden haber obedecido a su instinto de jugador. Pero hay una reciente que solo puede ser fruto de las típicas lucubraciones complejas del apostador, y es el nombramiento del nuevo embajador en Venezuela, Carlos Cure, un ejecutivo brillante, pero sin experiencia alguna en cuestiones de diplomacia, arte que no solo exige la inteligencia que le sobra a Cure, sino experiencia y preparación profesional. La más probable explicación es que lo designó porque, según dicen, Cure es el único jugador de póquer capaz de vencer a Santos.

Los colombianos -que somos, ni más ni menos, el botín de la apuesta- confiamos en que manejarán bien las cartas.

Centroamérica, zona narco

El clamor contra el modelo represivo de lucha antinarcóticos subió esta semana de volumen. Los 19 miembros de la Comisión Global para la Política contra la Droga, entre los que se encuentran el ex secretario de la ONU Kofi Annan, el ex secretario de Estado gringo George Schultz y cinco ex presidentes, emitieron una declaración tajante donde dicen: "La guerra contra las drogas ha fracasado, con consecuencias devastadoras para personas y países en todo el mundo". Su remedio es el que desde hace años ofrecen muchos enemigos de esta plaga: buscar modelos de legalización de la marihuana y otras sustancias.

El gobierno colombiano debe aprovechar la ocasión para promover, junto con otros, un giro en la política represiva. La droga ilegal genera una violencia y una corrupción que en nuestro país alimentan a guerrilleros, paramilitares y narcos; en México ha dejado 28.000 muertos en cuatro años, y ahora azota a Centroamérica, al punto de convertirla en la región con mayor índice de asesinatos del mundo. Mucha atención, porque San Andrés está cerca de allí, y Colombia podría padecer el efecto bumerán.

cambalache@mail.ddnet.es

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